FICHA TÉCNICA



Autoría Cipriano Rivas Cherif

Notas Carta de Cipriano Rivas Cherif al autor con motivo de su presentaciÛn de cincuenta aÒos en el teatro en la Sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes

Referencia Armando de Maria y Campos, “Una carta de Rivas Cherif sobre el bululú en general y en su persona. I”, en Novedades, 29 diciembre 1953.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Novedades

Columna El Teatro

Una carta de Rivas Cherif sobre el bululú en general y en su persona.

Armando de Maria y Campos

He recibido una interesante carta del ejemplar hombre de teatro Cipriano Rivas Cherif, con motivo de su bululú en la sala Ponce del Palacio de las Bellas Artes, recientemente, al que no pude asistir porque la molesta enfermedad que me ha atacado, me deja sitiado en el hogar si las noches son gélidas, merece ser conocida, y por eso la hago del conocimiento de los lectores de esta columna.

"20 de diciembre de 1953.– Querido amigo: Mucho le agradecí el `a dos columnas' previo a mi representación de bululú el miércoles 16 en la Ponce; pero sentí muchísimo que no fuera usted –primero como socio de Los Amigos del Teatro en México y luego porque me interesa mucho comprobar el efecto del `espectáculo' en quienes suelen tener gustos teatrales concidentes con los míos. La sorpresa de la gente que `temía' una lectura, fue precisamente el encontrarse con una representación y tampoco al uso de los monologuistas ni de las recitadoras. Mucho menos de los conferenciantes ni de los charlistas.– Empecé recitando el retrato famoso por Rubén, `del gran don Ramón de las barbas de chivo'–, leí luego el prólogo de Benavente al tomo de teatro de las Obras completas de Valle Inclán, que se inicia con la carta, verdaderamente ejemplar, de la Viuda de Valle y gran actriz que fue Josefina Blanco (la primera Donina de La noche del sábado, el primoroso doncel de En Flandes se ha puesto el sol, el pajecillo Florisel de El marqués de Bradomín, refundido –por el que todavía no era su marido–, de la Sonata de otoño; la estupenda viejecita de Malvoca y la verdaderamente admirable gitana-bruja de Alma y vida de Galdós, la creadora –conmigo en un figurante mudo– de Ligazón del propio don Ramón en el teatrillo del Mirlo Blanco en casa de Carmen Mouré de Baroja, la esposa de Ricardo, el artista proteico, aguafuertista, pintor, novelista, dramaturgo. Terminada esta carta me entero de que ha muerto ayer en su casa de Navarra, a los 83 años, dos más que Pío, Ricardo Baroja. Por cierto, que en Ligazón hizo muy bien otra vieja abrujada, Isabel de Palencia, la señora de Ceferino, hoy en México). Con esa carta justifica don Jacinto el haber aceptado su designación como prologuista, a la verdad justísimo en el elogio cabal de su amigo y compañero de letras.

"Leí después dos páginas preciosas de Azaña sobre 'El secreto de Valle Inclán', que forma parte del tomo La invención del Quijote y otros ensayos, y que se publicó por vez primera en el número de La Pluma que Azaña y yo dedicamos a Valle Inclán en 1923, ya que nos había dado las íntegras primicias de La reina castiza y Cara de plata. Añadí una pequeña contera a tal proemio de mi bululú en que incluí la noticia por usted publicada, y terminé la primera parte leyendo e interpretando a lo vivo el prólogo a Los cuernos de don Friolera como la mejor declaración de su propia estética por parte del autor de los `esperpentos'.

"Al empezar, sin descanso ni respiro, la segunda parte del programa rogué en broma a Fernando Mota, en primera fila, que me tuviera el libro por si se me perdía. Y durante el primer acto lo tomó en serio. A la verdad –y eso me ha sucedido siempre que repito el experimento– la primera impresión es de siempre admiración por la buena memoria, por parte de los que la tienen mala. Pero el valor cómico del diálogo es tal y tan preciosamente evocadoras e imaginativas las acotaciones escénicas del texto, que el público `se entrega' en ofrenda al simple regocijo, a la pura diversión y se siente no ya en el texto, partícipe en la misma escena de la farsa.

"Para mí el auténtico bululú del día es Chaplin. (¿Recuerda usted aquella película muda en que actúa solo?) porque él es toda su obra, siempre. Ahora bien, el primer ejemplo que recuerdo de lo que yo hago es Frégoli, el transformista que cambiándose rapidísimamente de trajes y en todos los aditamentos escénicos de la revista, daba una representación entera él solo, de gran espectáculo ¿Llegó usted a verlo en sus últimos años? pero sí, sin duda a algunos buenos imitadores como Nonini, Fátima Iris, u otros artistas de variedades. Después, la gran 'divette' de café-concierto primero, de conciertos folclóricos, como se dice ahora tan científicamente, de la canción francesa Ivette Gilbert. `En medio del camino de mi vida' teatral, la norteamericana Ruth Draper que sin trajes ni decorados, interpretaba 'sketches' de su propia invención a base de `un' solo personaje cada vez, en diálogo con otros muchos, de los que sólo se entendía la pausa que ella hacía en su monólogo, fue la que me sugirió mi espectáculo actual... Los monólogos fin de fiesta que alcancé a ver a Ermete Novelli; El corazón celato de Poe, que vi hacer a Zacconi hace muchos años (y con Zacconi he venido a coincidir al representar `autobiografiándolos', el protagonista de Calcas, de Chejov que Zacconi dio en sus últimas actuaciones poco antes de morir, con el mismo título de Canto del cisne que aquí Seki Sano por boca de Soto Rangel, y yo en Guatemala, como Bodas de oro con Talía para celebrar mis cincuenta años de teatro, y tomando al pie de la letra el elogio equívoco que me hizo un crítico español en Puerto Rico, al atribuir mi gran éxito como actor en ese apropósito a la identidad psicológica del personaje –un cómico viejo y malo que sueña fantasías de grandes éxitos de un tiempo, alternando su sueño divagatorio, en un diálogo con un pobre apuntador, con mi triste realidad de la noche de su beneficio y despedida– con mi caso. Un espectador, el ex rector de la Universidad de Lima y escritor intercontinental Luis Alberto Sánchez, que me vio esa interpretación en Puerto Rico, me dedicó un artículo de lo más laudatorio en Zig Zag de Santiago de Chile, provocando la invitación del teatro de la Universidad Católica de la capital chilena para que vaya a dirigir una temporada".

Continúa la carta de Rivas Cherif, pero la corto aquí, para reanudarla en breve, y al final hacerle unos comentarios sobre coincidencias mutuas, y para dedicarle un cariñoso recuerdo a Ruth Draper, a quien vi actuar una sola noche en el teatro Fábregas, hace cerca de veinte años.