FICHA TÉCNICA



Título obra La visita

Notas de Título Der Besuch der alten Dame (título en el idioma original)

Autoría Friedrich Dürrenmatt

Notas de autoría Fernando Wagner / traducción; Salvador Novo / adaptación

Dirección Fernando Wagner

Notas de dirección Celestino Gorostiza / dirección artística

Elenco Carlos López Moctezuma, Rosa Díaz Gimeno de Negrín, Mario Orea, Francisco Jambrina, Ángel Pineda

Escenografía Antonio López Mancera

Espacios teatrales Teatro del Palacio de Bellas Artes

Referencia Mara Reyes (seudónimo de Marcela del Río), “Diorama teatral”, en Diorama de la Cultura, supl. de Excélsior, 28 enero 1962, p. 2.




Título obra Muchacha de campo

Autoría Clifford Odets

Notas de autoría Arenas y León / traducción

Dirección Dimitrios Sarras

Elenco Miguel Córcega, Sergio Bustamante, Bárbara Gil, Eduardo MacGregor, Alberto Galán, Leopoldo Benítez, Blanca Sánchez

Escenografía Julio Prieto

Espacios teatrales Teatro Ofelia (antes Basurto)

Referencia Mara Reyes (seudónimo de Marcela del Río), “Diorama teatral”, en Diorama de la Cultura, supl. de Excélsior, 28 enero 1962, p. 2.




Título obra Cada quien su vida

Autoría Luis G. Basurto

Grupos y compañías Teatro de México en América

Espacios teatrales Anfiteatro Municipal de Río de la Plata, Argentina

Notas Reproducción parcial de reseñas del montaje de Cada quien su vida, en Argentina, a petición de Luis G. Basurto

Referencia Mara Reyes (seudónimo de Marcela del Río), “Diorama teatral”, en Diorama de la Cultura, supl. de Excélsior, 28 enero 1962, p. 2.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

Diorama de la Cultura, Excélsior

Columna Diorama Teatral

[La visita, Muchacha de campo]

Mara Reyes

La visita. Palacio de las Bellas Artes, (Der Besuch deralten Dame). (La visita de la vieja dama). Autor, Friedrich Dürrenmatt. Traducción y dirección, Fernando Wagner. Adaptación, Salvador Novo. Escenografía, Antonio López Mancera. Dirección artística, Celestino Gorostiza. Reparto: Carlos López Moctezuma, Rosa Díaz Gimeno, Mario Orea, Francisco Jambrina, etc.

“En un tiempo en que (a pesar de la inmensidad de conflictos e infortunios, de plena y verdadera tragedia en casi todas las familias alemanas) no pudimos presentar un mensaje poético de valor universal, dos jóvenes autores dramáticos de Suiza, Max Frisch y Friedrich Dürrenmatt, vinieron, por decirlo así, a remediarnos en nuestra penuria”. Así habla Hans Braun en su libro El teatro en Alemania, al referirse al desenvolvimiento del teatro alemán de posguerra y a las obras de Dürrenmatt: El matrimonio del Sr. Mississippi, La visita de la vieja dama y Un ángel va a Babilonia.

Es la justicia y la dignidad humana las que están en juego en esta obra. ¿Son ellas susceptibles de ser compradas? Ante el “becerro de oro” declinan todos los principios humanos, denuncia el autor. ¿Nihilismo? ¿Protesta? El autor nos muestra sus observaciones: la lucha interior del hombre por no venderse, para terminar en encontrar una justificación lo suficientemente sofística como para que lo libre de la culpa de haberse dejado comprar.

Dürrenmatt usa como palanca para desencadenar la venganza de la vieja dama un hecho que en nuestro diario vivir se ve con trivialidad: un hombre que después de tener relaciones con una joven, al saber que ésta tendrá un hijo se libra de la responsabilidad para con ella calumniándola, y la abandona para casarse con una mujer que representa para él una ventaja económica.

Cualquiera puede haber sido el protagonista de este suceso, o sea, a cualquiera puede un día presentársele una “vieja dama” que compre a la justicia, pida su vida y todos los que le rodean –su esposa misma y sus hijos– estarán prestos a entregarlo a cambio de unos zapatos nuevos, una botella de coñac o una comida suculenta.

Una obra de envergadura, tanto por el contenido filosófico, el tratamiento que da el autor a la tragedia, el lenguaje –esencial, vital, conciso y directo– como por la fuerza dramática y eminentemente teatral que emociona al espectador ante esa presentación cruda del proceder humano en la sociedad en que vivimos, y en la que el dinero, no es ya sólo una necesidad, sino un dios todopoderoso.

Es de lamentarse que a pesar de todo el esfuerzo que denota la puesta en escena de esta obra, a pesar de la admirable traducción y adaptación, de la escenografía sugerente, servidora del autor –y funcional–, y de actuaciones más que dignas, como las de Mario Orea, Jambrina, etc., el resultado no haya sido todo lo bueno que hubiera sido de desear.

La falla fundamental estuvo en el hecho de que Rosita Díaz Gimeno, a quien se le reconoció su mérito en La casa de té de la luna de agosto, no pudo con el papel. No hubo en ella ni emoción, ni proyección. ¿Creía realmente en lo que estaba diciendo? ¿Sabía lo que ella representaba en la obra? El caso de Carlos López Moctezuma es distinto, si bien el papel le quedó grande, se veía ciertamente una mayor identificación de él con su personaje. Desgraciadamente le faltó la fuerza a su actuación en los dos últimos actos.

Fernando Wagner, con todo su empeño, no logró imprimir a su montaje todo el vigor que la obra requería. El ritmo, demasiado lento mataba la angustia en vez de provocarla. No es una obra en la que el público deba ir descubriendo la anécdota. No, como en la tragedia clásica, el espectador sabe cuál será el desenlace, lo importante debe ser “sentir” cada hecho que va ocurriendo, emocionarse ante el “cómo” se desarrolla la trama y no con el simple conocimiento de ésta.

A escenas como aquella en la que III quiere tomar el tren para huir y salvar así su vida –que deben producir una tensión en el espectador– o como la del momento en que va él a la iglesia a pedir protección, al tiempo que en la calle se lleva a cabo la cacería de la pantera –representación simbólica de la “caza del hombre”– les faltó dramatismo. Los aciertos en la dirección –los hubo especialmente en el primer acto– quedaron como cuentas perdidas después de reventar el hilo de un collar.

Es digno de mención el que Wagner haya utilizado a actores egresados de la Escuela de Arte Teatral del INBA, como Ángel Pineda y otros, quienes estuvieron muy a la altura de las circunstancias.

Muchacha de campo. Teatro Ofelia (antes Basurto). Autor, Clifford Odets. Traducción, Arenas y León. Dirección, Dimitrios Sarrás. Escenografía, Julio Prieto. Reparto: Miguel Córcega, Sergio Bustamante, Bárbara Gil, Eduardo MacGregor, Alberto Galán, Leopoldo Benítez y Blanca Sánchez.

Muy digna presentación ha sido esta Muchacha de campo, de Clifford Odets, autor que se caracteriza por la profundidad con que traza sus personajes, los cuales jamás caen en incongruencias, sino que son eminentemente humanos.

No se ve en esta obra la tesis y el mensaje que en Esperando al zurdo, sino el conflicto de caracteres, moviéndose en las intrincadas ramas del ambiente teatral estadunidense –especialmente neoyorquino.

Apunta el autor el choque entre la calidad humana y los capitales invertidos que están en juego, para derivar después definitivamente al conflicto íntimo del hombre –un alcohólico– consigo mismo, para superarse.

Las actuaciones de Miguel Córcega –nos congratulamos de que vuelve al teatro dramático para el que tiene una gran capacidad–, Bárbara Gil –posiblemente en la mejor actuación de su carrera– y Sergio Bustamante –actor de ya reconocidos méritos–, pueden calificarse de excelentes.

El resto de los actores, en papeles de menor lucimiento: Eduardo MacGregor, Leopoldo Benítez y Blanca Sánchez, correctísimos también.

Fluida, viva, realista, ritmo exacto, espontánea y vigorosa fue la dirección de Dimitrios Sarrás, que nos convenció mucho más que en La rosa tatuada. Sencilla, la escenografía de Julio Prieto.

Buen teatro.

Un recado

“Luis G. Basurto saluda atentamente a la señora Del Río, esperando de su honestidad profesional reproduzca estas críticas bonaerenses, en las mismas columnas en que se ha servido atacar a Teatro de México en América. Y aprovecha la ocasión para desearle un feliz 1962”.

Críticas bonaerenses

Música

(La Razón, Dic. 23-l961)

Teatro de México ha reaparecido con un colorido espectáculo.

En el anfiteatro municipal Río de la Plata ha reaparecido el Teatro de México con un espectáculo colorido, de sugestivo ambiente: Cada quien su vida, de Luis G. Basurto. El ámbito en que la acción se desarrolla, un cabaret, la noche en que finaliza el año, ha permitido el despliegue de elementos accesorios: extras, bailarines, orquesta típica, canciones, etc., que contribuyen a animar el medio nocturno y cambiante de ese lugar de diversión mexicano, fijado en el amplio tablado con poderosa fuerza visual por la pericia directiva de Fernando Wagner y la calidad escenográfica de Saulo Benavente, quien ha resuelto con habilidad e inteligencia los distintos planos de la obra y su sentido funcional. Los personajes, aun dentro del matiz ligeramente local con que se los señala, son los mismos de toda ciudad civilizada que busca en las mujeres equívocas y el alcohol una pausa ficticia a la frustración, el dolor o la vida gris y borrosa del hogar cargado de hijos y de estrechez económica. El clima de vicio, de desaprensión, de olvido en que se mueven las modernas sacerdotisas del pecado es solamente la aparente máscara alegre tras la cual ocultan su tragedia individual varias de ellas: la enferma incurable, el otoño fatal, el amor imposible, etc.

Real y violenta

(Crítica, Dic.23 de 1961).

Una ráfaga de violento realismo teatral se ha extendido por el ámbito del Anfiteatro Río de la Plata con la presentación de la compañía Teatro de México en América, animando la versión de la pieza de Luis G. Basurto, titulada Cada quien su vida. Realismo en la concepción literaria, realismo en la observación de un ambiente y en su reproducción, realismo en la ejecución escénica a través de una dirección identificada con los efectos necesarios a la más exacta expresión de la obra.

Ha querido, sin duda, Luis G. Basurto, con su obra, pintar el medio en toda su crudeza, tomar a las mujeres y los hombres que lo habitan y radiografiarlos en sus debilidades y también en sus fortalezas, analizar cómo, debajo de ciertas epidermis en apariencia indiferentes, palpitan unos sentimientos y unas pasiones no siempre innobles. Ha ido el autor por las calles, ha mirado y visto a quienes transitan por ellas y luego se ha internado en un sitio de diversión, para hacer de ese pequeño mundo la representación de algo mayor y más alto. Cada cual muestra de ese modo su vida, la presente, como aspiración de un futuro o como consecuencia de un pasado, viene a decir el autor, pero, también, cada quien tiene derecho a vivirla como le venga en gana, según criterio del personaje gravitante de Siempreviva, en su diálogo final con La Tacón, etc.

Aplaudióse a Cada quien su vida

(Noticias Gráficas, Dic. 23-1961. Varias Horas de la Vida Nocturna del Pueblo Mexicano).

En un típico cabaret de ínfima categoría, ubicado en las afueras de la capital azteca de hoy, el comediógrafo ha ido en busca de personajes como los que sorprendió íntimamente el poeta: “Hoy tengo alegre la tristeza y triste el vino...” Allí se han dado cita, sin acuerdo previo, llevados por una ineludible obligación, por una imperiosa necesidad o por un mero deseo de olvidar, seres heterogéneos, que cierta noche de un 31 de diciembre se aprestan a despedir la carga pesada de un año más...

El autor recorre las mesas como el galeno las camas de un hospital y va presentando al público uno a uno los casos patológicos que hieren su cultivada sensibilidad: la mujer envejecida en el vicio; el político, que a la hora en que las brujas abandonan el aquelarre, él ha de confesar también lo falso de su postura demagógica; el muchacho atormentado por el “mal de juventud”; la “contratada”, que sueña con un gran amor con formas físicas de hijo; el explotador de mujeres; la bailarina que sueña en medio del humo de los cigarrillos y de los vahos alcohólicos, y el profesor –a nuestro juicio el personaje de más personalidad propia y el más humano de la comedia– que invariablemente todos los años, como si cumpliese una promesa juramentada, acude la víspera del primer día del año nuevo para vivir unas hora de placer y a su gusto...

Etc...

Señor Luis G. Basurto:

Siento profundamente no haber podido reproducir las críticas integras, dada su extensa longitud y el breve espacio de que se dispone en el Diorama de la Cultura. Agradezco a usted su felicitación de año nuevo, y le deseo sinceramente que tenga éxito en su gira. –M. R.