FICHA TÉCNICA



Título obra Seis personajes en busca de autor

Autoría Luigi Pirandello

Dirección Charles Rooner

Escenografía Miguel Prieto

Grupos y compañías Teatro Universitario de la Ciudad de MÈxico

Espacios teatrales Auditorio del Seguro Social

Referencia Armando de Maria y Campos, “Las versiones de Miguel Prieto y Charles Rooner de Seis personajes en busca de autor. III”, en Novedades, 16 abril 1954.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Novedades

Columna El Teatro

Las versiones de Miguel Prieto y Charles Rooner de Seis personajes en busca de autor. III

Armando de Maria y Campos

¿Debió reponerse Seis personajes en busca de autor, de Pirandello, y precisamente por el Teatro Universitario –que maneja un patronato y no la propia Universidad Nacional Autónoma como en realidad debía ser?– Un gran sector de la crónica y la columna teatral, en ocasiones con ignorancia impresionante de lo que en su tiempo significó esta pieza y de lo que ahora vale Pirandello como clásico, opinó que ¡no!, y otro grupo de técnicos interesados en el negocio que siempre debe ser una representación teatral, ha expuesto su pena porque doña Beatriz Caso de Solórzano presidenta del Patronato no prefiera obras mexicanas –de autores contemporáneos, desde luego– en vez del viejo y pasado de moda teatro de Pirandello.

Otra objeción más en este lamentable medio nuestro, tan nuestro, de encontrar prietitos en cualquier arroz: ¿Por qué el Teatro Universitario prefiere o protege a un director de origen extranjero, en vez, claro, de llamar a un mexicano, de los nuevos naturalmente? Y otra más: ¿por qué el escenógrafo –el artista Miguel Prieto– no dejó vacío el escenario, como dicen que dice que debe estar la escena al principiar la representación, en vez de vestirla con trastos, restos de representaciones, muebles para ensayos, "diablas" para utilizarse en cualquier momento y reflectores que siempre se quedan en el escenario para lo que pueda necesitarse, todos elementos de prodigiosa e íntima poesía teatral que no puede sentir quien no conoce el teatro por dentro ni siente el hechizo de entre bastidores, con sus luces y sus sombras, con sus fantasmas que nacen de una utilería de ensueño, de su atrezzo de misterio? En verdad que Pirandello pide un escenario durante un ensayo, pero... ¿quién que haya estado una vez siquiera en un ensayo con actores profesionales no ha visto en un rincón un sofá, en otro un árbol de tramoya, y, siempre, la "diabla" central baja para ayudar al apuntador en su lectura? Y luego, esas ráfagas de luz que bajan de una claraboya cualquiera, del escenario o de la galería. Todo esto y más, al servicio de la idea íntima y convencional de un escenario desnudo, está presente en la escenografía de Miguel Prieto, para vestir, sin atacar su desnudez, el escenario al que llegan las sombras que, al conjuro de la luz eminentemente teatral, toman cuerpo y vida, seis personajes en busca de autor. Y todo esto, que no debe ser olvidado por quien escribe no únicamente para opinar doctoralmente, también para orientar y revelar al espectador lo que éste puede ignorar, aprovechando los recursos de una plataforma convertida en escenario y que por esta causa, carece de lo elemental en un teatro de verdad: espacios laterales para el tránsito de los actores, para entradas y salidas. En consecuencia si el director no podía mover a sus personajes sin que los viera el público, cómo iba a tenerlos (como iba a mantener el telón levantado –según la acotación de Pirandello–) untados a la pared horas antes de la representación y durante largo intermedio en el que tampoco debe caer el telón. Cúlpese al ingeniero que construyó esta plataforma, que ahora se usa como escenario, de su falta de cálculo al no prever la urgente transformación, y no al director, por no tener abierta la escena como lo pide el autor. Y si los personajes no aparecieron como lo pide Pirandello se deberá –creo yo– a buen gusto del director para sortear el lugar común que ya es de hacer llegar a éstos por cualquier parte menos por el foro. En cambio, ¿quién ha señalado que los seis personajes que no encontraron al que buscaban se van convertidos en sombras... como lo pide al autor. Pues bien; Miguel Prieto ha creado –fijaos: no digo ha pintado– un mundo de escenografía de teatro en la intimidad, con todo lo que en cualquier momento puede haber en un escenario que no trabaja –cortinas, diablas, árboles de espaldas, espejos, reflectores, muebles y los que va sacando el utilero– con luces sólo perceptibles para quienes sienten la poesía íntima de un escenario fuera de la representación normal, de pronto invadido por personajes fantasmales que exigen que los actores –y el director– que allí encuentran les den vida, si hay un autor capaz de escribir la tragedia que ellos viven y en la que saben hay gran pieza de teatro... Allí queda la escenografía de Prieto, como las famosas armas de Roldán: "que nadie la mueva, que no pueda estar con Miguel a prueba..."

Charles Rooner, director con cultura teatral y experiencia, dio su versión de Seis personajes en busca de autor. No traicionó en ningún momento el texto ni la idea matriz del autor. Dio su versión, sencillamente. Como cien más, en tantos países de Europa, desde hace más de cuatro lustros. Nadie que sepa medianamente la historia de estos últimos veinticinco años de teatro en Europa o los Estados Unidos ignora que en las principales ciudades de Rusia, de Austria, en Varsovia, en Praga, se han representado simultáneamente, en dos, en tres y hasta en seis teatros, versiones distintas de esta pieza excepcional. Y a nadie se le ocurrió reprochar a este o a aquel director, si sentía o expresaba de este o de otro modo un personaje, o un movimiento escénico, con tal que respetara el texto, la técnica novedosa creada por Pirandello, y, sobre todo, la idea central de la obra. Creo que ante el público y la crítica enterada de cualquier gran centro teatral del mundo, la versión que nos brinda Charles Rooner es no sólo irreprochable, sino excelente y conmovedora. ¿Conocerá Rooner un admirable versículo de la Biblia, que por cierto Stanislavsky aplicó a los meteurs en scene? ... Es éste:

"Es necesario que la semilla muera, para convertirse en fruto".

Charles Rooner tomó la semilla pirandelliana. Nos la devuelve convertida en precioso fruto.

Catones puntuales le han opuesto muchos peros a la interpretación que, en conjunto, es excelente y en detalles discutible. Toda la culpa la cargan al director, que eligió a los actores, tomándolos lógicamente de donde los hay. Y no pocos cronistas se han mostrado injustos, por temperamento o... por falta digamos de antecedentes. No saben lo que hiere y qué hondo una crítica injusta en un principiante impaciente y preñado de ilusiones. Muchos, pero muchos de los aficionados o experimentales que hace no más de cinco años alentaban ambiciones por el difícil arte de representar, se han echado atrás, o refugiado en el cine, en la radio, en la TV, desorientados, desalentados, por comentarios o críticas hechos a al ligera.

Entre los actores que hacen Seis personajes, que son, claro, muchos más, los hay excelentes, y de seguro porvenir. Hablaré de ellos y de sus personajes en próximo comentario.