FICHA TÉCNICA



Notas ContinuaciÛn de la reseÒa del concurso de grupos del Distrito Federal convocado por el INBA y por el Instituto Nacional de la Juventud Mexicana celebrado en el Teatro del Palacio de Bellas Artes

Referencia Armando de Maria y Campos, “Culmina el Concurso de Teatro Experimental con las piezas de Cervantes, Algarra y Cantón”, en Novedades, 26 junio 1954.




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Novedades

Columna El Teatro

Culmina el Concurso de Teatro Experimental con las piezas de Cervantes, Algarra y Cantón

Armando de Maria y Campos

El Concurso de Grupos Teatrales del Distrito Federal se celebró tarde y noche con sala llena de público heterogéneo y distinto en cada ocasión y una minoría bullanguera formada por los elementos de los grupos integrantes que ya habían actuado o esperaban su turno. Los boletos de los pisos inferiores fueron repartidos por el INBA y el INJM, la entrada a los pisos superiores fue gratuita. El público llegaba al teatro como en el cine, a cualquier hora, como si empezada la función pudiera ver de nuevo el principio de la representación. Por esta causa todos los primeros actos no pudieron escucharse por quienes ocupábamos lunetas del primer piso. Resultó fatigosa la jornada para quienes nos propusimos agotar el concurso, conociendo todos los grupos, algunos miembros del jurado no alcanzaron este récord, conformándose con leer después las obras que no pudieron ver representadas.

La noche del sábado fue estrenada una interesante pieza –drama de la familia mexicana– Luces del crucero, en tres actos de Blanca de Retana, y dirección de Antulio Jiménez Pons. Este grupo dio la impresión de no haber sido formado para el concurso, por la armonía que se advierte entre sus integrantes. El tema que desarrolla se inspira en la vida miserable que arrastran tipos al margen de la comodidad, el decoro, de la felicidad. Pepenadores, limosneros, borrachitos, niños desamparados, seres infelices, hablando claro, su lenguaje típico y tópico. Es una pieza estrujante bien escrita, no mal construida, que recuerda cierta española Los hijos de la noche o aquella truculenta, melodramática europea Los misterios de París.

El domingo por la tarde subió a escena un drama inspirado en la legendaria Electra compuesto por Dagoberto de Cervantes titulado Lorenzo el vengador. Producción ambiciosa, bien escrita y sobriamente equilibrada en su exposición y desarrollo, fue escuchada con interés y apasionó en general al público. Ganaría mucho si se le podara alguna hojarasca en las escenas de exposición –aquéllas en que se canta el corrido del vengador– y se acendraran más las dramáticas del tercer acto. La interpretación responsable por parte de todos, sobria y serena.

La noche de ese domingo vimos un "guiñol" en dos actos, que reproduce conocidas escenas de la revolución mexicana en alguna ranchería del norte encendido y convulso. El juicio, inspirado en un cuento de Ladislao López Negrete, es el que sufre un soldado federal cogido por la leva que deserta y va caer en la boca del lobo que es la ranchería ocupada por una partida de revolucionarios. El arreglista del cuento y autor del dramita mexicano conservó lo típico de Nochebuena que así se llama la narración de López Negrete, y supo darle teatral emoción al llamado suspense no obstante lo previsto del desenlace. La interpretación adoleció de lagunas en el movimiento de los personajes y, sobre todo, por la dicción de algunos de los intérpretes. En cambio, el sabor local estuvo logrado.

Joven es el círculo de Diego Figueroa, tres actos breves más otro que con distinto título fueron publicados en alguna revista tapatía, cubrió la única función del lunes 14 por la tarde. Un grupo de aficionados noveles –después de la representación se aclaró, al pedir disculpas por lo frustrado de la interpretación, que pisaban la escena por primera vez– dijo en voz muy baja el texto de la bien escrita comedia dramática de Figueroa, que reproduce incidentes en la vida de un estudiante que ocupa un "cuarto independiente" en una casa de huéspedes, con valiente crudeza, y naturalmente la obra resulta impropia para menores, también para concurso cuyo auditorio se supone formado por estudiantes que no viven las tragedias que frecuentemente pasan entre las cuatro paredes de "cuartos independientes" para determinado tipo de estudiantes.

Con la función del martes 15 por la tarde, el concurso se elevó a alturas insospechadas. Vimos una preciosa comedia estudiantil mejor, de la vida de un sector de la bohemia entre estudiantes y muchachas que les acompañan en sus aventuras al parecer intrascendentes, de María Luisa Algarra Los años de prueba es, desde luego, una de las mejores comedias estrenadas en México desde hace varios años. Construida con un impresionante dominio del oficio, posee el equilibrio de lo que está bien planteado y bien resuelto. Su primer acto resume las características de una exposición fotográfica, pero en el segundo la acción se desarrolla tan humana y natural, que el desenlace dramático y lógico en el tercer acto marca el clímax de la emoción y cierra el ciclo de sucesos conmovedores, de fino realismo impresionante. Toda la obra está hablada con sencillez y los diálogos se deslizan fluidos y naturales con esa difícil naturalidad –y claridad– de todo lo que se acerca a lo perfecto. La interpretación fue excelente y, como en cada caso y representación, tendrá su justo comentario al final de estas reseñas del desfile de grupos concursantes.

El miércoles 16 por la tarde, y el sábado 19 por la noche se presentaron dos grupos modestos y empeñosos –el Antonieta Rivas Mercado y Juventud–, aquel a representar la comedia Véncete a ti mismo de Manuel Díez Barroso, ya estrenada hace años, y éste, el drama original de Jorge Betancourt Ruiz El espejo de unas vidas. El mismo numeroso auditorio de otras tardes y otras noches se mostró atento por el esfuerzo de estos grupos noveles.

La pieza Los moñitos, tres actos de Chouchette Torres fuera del concurso a última hora a causa de que los organizadores se dieron cuenta de que... no debía ser presentada. Continuó el maratón el sábado 19 con el estreno por la tarde de la pieza dramática de Carlos Ancira Después de nada que revela a un nuevo autor que va dominando el difícil artificio –arte, oficio– de escribir para representar.

De hecho el concurso terminó el domingo 20 por la noche con la obra La escuela de cortesanos, en tres actos de Wilberto Cantón. Cierto que el martes 29 se representó El cielo prometido, comedia en tres actos de Jorge Villaseñor, por un grupo integrado por obreros, pero lo modesto del conjunto y la obra ya juzgada dejaron esta función al margen del interesante evento teatral que comento.

La escuela de cortesanos es una divertida, deliciosa farsa presentada en forma de pantomima a la italiana, burbujeante de ingenio y travesuras. La acción ocurre en el siglo XVIII mexicano, pero en verdad podría suceder en cualquier ambiente dieciochesco de Europa. Fue presentada por el grupo Teatro Contemporáneo, numerosísimo a lo que parece. Muy bien interpretada en lo general, si se tiene en cuenta el aire de farsa, ballet y pantomima, todo en tres actos en que se mueven los numerosísimos personajes.

Los comentarios sobre actuaciones, directores y también escenógrafos, serán motivo de próximos artículos.