FICHA TÉCNICA



Notas Comentarios del autor sobre dos cartas escritas por el poeta José Santos Chocano a María Teresa Montoya

Referencia Armando de Maria y Campos, “La Montoya y los poetas del sur”, en Novedades, 15 julio 1954.




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Referencia Electrónica

Novedades

Columna El Teatro

La Montoya y los poetas del sur

Armando de Maria y Campos

En uno de mis viajes a Monterrey, la reinera ciudad donde reside habitualmente la gran actriz María Tereza Montoya, vigilando cómo día a día se levanta el teatro que llevará su nombre, monumento que en vida le erigen sus contemporáneos aunque en lugar lejano al que vio la luz primera, alguien cuyo nombre no puedo revelar, pero sí puedo aclarar que se trata de un viejo aficionado al teatro y a sus cosas mínimas, me llevó a regalar un sobre conteniendo –me dijo– algunas reliquias de nuestra vida teatral. ¿Qué podía contener aquel sobre que confiaba a mi manía coleccionista un viejo actor?

Abrí el sobre y tuve ante mis ojos tarjetas "de visita" y renglones, en verso, autógrafos. Las tarjetas, dos, de José Santos Chocano, con sendos recados a María Tereza Montoya, un pliego de los llamados tamaño carta con un poema del propio poeta a nuestra comedianta, y otros con versos o poemitas de Juana de Ibarbourou y de Emilio Oribe, el gran poeta uruguayo que estuvo en México en ocasión del reciente Congreso de Academias de la Lengua. ¿Cómo llegaron a manos del viejo actor estas preciosas reliquias de nuestro mundo escénico? ¿Qué lamentable descuido de la ilustre artista permitió que hojas desprendidas del árbol de su fama fueran a quedar en manos ajenas, si no extrañas? Recogí tan rico presente en calidad de depósito, y ahora lo devuelvo a María Tereza y a su público, aventándolo al viento del diarismo, para que este periódico lo lleve hasta los innumerables rincones de la difusión merecida.

Las dos tarjetas del gran bardo peruano están fechadas en San Miguel –punto cercano a Lima– 1 de junio de 1928, una, y la otra en la propia Lima de los Reyes el 10 de junio del mismo mes y año. De su puño y letra Santos Chocano escribió: "Hasta última hora luché con una enfermedad traidora, por irla hoy a aplaudir. La mala suerte ha sido, al fin, más fuerte que mi vivo deseo. Pero en la fiebre misma que me excita y devora, brillar su nombre veo entre los de D'Annunzio y de Eleonora".

La otra tarjeta, también con un recado autógrafo de Santos Chocano, dice: "María Tereza: Perdóneme, pero estoy ya hace días luchando con una gripe bronquial muy seria que me retiene en cama con alta temperatura. Salúdeme a Rodríguez y tengan ambos muy buena suerte en todo. Haga Dios que nos veamos en Arequipa o en Buenos Aires. Su amigo affmo., José Santos Chocano".

María Tereza realizaba una gira que resultó triunfal por Sudamérica. Su presencia en los principales escenarios de Perú, Montevideo o Buenos Aires era recibida con júbilo por los públicos y correspondida por los poetas con versos. Santos Chocano fue amigo y cantor del arte de María Tereza. La amistad entre nuestra compatriota y el poeta de Alma América está revelada en las dos tarjetas autógrafas –a pesar de la fiebre que sufría el vate– a que me refiero y he copiado. Santos Chocano alude en una de ellas al gran actor gallego –hecho en México– Julio Rodríguez, compañero entrañable entonces de María Tereza. ¿Antes o después de esta gripe, Santos Chocano la vio representar Vestir al desnudo de Pirandello, y le inspiró un interesante poemita? ¡Que importa la fecha! Santos Chocano dedicó a María Tereza un puñado de versos, no recogidos en ninguno de sus libros que corren el peligro de perderse si no se les deja cautivos –por lo menos– entre las plecas columnarias de una efímera crónica periodística.

Este es el poema que José Santos Chocano dedicó en Lima a María Tereza Montoya:

Pirandello hoy me la mostró
en una casa de arrabal.
Estaba ella mal, muy mal;
¡pero qué bien me sentí yo!
Porque así pude comprender
que en América existe ya
un tipo super mujer
en la que reconcentrada está
el alma que hay en nuestros ríos,
en nuestras selvas, en los Andes...
(Siempre hay los rasgos más sombríos
en los espíritus más grandes)
Ella es el alma de mi América,
un aletazo de huracán...
Trágica, mágica, quimérica,
¡Una mujer hecha volcán!
Si la mirase Pirandello,
la exaltaría como yo:
¡Nube es que pasa por mi cielo
de la que un rayo me cayó!

Otro día recogeré en crónica hospitalaria los versos que a nuestra gran actriz dedicaron en su visita a Montevideo, Juana de Ibarbourou y Emilio Oribe.

Porque no deben perderse del todo, amiga mía...