FICHA TÉCNICA



Título obra Grajú

Autoría Margarita Urueta

Dirección Alejandro Jodorowsky

Elenco Beatriz Sheridan, Farnesio de Bernal

Escenografía Manuel Felguérez

Música Pierre Boulez, Alban Berg, Anton Webern, Karlhein Stockhausen y Alejandro Jodorowsky

Vestuario Lilia Carrillo

Espacios teatrales Teatro de los Compositores

Referencia Mara Reyes (seudónimo de Marcela del Río), “Diorama teatral”, en Diorama de la Cultura, supl. de Excélsior, 10 diciembre 1961, p. 2.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

Diorama de la Cultura, Excélsior

Columna Diorama Teatral

Grajú

Mara Reyes

Teatro de Compositores. Autora, Margarita Urueta. Dirección, Alexandro Jodorowsky. Escenografía, Manuel Felguérez. Vestuario, Lilia Carrillo. Reparto: Beatriz Sheridan y Farnesio de Bernal. Música: Boulez, Berg, Webern, Stockhausen yAlexandro.

Alexandro ha estrenado otra obra de Margarita Urueta: Grajú. Si habré de comparar esta obra con la otra de esta autora presentada este año también por Alexandro: La mujer transparente, diré que Grajú tiene más consistencia, tanto en la anécdota como en la composición misma de la obra, que La mujer transparente. Los personajes tienen un trazo más dibujado, más firme.

Si bien puede tomarse a Grajú –el único personaje femenino de la obra– como un símbolo de la madre que alimenta, también puede verse en ella simplemente a una mujer que teme a la soledad, que necesita compañía, pero que tiene un gran impedimento: su incapacidad para otorgar amor; esta incapacidad es la que la lleva a dar al hombre lo único que puede dar: alimento; es su especial forma de “comprar” su compañía.

Grop, su hombre, en tal concepción, es lógico que muera, pues no recibe de la mujer –a la cual él no es capaz de amar– el afecto que él necesitaría, sino solamente el alimento físico. Por eso en forma indirecta es asesinado por Grajú. En cambio a Tisón, el hermano de Grop, a quien Grajú atrae después de la muerte de Grop por esa angustia que le produce a ella la soledad, y al que atrae dándole lo único que ella es capaz de dar: comida, a Tisón, decía, le basta con ese alimento físico, pues él no requiere el alimento espiritual, el cual él también es incapaz de dar, y así se unen esos dos seres, ambos, incapaces de amar.

Alexandro en esta ocasión quizá dio mayor énfasis a lo que de simbólico tienen los personajes, que a lo que tienen de humano. Un rasgo desaprovechado por Alexandro, por ejemplo, es el antecedente que se adivina entre líneas, de la educación religiosa de Grajú y como éste otros rezagos “humanos” quedaron desdibujados. No sé si atribuir a esta preocupación por subrayar lo simbólico, el que Alexandro no haya dado el tono justo a la obra, o a que quizá confió demasiado en su talento y se precipitó a estrenar cuando aún faltaba pulimento a su dirección. Un acierto sin duda que no es posible pasar por alto fue la música, no obstante tal como vi la obra el día del estreno –tanto en lo que se refiere a su forma escrita, como a la dirección escénica– es como si hubiera presenciado el boceto de una pieza teatral. Un magnífico boceto por otra parte, pero nada más.

Lo realmente extraordinario fueron las dos actuaciones que presenciamos: la de Beatriz Sheridan, que con esta obra se hace merecedora ya sin discusión al premio de la mejor actriz del año y la de Farnesio de Bernal, quien por vez primera tiene una gran oportunidad de lucir sus magníficas cualidades de actor. Farnesio realiza los dos papeles masculinos de la obra y su interpretación de ellos es toda una revelación.

La escenografía excelente de Felguérez y los trajes de Lilia Carrillo (el traje que llevaba Beatriz Sheridan por sí solo ya era conmovedor, y no se digan las caracterizaciones eficacísimas de los tres personajes) estuvieron diseñados como un homenaje a Kurt Schwitters, un pintor nacido en Alemania en 1882, que murió en Inglaterra en 1948, quien en sus inicios estuvo influido por Franz Marc y por Kandisnsky, pero que después creó un ramal constructivista muy personal, aun cuando derivado del dadaísmo, que como movimiento pictórico se le denominó merz, y con el cual Schwitters pretendió lograr el triunfo del espíritu sobre la materia.

En resumen, un espectáculo serio, magníficamente actuado, dirigido con la técnica de Alexandro, aun cuando podría haber sido mejor de habérselo propuesto este director… pero como decía Alfonso Reyes, no es posible pedir a un hombre que esté siempre a su máxima altura.