FICHA TÉCNICA



Título obra Macbeth

Autoría William Shakespeare

Notas Comentarios sobre la obra Macbeth

Referencia Armando de Maria y Campos, “Sobre Macbeth, a propósito de su próxima representación en Bellas Artes”, en Novedades, 2 agosto 1954.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Novedades

Columna El Teatro

Sobre Macbeth, a propósito de su próxima representación en Bellas Artes. I

Armando de Maria y Campos

Macbeth y Banquo, dos nobles escoceses cruzan un bosque. Tres hadas o ninfas se presentan ante ellos y saludan al primero con las tan famosas predicciones: "¡Salud Macbeth, rey de Codon; (Cawdor) porque tu serás rey; pero no engendrarás reyes!". Macbeth sorprendido, pide aclaraciones, porque sabe que el "Thane" de Cawford vive en perfecta salud; pero las brujas, hadas o ninfas, que en nuestro concepto de todo tienen un poco, se desvanecen sin dar mayores explicaciones. (Acto I, escena III) Banquo, sin embargo, ha tenido tiempo de expresar su sorpresa: "¿Todo para Macbeth y nada para mí?"... "Salud a Banquo –responden los fantasmas–, que engendrará reyes, pero no será rey". Llegados a Duncan, rey de los escoceses en aquellos tiempos de Eduardo el Confesor, son acogidos con gran benevolencia, y alojados en el propio castillo real. Por consejos de Lady Macbeth, éste mata a Duncan durante una cena en la que se ven no pocos prodigios. El asesino, por ejemplo, se tiñe de sangre las manos y limpiárselas resulta imposible. Algo parecido le pasa a la reina que se ha preocupado por ocultar las dagas, "cuerpo del delito". Un hijo de Duncan huye a Inglaterra (se me pasaba decir que lo anterior pasa en Escocia) y el otro a Wales, para ponerse a salvo. Esta doble fuga engendra sospechas (avivadas naturalmente por Macbeth) sobre su complicidad en el crimen. Macbeth es coronado rey; pero a juicio de Banquo "sabe demasiado", procura liquidarlo de la manera más sumaria posible. Un segundo banquete se celebra la noche que sigue a este también segundo asesinato. Banquo había de concurrir a él, pero como su ausencia se hace notable, Macbeth se levanta a expresar sus deseos porque el "noble Banquo" estuviera allí. Aparece el espectador del invocado y se sienta en el propio asiento del usurpador. Al volverse éste a su asiento, es presa del mayor espanto y se le escapan palabras que son el rigor amplia confesión de sus crímenes. Esto basta para que el noble escocés Macduff vuele –por tierra, naturalmente– a Inglaterra, y haga que el refugiado, hijo de Duncan, levante la bandera de la rebeldía. Macbeth, sin embargo, entre tanto, "se hace tiempo" suficiente para mandar asesinar a la esposa de Macduff y a sus hijos. Se libra la batalla consiguiente. Macbeth es destronado y Macduff toma cumplida venganza de sus ofensas. Ya antes la reina, cómplice de Macbeth, en una escena de sonambulismo ha descubierto las fechorías de ambos –descubrimiento que en la ópera de Verdi da lugar a una hermosa romanza, por cierto cantada magistralmente en los teatros de ahora por la soprano teutónica Marta Modl.

He allí sintéticamente enunciado el argumento de la tragedia shakespeariana que algunos críticos (G.B. Harrison entre otros) consideran como inferior a otras del coloso de Stratford. Macbeth fue escrito probablemente hacia 1606, casi por los negros días de la ejecución del padre Garnet por su participación en la "conspiración de la pólvora" y representada en El Globo el 20 de abril de 1610, sábado según parece... Impreso en 1623, el texto ostenta cortes y alteraciones muy poco recomendables.

El argumento deriva de dos episodios de las Crónicas (cronicones se llamaban en la España del Siglo de Oro) de Holinshed: el primero es la historia de Macbeth; el segundo, con los detalles del asesinato de Duncan, es el relato del asesinato del rey Duff por Donald, que también fue alentado por una esposa ambiciosa. La historia de Macbeth fue casi íntegramente seguida en el drama. El incidente de las tres "brujas" pertenece a la crónica de Holinshed. Conforme a esta crónica, Macbeth reinó tranquilamente durante algunos años, hasta que empezó a cavilar sobre las palabras proféticas del terceto de brujas, sobre que el reino sería heredado por los herederos de Banquo, lo que le hizo pensar en la liquidación de la estirpe sucesora. Fleance, el hijo de Banquo, escapa del peligro y Macbeth se ve poseído de una sed de sangre tal que son pocos los nobles allegados suyos que escapan a la degollina. El largo pasaje entre Macbeth y Macduff sigue fielmente a la Crónica, porque Holinshed "taquigrafió" (diríamos ahora) buena parte de la conversación; pero la batalla final en la que Macbeth es muerto, ocurre no en Dunsinane (castillo); sino en campo abierto. Macduff persigue a Macbeth a lomo de caballo y lo alcanza. Tras iracundo diálogo, Macbeth es muerto.

El carácter de Macbeth es una mezcla de buenas y malas cualidades: nobleza y valor taradas por la ambición. Posee sobre todo una poderosa imaginación que le permite prever no solo el resultado de un acto, sino su significado esencial. La famosa escena III del primer acto termina con el presentimiento de que la profecía ha de cumplirse. Macbeth avizora la forma de este cumplimiento y queda horrorizado. Su lealtad y su ambición se encuentran casi balanceados hasta que tropieza con la perfidia de Lady Macbeth, que desprecia a su marido, pero que alienta una gran ambición por verlo convertido en rey. Muerto Duncan, el contraste entre marido y mujer se acrecienta. Macbeth siente el peso de su crimen; Lady Macbeth sólo se preocupa por lo que hay que hacer en seguida: de los hechos y nada más, carece de imaginación. El pasaje entre ambos que sigue al asesinato es una pieza maestra de "atmósfera" teatral. Se explotan en ella predominantemente tres ideas: sangre, agua y tinieblas. De allí en adelante, la pérfida cree que una poca de agua bastará a lavarlos del crimen. Macbeth está convencido de que todas las fuentes de Neptuno resultarán insuficientes para lograrlos. El asesinato es al fin descubierto, Malcolm y Donalbain escapan y la rueda del destino empieza a girar.

También el aspecto político ha merecido la atención de la crítica. Según parece, la obra fue escrita para representarse ante el rey Jaime I y el rey de Dinamarca, durante la visita de este último hizo a Londres en 1606. Shakespeare, cuya compañía era la oficial, creyó muy conveniente hacer referencia a algún episodio escocés relativo a los ascendientes del regio visitante. Exponer ideas políticas era, sin embargo, peligrosísimo en aquellos días y Shakespeare, que conocía perfectamente las desventuras políticas de su colega Ben Jonson, se limitó a enumerar las cualidades que debe tener un buen rey en la famosa "lista". Sin embargo, la teoría típicamente realista, de que al rey hay que adorarlo a pesar de sus defectos, es hermosísimamente rebatida cuando Malcolm se pinta asimismo como falto de toda virtud administrativa, y sin embargo, apto para gobernar. La réplica de Macduff (acto IV, escena IV) es, también, de hermosura sin par. Shakespeare halagó sin duda los odios del regio huésped, pero nada dijo que pugnara abiertamente con sus convicciones sobre la falsa teoría del gobierno de los Tudores.

Estas breves notas se harían interminables si fuéramos a tocar temas tan conexos con Macbeth, como sus más notables intérpretes, el movimiento escénico de la época elizabethiana, etc., etc. Contentémonos con hacer votos porque todas las dificultades artísticas que representa una obra de esta magnitud sean brillantemente vencidas por los encargados de hacerlo, en su próxima, inminente presentación por el INBA.


Notas

* La crónica sobre la puesta en escena se publicó el 22 de agosto de 1954.