FICHA TÉCNICA



Título obra Teatro

Autoría William Somerset

Dirección Earl Sennet

Elenco Blanca de Castejón, Julio Taboada, Freddy Fernández, Carolina Barret, Hécto Godoy, Beatriz Saavedra, Magda Donato, Héctor Mateos, Andréu Carlos

Escenografía Esteban Marco

Espacios teatrales Sala Molière

Productores Patronato del Teatro Internacional

Referencia Armando de Maria y Campos, “Nuevo triunfo de Blanca de Castejón como Julia Lambert en la sala Molière”, en Novedades, 17 julio 1954.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Novedades

Columna El Teatro

Nuevo triunfo de Blanca de Castejón como Julia Lambert en la sala Molière

Armando de Maria y Campos

El Patronato del Teatro Internacional –de reciente formación– presenta a Blanca de Castejón, eminente actriz y magnífica comediante, en la comedia Teatro de William Somerset Maugham, en la modesta sala Molière, tan poco propicia para que en su elemental, reducido escenario, puedan presentarse espectáculos que de verdad lo sean. Lo mismo ocurre, como se sabe y se quiere ignorar, con la sala Ródano, la del Seguro Social, la de la Federación de Sindicatos al Servicio del Estado, la flamante de la Casa del Arquitecto, la Arlequín, en las que se representa de todo, y todo, siempre que el público sea tolerante y acepte las puestas en escena convencionales a que obligan las deficiencias de nuestros teatros (sic) actuales, y que casi siempre orillan al fracaso cualquier obra, por simple y sencilla que se presente, y obligan a los escenógrafos a imaginar decorados sugerentes o sugeridores, imponen economía en atrezzo y utilería y, en general, llevan a todos a presentar las obras con un aire de improvisación,convencionalismo e inestabilidad desalentadores.

Viene a cuento todo esto porque la magnífica interpretación de Teatro por el grupo de actores que para representar la deliciosa novela-comedia de Somerset Maugham estuvo a punto de hundirse a causa de las dificultades que presenta el escenario de la Molière para cambios de escenarios, para amueblar una escena, para iluminar, para facilitar los más elementales movimientos de los actores. Empecemos por lo que el espectador ve al abrirse las cortinas: la sala de la casa de Julia Lambert y Miguel Goselyn. Obra de un arquitecto, desde luego y desde el principio. Parece que empieza a sonar la hora de los arquitectos. El arquitecto-escenógrafo en turno es don Esteban Marco, que construyó una sobria y bella saleta, amueblándola con el mejor gusto. No faltará quien diga que se trata de un "set" para cine. Puede ser. Pero es bello y muy propio. Para la segunda parte de la comedia no pudo construir el arquitecto Marco el "camerino" de Julia Lambert, y todo se arregló con cortinas, un sofá disfrazado y otros trastos que estorbaban los movimientos de las actrices, vestidas con ropa con crinolina de la época de Lola Montes. La verdad es que todo lo que al parecer era necesario acumular en la escena estorbó a los actores, que se sobrepusieron, sin embargo, a todo y estuvieron magníficos.

Mientras no contemos con escenarios propios –propios para hacer teatro– lo mejor será no vestir –con decorados corpóreos o no, con trastos, etcétera– la postura de las obras. Es preferible y más cómodo presentarlas desnudas. ¡Que luzca el arte de los actores! No olvidemos que: "de desnuda que está, brilla la estrella".

¿Qué estrella?, ser preguntará el lector. En este caso, Blanca de Castejón, sin duda por esta obra y aun sin esta obra, una de las mejores actrices de habla española, que toca con igual fortuna y genio la vena cómica que la dramática. No creo que haya sobre los escenarios del teatro internacional más de tres actrices de la flexibilidad de Blanca de Castejón. En la Julia Lambert, la difícil y complicada mujer que en todo momento está en actriz, se revela insuperable: es insustituible y roza las fronteras de la actuación genial. No hay frase, palabra, actitud espiritual, gesto o ademán, que no acuerde con su carácter de reacciones multifacéticas. La Julia Lambert de Blanca de Castejón se mete tan hondo, cala tan profundo en la personalidad de la Castejón que ésta ya no es ella, y durante dos horas vive –finge, ama y sufre– como la actriz que Somerset Maugham creó con retazos de muchas actrices que conoció, estudió y concretó en la protagonista de La otra comedia.

Parece que esté oyendo ahora a algún lector decir: "¿Pero, ¿cuándo va a dejar este hombre de prodigar elogios?" Todavía no. Esta reposición –porque Teatro se puso en la sala Latino en junio de 1949– tiene otro título para ocupar un puesto sobresaliente en la historia de la obra: la revelación consagradora de Blanca de Castejón, que siempre será una actriz de excepción en nuestra historia teatral por su Julia Lambert. Se trata de uno de los papeles más difíciles que se han concebido en la literatura dramática, requiriendo gracia, agilidad, súbitas transiciones, prestancia física y una voz que no ignore las inflexiones a que obligan las emociones más diversas. No es, por tanto, sorprendente que uno se pase largas temporadas sin presenciar la concurrencia de todas esas virtudes en una sola interpretación. Pero esta vez se ha visto realizado tal ideal artístico. Por eso el cronista echa al vuelo las campanas de su entusiasmo.

Si alguno de los actores no resultaron completamente satisfactorios –habida cuenta de la estatura de actriz de Blanca de Castejón–; si no tuvieron mayor comicidad que la contenida en sus divertidos papeles, no debe ser causa de queja. En la representación abundaron las notas favorables, y cuando se cerraron las cortinas y se encendieron las luces de la sala, yo hubiera querido poder prolongar el encanto de la noche y seguir, indiscreto, a Julia Lambert en su vida íntima de actriz que no deja de serlo nunca, ni ante las más hondas reacciones del amor y de la dicha.

Julio Taboada se mostró sobrio y estuvo muy seguro en el Miguel Goselyn, aunque no dio la edad –¿por maquillaje deficiente?– en el último acto. Freddy Fernández, debutante, a lo que creo, se desenvolvió muy fresco y hábil en el difícil y ágil Rogelio. Carolina Barret lució elegante y dentro de su personaje –Dolly de Vries–; el nuevo galán Héctor Godoy logró darle réplica muy estimable a Julia Lambert como Tom Fennel, y completaron con mucha discreción el cuadro de intérpretes Beatriz Saavedra como Avis Cricton; Magda Donato como Evie, y Héctor Mateos como Lord Charles –Mateos viene ascendiendo, pues en 1949 se encargó del Sergenat, que ahora hizo otro nuevo, Andréu Carlos.

La obra fue dirigida con claridad y sencillez por Earl Sennet, ya gran director, muy aplaudido.