FICHA TÉCNICA



Título obra Macbeth

Autoría William Shakespeare

Notas Comentarios sobre las representaciones y traducciones de Shakespeare en México

Referencia Armando de Maria y Campos, “En vísperas de Macbeth. La familiaridad de Shakespeare en México. II”, en Novedades, 6 agosto 1954.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Novedades

Columna El Teatro

En vísperas de Macbeth. La familiaridad de Shakespeare en México. II

Armando de Maria y Campos

La obra de William Shakespeare es familiar a los mexicanos. Curioso sería el ensayo que se escribiera sobre las representaciones de sus obras entre nosotros y los comentarios que su obra genial ha merecido a nuestros más ilustres escritores y cronistas. En vísperas de que suba a la escena de nuestro máximo coliseo Macbeth, es oportuno hablar de Shakespeare en los teatros, en los periódicos y en libros mexicanos.

El nuevo México, el que se encuentra a sí mismo después de la caída del régimen imperialista que encabezó Maximiliano de Habsburgo, empieza meses después de la tragedia de Querétaro. De aquellos sucesos se registran en las letras patrias con sentido propio y proyección universal. En crónicas de teatro que escribía Ignacio Manuel Altamirano se halla la presencia de Shakespeare, y en la que publicó precisamente en 10 de marzo de 1868 hablando de Otelo y Hamlet y de Volpone, también representado en México. Alfredo Bablot, mexicano aunque no nacido en México, publicó en El Federalista en abril de 1872 un magnífico ensayo sobre la obra de Shakespeare que se representó en el teatro Principal de la ciudad de México, la imitación que el autor español Coello hizo de Hamlet habiendo Enrique Guasp interpretado al héroe. Otra bella y conmovida crónica sobre este autor inglés se halla en El Partido Liberal del 12 de junio de 1891, escrita por Manuel Gutiérrez Nájera. El egregio poeta potosino Manuel José Othón dio a conocer en la Revista de México en 1891, fragmentos de un arreglo de Macbeth para la escena española (o mexicana) que, por cierto no llegó a representarse. Rafael López tradujo en 1914 la Cleopatra, previamente traducida al francés por Anatole France, y en 1921 Alfonso Reyes dio a conocer su ensayo De Shakespeare considerado como un fantasma. En 1949 Carlos González Peña estuvo en la tierra de este poeta y publicó en El Universal el 15 de diciembre de ese mismo año, jugosas y emocionadas impresiones de su visita a aquel santo lugar, precisamente en los momentos en que la temporada shakespeariana presentaba Mucho ruido para nada. Quiero traer a esta crónica algún párrafo de la admirable que González Peña publicó en el diario donde colabora: "Ni por dentro ni por fuera advertimos en este teatro grandiosidad ni boato. Ni nada relevante más que el estar consagrado exclusivamente a Shakespeare en un edificio moderno de cemento armado, con dos galerías superiores que dan al río. El vestíbulo, al que se entra por la parte opuesta, tiene las habituales taquillas. La sala no es muy espaciosa, decorada de rojo, ausencia de palcos, cómodas butacas. No creo que, aparte nosotros, hubiera allí extranjeros. El público en su totalidad era inglés". González Peña vio representar Mucho ruido y pocas nueces o como él expresa: Mucho ruido para nada.

La primera representación de Shakespeare de que tengo memoria precisa fue la que Emilio Thuillier nos ofreció en el teatro Arbeu de Otelo haciendo el papel de Yago, fue en 1904. Otra manifestación shakespereana reciente (1953) ligada con la creación española es la de No es cordero que es cordera, paráfrasis de Twelfth night de León Felipe. Y recientemente (1948) como quien dice ayer, se representó en el Palacio de las Bellas Artes Romeo y Julieta que dirigió el poeta y crítico Xavier Villaurrutia, estilizando la traducción de Luis Astrana Marín. A seguida (1949) el director japonés Seki Sano presentó en el teatro Esperanza Iris una versión escénica de La fierecilla domada, utilizando la misma traducción que hiciera Astrana Marín e introduciendo un personaje de la Commedia dell'Arte, Arlechino, que Shakespeare consideró necesario para su comedia. Es justo recordar ahora que he mencionado la representación de Romeo y Julieta, que el poeta romántico nuestro Manuel M. Flores, tradujo a fines del siglo XIX, por cierto exuberante de inspiración, fragmentos de esa patética tragedia de amor. Finalmente durante memorable temporada de teatro universal organizada por el poeta y ensayista, autor y director teatral Salvador Novo en 1949, subió a nuestro Bellas Artes Sueño de una noche de verano, bajo la dirección del actor y director francés André Moreau.

El culto a Shakespeare entre los mexicanos no se extingue. Un notable escritor poblano, autor también, de los más fecundos y responsables aunque todavía inédito en la escena, don Eduardo San Martín, traduce actualmente los sonetos de Shakespeare. Shakespeare Quaterly, publicado por The Shakespeare Association of America Inc., ha recogido en su número de 1948 el soneto 71. Esta es la fiel y bellísima traducción:

No tea aflijas por mí cuando yo muera,
Y suene el doble en tono dolorido,
Anunciado que al cabo ya he partido
Del mundo en que el gusano prolifera.

Si estas líneas tu vista recorriera,
sepulta al que trazólas en olvido,
Porque es mi amor de "leyes" tan subido,
Que ensombrecer tu frente no quisiera.

Si estos versos alumbra tu mirada
Cuando al polvo me encuentre incorporado,
No repitas mi nombre acongojada;

Cese tu amor con la postrer palada,
No sea que el mundo, de saber sobrado,
Te burle por mi vida liquidada.

También ha traducido don Eduardo el soneto 148. Probablemente aparecerá en la misma colección citada. Como San Martín me ha hecho el precioso presente de comunicármelo, lo ofrezco a los lectores:

Alma envuelta en mi arcilla pecadora,
juguete de pasiones desbordadas,
¿Es posible que vivas en moradas
de apariencia feliz y acogedora?

Eres sólo precaria ocupadora
De casa con paredes agrietadas,
Por gusanos infectos socavadas
De insaciable avidez devoradora.

Derrocha tus potencias libremente,
Cambiando escoria por ensueños de oro,
A costa de este barro, tu sirviente.

Paga a la muerte anticipadamente,
Para que ésta, aumentando su tesoro,
Guarde tu sed indefinidamente.

¡Bienvenido Shakespeare a nuestro máximo coliseo!


Notas

* Una tercera parte de esta crónica se publicó el 17 de agosto de 1954.