FICHA TÉCNICA



Notas Semblanza del torero Manuel Capetillo y comentarios de su presentación como cantante charro en el teatro Follies

Referencia Armando de Maria y Campos, “Debut del matador de toros Manuel Capetillo como charro cantor en un teatro de barriada”, en Novedades, 10 agosto 1954.




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Novedades

Columna El Teatro

Debut del matador de toros Manuel Capetillo como charro cantor en un teatro de barriada

Armando de Maria y Campos

Al frente de su cuadrilla de mariachis, toda vestida de negro y plata, el matador de toros jalisciense, Manuel Capetillo, enfundado en rico traje nacional gris perla con bordados de plata, jarano blanco también bordado con plata, hizo el paseíllo en medio de sonora ovación de bienvenida cruzando con paso firme, sereno y sonriente, colgado a los hombros como manto un sarape color sangre con dibujos negros, la pasarela del teatro Follies –en pleno corazón de la barriada– hasta llegar al escenario, ocupado por tiples, bailarinas y dos caricatos –Fernando y Roberto Soto, vestidos en caricatura, a la usanza sevillana de fines del siglo XIX antes de lo de Cuba–. Los mariachis –once: guitarras, violines, bandolones– formaron media luna en torno al matador de toros que se presentaba por primera vez en un escenario como charro cantor, y Manuel Capetillo empezó a cantar, con voz firme, clara de tenor –no se puede calcular su extensión, ni su afinación, porque el micrófono amplifica y desvirtúa cuanto en él es vertido–: "Canto al pie de tu ventana...", canción de sabor y oriundez tapatía. Manuel Capetillo, matador de toros con alternativa en México y antigüedad de 1949, pero "nuevo en los teatros" iniciaba así con éxito de público, su carrera de cancionero, sin abandonar, por ello, la de torero, ya que está anunciado para despachar toros de Tlaxcala, en Huamantla, en corrida de feria, el 15 del presente.

Como Capetillo es "nuevo en el teatro", habrá que decir quién es en los toros. Nació en Guadalajara, en abril de 1926. Su padre era hacendado, propietario de la hacienda Buenavista, situada entre Atequiza y Chapala. Ya comprenderá el lector que en esa hacienda Capetillo principió a ponerse frente a los toros, mejor dicho, a torear becerras. Quedó huérfano a los catorce años, pero a los dieciséis ya está en la hacienda La Esperanza trabajando en labores de campo, y como la finca tiene su punta de ganado semibravo, también torea. Ve torear a Chucho Solórzano y a El Soldado; estudia, analiza el modo de hacer el toreo de estos notables lidiadores y aspira a emularlos.

Logra salir como "sobresaliente de espada", al lado de Luis Solano y Fernando López, en Guadalajara, el 9 de noviembre de 1947; y como se le deja hacer un "quite", lo hace por gaoneras, se revela torero, y al domingo siguiente lo ponen de matador; torea doce novilladas seguidas; muestras su clase con el capote, apunta dominio con la muleta y no convence con el estoque. El ruido que arma en Guadalajara llega a México, y lo sacan a torear en la "México", al lado de Fernando López y del Chato Mora; esto en 1948. Se impone su buena clase de torero, se le disculpa que no mate bien, y llega a torear ocho novilladas, cortando orejas y en una de ellas le hace una gran faena al toro "Naviero" de Zotoluca. A nadie se le ocurre decir que Capetillo "siente" el toreo como una canción ranchera; sin embargo, así es. Cuando muletea, parece cantar por lo bajito. Como algunos toreros andaluces. Al finalizar el año toma la alternativa en Querétaro, siendo gravemente herido. No se duele al castigo, y cuando confirma su alternativa en México, en nuestro máximo coliseo, el 23 de enero de 1949; le cuaja una buena faena a "Muñeco", uno de sus toros, naturalmente. Sin embargo, su labor en general resulta discreta como matador de toros, entre otras razones, porque no mata bien. Ya se sabe que al torero "que no hace la cruz al matar se lo lleva el diablo"..., o la radio.

Fue a torear a España en 1952 –¿o sería en 1953?– y toreó con fortuna varia. En la plaza de Sevilla un toro andaluz le hirió de cierta gravedad. Volvió a México a seguir toreando, y en la tarde de su presentación en el coso de Insurgentes, le dio el sol de cara. Al toro "Fistol", de Zotoluca, le cuajó enorme faena, que remató con una gran estocada. Como dato curioso hay que recordar que al concluir esta faena, el público se echó gradas abajo al ruedo, izó en hombros al tapatío y con él en ese trono de los ídolos del pueblo, dio la vuelta al ruedo, a pesar de que la corrida no había terminado.

De pronto se anuncia que Manuel Capetillo se presentará como cancionista profesional en un programa de radio, "Así es mi tierra", en la XEW, y que también actuará en la pista del centro nocturno Versalles, cantando canciones mexicanas. Su éxito es de sorpresa porque en él hay un buen cancionista, y de estimación, porque aún no le halla sitio a su nueva profesión. El sábado 7 de agosto debutó en el teatro Follies como número "estrella" de la revista "Charro, torero y cantor", al lado de Columba Domínguez y María Alejandra; de Sofía Alvarez, de Araceli; del trío femenino Arco Iris, y del trío masculino Los Calaveras; de Palillo y Mantequilla. Y no hizo dasairado papel, al revés, se le oyó con interés y simpatía, cayó de pie, y se le aplaudió con calor. Capetillo pisa las tablas con la misma desenvoltura que la arena del tauródromo.

Su primera canción acompañado por el mariachi México, fue el corrido Siete leguas. la segunda que entonó el torero y cancionista fue la de moda Paloma currucucú, de Tomasito Méndez, y la tercera –las tres coreadas con ovaciones– Camino de Guanajuato de Rubén Fuentes del Castillo; en la primera y en la tercera usó el falsete característico de este género, coreado por los mariachis y el coro de la compañía. En Paloma currucucú, quienes manejaban el volumen del sonido lo hicieron aparecer cantando "a toda voz", y se perdieron los matices sentimentales de la linda canción en boga.

Se despojó Capetillo del sarape, es decir, cambió el tercio, y ya con la orquesta como fondo de los mariachis cantó el son huasteco Que voy a hacer... en dúo primero con la preciosa y fina Columba Domínguez y después con la temperamental María Alejandra, de cálida presencia. Terminó la actuación de Manuel Capetillo con un digamos concertante final del son huasteco, interviniendo las cancionistas y el coro general, mientras el cuerpo de baile trajeado a la usanza andaluza convencional, apuntaba pasos de jarabe tapatío. Manuel Capetillo agradecía la ovación jarano en alto y dejando que se viera cintilante esclava de oro en la diestra que en tardes taurinas empuña el tauricida estoque toledano.

Huérfano, joven y ambicioso, Manuel Capetillo eligió la profesión de torero porque –como dijo Espartero– "más cornás da el hambre", y ahora la alterna con la de cancionista con mariachis, porque muchas menos "cornás" da la canción ranchera cántela en la radio, en el cabaré o en el frívolo tabladillo de la faena musical...