FICHA TÉCNICA



Título obra Toda una dama

Autoría Luis G. Basurto

Elenco María Teresa Montoya, Prudencia Grifell, Luz María Núñez, Raúl Farell

Escenografía Roberto Galván

Referencia Armando de Maria y Campos, “Toda una dama de Luis G. Basurto”, en Novedades, 3 julio 1954.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Novedades

Columna El Teatro

Toda una dama de Luis G. Basurto

Armando de Maria y Campos

Pocos mexicanos conozco tan entregados al teatro como Luis G. Basurto, a quien trato y estimo desde que recién iniciado en la crónica teatral, primero en México al Día y después en Excélsior, escribió su primera pieza de teatro, por cierto a solicitud mía y destinada a robustecer un corto repertorio de comedias específicamente radiofónicas. Voz como sangre se llama esta pieza que trasmití por las estaciones del DAPP en 1937, durante la Temporada de Teatro del Aire que estuvo a mi cargo y dirección. Para esa temporada también escribieron a petición mía piezas en un acto destinadas a un público radiofónico Rodolfo Usigli y Xavier Villaurrutia, aunque ni Luis, Rodolfo y Xavier lo hayan reconocido públicamente después. Sueño de días se llama la pieza de Usigli y Ha llegado el momento la de Villaurrutia, que después alcanzó resonante éxito al ser llevada al palco escénico.

Después de Voz como sangre Basurto escribió otra pieza en un acto titulada Los diálogos de Suzette, que no conozco, y ya metido hasta el cuello en la múltiple profesión de empresario, director y autor principalmente ha estrenado Laberinto, Faustina, El Anticristo, Bodas de plata, La que se fue... –también representada en España– y Frente a la muerte. Hace diez años o más que vive noche y día entregado al teatro, y este ajetreo de veintitantas horas diarias consagradas a actividades empresariles, de dirección de ensayos y de trasiego con actores y actrices y obras ajenas le ha permitido sorprender el secreto de lo que le interesa o gusta al público. Dueño de él, como de modesta piedra filosofal, ha escrito ya cargado de experiencia, una pieza dramática en tres actos, a la que puso por título Toda una dama, misma que cuando escribo estos párrafos está a punto de llegar a su primer cincuentiloquio de representaciones.

Basurto, que ya rebasó en un año la edad de Cristo, ha escrito una buena pieza dramática, con la que si no alcanzará la inmortalidad, ni tal vez la celebridad, en cambio revela un avance tan firme en su carrera de comediógrafo profesional y comercial que nadie pone en duda que en él ha madurado un verdadero autor. Puesto a elegir entre la gloria y la taquilla Basurto no le da absolutamente la espalda a la primera, pero se inclina serenamente a la segunda, que es la razón de vivir del teatro; escribe para el público, y como está visto que le da gusto, el público acude al teatro, ya sabemos que el teatro sin público carece de sentido, y más si cuenta con "patrocinadores", que por regla general no forman en las filas de los espectadores.

Basurto es un escritor fácil, de ponderada inventiva, observador penetrante en Toda una dama de las flaquezas de la que hemos convenido en denominar "buena sociedad", que conoce por haberla frecuentado. Su sátira no traspasa la órbita sexual y en esta orientación su frase es intencionada sin ser cáustica, lo que descubre en el autor un fondo inagotable de indulgencia: sabe que la letra de molde no gobierna al mundo, y cuando se encara con nosotros desde el escenario, entendemos que quiere decirnos con plácida ironía: –La vida es así; pero, cuidado con atribuirme la intención de reformarla... Su crédito de autor es de día en día más firme y el buen éxito le empieza ya a ser familiar. No es simplemente el autor que ve una acción y la distribuye en escenas y agrupa éstas en actos. Es un arquitecto teatral. Tal arte de ligazón se advierte en Toda una dama. Lo patético fluye de su pluma con honradez, como brota del choque de las pasiones y del contraste de los sentimientos y en algunas escenas –particularmente las del segundo y tercer actos, entre los desavenidos esposos y el hijo a punto de ordenarse– acierta deveras, sin suscitar nuestro reproche a la cursilería del procedimiento en que tan a menudo incurren los nuevos, alocados e impresionantemente ignorantes autores que han surgido a partir de Rosalba y los llaveros y Los signos del zodiaco. La pieza dramática Toda una dama de Basurto está purgada de obscenidades y audacias escatológicas. Hoy por hoy, justo y sincero es decirlo, no domina absolutamente el instrumento de trabajo, pero dialoga con facilidad y con gracia y sortea hábilmente los encuentros con la nota cursi, tan frecuente ahora en los nuevos autores.

Basurto conoce a fondo el teatro "de sociedad" de Benavente y Linares Rivas, tal vez el de Pierre Wolf, acaso el de Francisco de Curel, Mauricio Donnay, Brieux, Enrico Butti o Roberto Bracco, porque sin desdoro de su originalidad Toda una dama recuerda la manera de hacer "teatro de sociedad" de aquellos grandes arquitectos, constructores de piezas dramáticas con la base de una anécdota arrancada de la realidad, bien expuesta y mejor desarrollada dentro de las clásicas unidades aristotélicas, alarde siempre de habilidad, seguridad y técnica.

Puestos a coger por los cabellos el reproche, podríamos alegar que este o aquel personaje no es muy humano, o que muchos son poco mexicanos. No hace falta hallar el negro en el arroz para restarle elogio a su buen sabor o a su excelente cocimiento. Basurto ha escrito una buena pieza de teatro con aire y sabor mexicanos, la ha hablado con dignidad y la ha presentado con decoro bajo su dirección. Echo mis campanas a vuelo porque suceso de tal calibre no es frecuente.

María Tereza Montoya y Prudencia Grifell –ambas "toda una dama"– dan a la interpretación un tono de dignidad profesional absoluta. Doña Prudencia habla por boca de doña Carlota con autoridad y naturalidad deliciosa. María Tereza en la Lorenza es la gran actriz dramática de siempre. Según costumbre suya no memoriza mecánicamente lo que dice; se expresa con emoción y sencillez, y en todo instante –¡cual debe ser!– da la impresión de que piensa y sabe lo que dice. ¿Para qué memorizar lo que se va a decir, si luego se dice mal? Actores en su mayoría profesionales interpretan la pieza de Basurto, y como es natural la representación se desarrolla en teatro verdadero. Ninguno desentona en el conjunto pero es de justicia destacar el sobrio y natural dominio de Jambrina y el talento en flor de Luz María Núñez y de Raúl Farell. El escenógrafo Galván se empeñó en ambientar como "de gran mundo" el único escenario, pero sólo lo consiguió en algunos "rincones". Alguna actriz, tal vez por culpa del diseñador del vestuario, se exhibió vestida en forma horrenda.