FICHA TÉCNICA



Título obra Historias para ser contadas: Historia del hombre que se convirtió en perro, Los de la mesa 10 y otras

Autoría Osvaldo Dragún

Dirección Carlos Catania

Elenco Carlos Catania, Alfredo Catania, Rodolfo Villanueva Gladys Catania, Betty Catania, Carlos Ferreira

Escenografía César Sebille

Grupos y compañías Teatro de los 21 de Argentina

Espacios teatrales Sala Chopin

Referencia Mara Reyes (seudónimo de Marcela del Río), “Diorama teatral. Compañía argentina de teatro independiente”, en Diorama de la Cultura, supl. de Excélsior, 19 noviembre 1961, p. 2.




Notas Recomendaciones teatrales

Referencia Mara Reyes (seudónimo de Marcela del Río), “Diorama teatral. Compañía argentina de teatro independiente”, en Diorama de la Cultura, supl. de Excélsior, 19 noviembre 1961, p. 2.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

Diorama de la Cultura, Excélsior

Columna Diorama Teatral

Compañía Argentina de Teatro Independiente

Mara Reyes

Historias para ser contadas. Sala Chopin. Autor, Osvaldo Dragún. Dirección, Carlos Catania (h) [sic]. Escenografía, César Sebille. Reparto: Carlos Catania, Alfredo Catania, Rodolfo Villanueva, Gladys Catania, Betty Catania y Carlos Ferreira.

Con una ausencia total de pretensiones ha llegado a México la cuarta compañía teatral extranjera que nos visita este año; se trata del grupo Teatro de los 21, que es uno de tantos grupos “independientes” de Argentina, o sea grupos cuyas aspiraciones no son las de hacer comercio del teatro, sino la de experimentar para encontrar nuevos caminos. Los integrantes de la obra que tuvimos ocasión de ver fueron seis, a más del escenógrafo.

La obra, del escritor argentino Osvaldo Dragún, posee una gran cantidad de elementos brechtianos, por ejemplo, la forma narrativa, el que hace del espectador un observador pensante al que estimula para que tome decisiones con respecto de su vida; el conducir al público por medio de anécdotas, sean simples o inverosímiles, al conocimiento de un ambiente, a la búsqueda de las causas sociales que originan los desequilibrios, las injusticias. Muestra como la existencia social determina el pensamiento y cuáles son los motivos humanos para su conducta. Por otra parte, en su composición técnica, al contrario del teatro tradicional, cada escena posee valor por sí sola. Es, en suma, un teatro didáctico, no obstante no se advierte en él una “copia” de Brecht, hay elementos de este autor y teórico, como los hay de Stanislavsky, –la influencia nunca es negativa en tanto sirva para abrir nuevas puertas– lo que vemos no es un intento de continuadores, sino el resultado de la búsqueda de un teatro joven y ese resultado, además de ser una síntesis de las corrientes antiguas y modernas, es una aportación. De ahí su valor. Lo notable de este espectáculo, tanto en lo que es literatura, como en lo que es puesta en escena, es la juventud que se advierte; la frescura de sus hallazgos.

En la Historia del hombre que se convirtió en perro, aparece el drama del desempleo que lleva a un sujeto a preferir la pérdida de su condición humana a la que su medio ambiente lo orilla y en la historia de Los de la mesa 10 muestra los escollos con que deben luchar los jóvenes para abrirse camino, en medio de un mundo de prejuicios y convencionalismos. Su amor es obstruido por las barreras más variadas y se llega a la conclusión de que si aquellos que son dueños de los talleres, o de las fábricas, pagaran a sus empleados lo sueldos que merecen, éstos podrían vivir sin tantas trabas y podrían… casarse.

No obstante el mensaje definido y claro de las historias, éste va implícito sin rebuscamiento, sin forzar la anécdota.

En cuanto a la técnica con que Carlos Catania –director– lo lleva a escena, además de romper con los moldes de tiempo, de lugar y de personalidad, ya que un mismo actor ejecuta papeles diferentes alternativamente, el director hecha mano de la pantomima, la acrobacia, el canto o el baile, pero sin abuso. Todo en su justa medida. Algo sorprendente también es el ritmo extraordinario que mantiene durante todo el espectáculo.

Por otro lado, la escenografía consta sólo de varios paneles negros y hay una carencia casi absoluta de elementos de utilería, de maquillaje y de vestuario (todos los personajes salen vestidos con una especie de uniforme), todo esto hace volar, la imaginación del espectador. Este grupo puede enorgullecerse de estar realizando un teatro que es eso: teatro. No hay elementos ajenos a él que distraigan al público. No hay trucos. No hay engaño. Sólo hay un gran estímulo a la imaginación. Ellos pueden decir, como el personaje de Balthazar, en El cuarteto de Alejandría de Lawrence Durrell: “Imagino, luego estoy en la realidad, y soy libre”.

Todos los actores, sin excepción, realizan brillantemente su cometido. ¡Y vaya que para el actor, ese cambio brusco de personalidad es una dificultad muy digna de tomarse en cuenta y muy difícil de salvar! Hablar de ellos uno a uno, seria repetirse, pues todos son de una homogeneidad en su actuación que logran idénticos aciertos. Por ejemplo, los cambios de matiz, de Alfredo Catania, especialmente en la primera historia, pueden ser comparables con los de Carlos Catania –en su trabajo de actor– a los de Rodolfo Villanueva, o los de Gladys Catania, en la última historia, es proyectada por ambos con toda naturalidad, lo mismo que las frustraciones o la desesperanza. Todos ellos tienen a la vez que ritmo, voz y técnica en general, una gran fuerza emotiva que proyectan en cada una de sus interpretaciones.

Lo único que se ocurre objetar es el cortísimo epilogo que, aunque dentro de la técnica brechtiana es indispensable, ya que debe romper la “magia” creada por la historia, en la práctica teatral, quizá por tratarse de un ritornello (de frases dichas en el prólogo que abre la obra) se siente fuera de lugar y sobre todo innecesario.

Y después de ver la magnífica embajada que ha venido de Argentina, aunque sin la pretensión de otras compañías, recordamos y lamentamos que la embajada enviada por México a esa república, haya sido tan desprestigiante para nuestro país, ya que fue una compañía formada con precipitación, con un reparto mal seleccionado y peor distribuido, en la que los actores llevaban sus papeles mal aprendidos, una escenografía deplorable y puestas en escena llenas de transacciones publicitarias, como fue el poner un cuadro bailado al final de Rosalba y los llaveros que no está en la obra original de Carballido.

¿Es que se puede ir al extranjero amparado bajo el rimbombante título de “Teatro de México en América” sin percatarse de la responsabilidad que entraña representar a un país?

Actividades teatrales

Historias para ser contadas, Sala Chopin: No deje de ver a esta compañía argentina.

El enemigo del pueblo, Teatro Orientación: Véala, todavía es tiempo.

Fando y Lis, Teatro de Compositores: Estreno el día 17. Véala.

Señoritas a disgusto, Teatro Arcos Caracol: Buen intento de teatro mexicano.

Santa Juana, Teatro Xola: Una buena obra, montada con tibieza.

Separada del marido, Teatro del Músico: De las comedias menos logradas de Rambal.

Los prodigiosos, Teatro de la Esfera: Nueva versión de una obra mexicana.

Cinco minutos antes, Teatro Sullivan: Una reposición poco espectacular.

Otra viuda alegre, Teatro Arlequín: Como siempre Nadia

Recordando con ira, Teatro de la UNAM: Interesante temporada de teatro experimental en la que debutan varios directores.

Las fascinadoras. Teatro de los Insurgentes: Mucho ruido y pocas nueces.

También las mujeres perdieron la guerra, Teatro del Granero: No vale la pena de ir a escuchar algo mal escrito.

El pelícano, Sala de 5 Diciembre: Pero aún... de todo [sic].