FICHA TÉCNICA



Notas Comentario sobre la danza schottis o chotÃŒs, con motivo del homenaje a AgustÃŒn Lara

Referencia Armando de Maria y Campos, “En el homenaje a Agustín Lara. La rara y portentosa aventura del chotís”, en Novedades, 14 octubre 1953.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Novedades

Columna El Teatro

En el homenaje a Agustín Lara. La rara y portentosa aventura del chotís

Armando de Maria y Campos

El chotís es, no obstante su origen extranjero, el baile canción característico del pueblo madrileño, de la clase media chulona, marchosa y verbenera en particular. No se concibe una verbena en Madrid sin que los chulos y las chulas se marquen un chotís, el de moda o el que no ha dejado de cantarse a través de los años. Como la jota es de Aragón y la sardana de Cataluña, el chotís debe ser... ¡de Madrid! Y no lo es. El schottis –así, en lengua extranjera– es hijo adoptivo de los españoles y de nosotros, los mexicanos. El chotís es una danza de salón, de un movimiento moderado –y muy marcado– y escrita en un compás de compasillo.

¿Cómo es el chotís –o schottis–? Es "una danza parecida a la polca, originaria de Escocia, que se generalizó en Europa a mediados del siglo XIX. Se le llamó también, al principio, polca alemana" en alemán se pronuncia asotiss y se escribe schotisch.

¿Cuándo entró en España el chotís? Probablemente por el cincuenta isabelino. En México comenzó a bailarse –probablemente a cantarse también a principios del 60– simultáneamente con las avanzadillas francesas o austríacas del llamado Segundo Imperio Mexicano. La influencia de piezas exóticas bailables en nuestra música popular bailable es digna de atención por el hecho insólito de que la música eslava, la mazurka, la varsoviana y la cracoviana, de origen polaco, y la polca de procedencia checa, se hayan aclimatado en nuestro país desde hace un siglo.

El schottis escocés tiene mucha semejanza al fado portugués, y lleva impregnada una tristeza extraña en su agilidad vivaz, como las que universalizó Chopin, y perduró más años que las anteriores composiciones bailables. Hasta fines del siglo XIX se componían y bailaban chotís entre nosotros, y de ellos algunos tan bellos como En el silencio de la noche de F. J. Navarro, En las playas del Pacífico de Clemente Aguirre, Por ti de Susano Robles, y Un recuerdo de Salamanca –la de Guanajuato, México–, de Luis G. Araujo. Casi todos nuestros compositores populares: Juventino Rosas, Abundio Martínez, Tomás León, José Avilés, Jesús García, Alberto Becerra, Octaviano Yáñez, Ernesto Elorduy, Apolonio Arroyo de Anda, Felipe Villanueva, José de Jesús Martínez, Alfredo Carrasco y Miguel Lerdo de Tejada– sombras de fines y principios de siglo– compusieron chotís.

Con otros bailes de origen extranjero, el schotish –así se escribía entonces– se bailó mucho durante los sesenta y setenta del siglo pasado, particularmente en los bailes de máscaras, muchas veces inspirado en óperas del extiempo. El 20 de enero de 1861 se bailó en el teatro de Oriente de la ciudad de México, el siguiente programa: "Rumbosas cuadrillas de Nabucodonosor; gran vals de La hija del regimiento; schotish de Linda de Chamoux; varsoviana La romántica; gran polca guerrera de El clarín de los zuavos y magníficas cuadrillas de El trovador". En el teatro de Iturbide –martes 12 de febrero de ese mismo año– se anunció que la orquesta de Santa Cecilia "entre otras grandes piezas de los más acreditados maestros tanto extranjeros como mexicanos ejecutaría (alternando con polcas y mazurcas extraídas de óperas) los chotís La Leopoldina, El lirio y otros de maestro Cenobio Paniagua, y contradanzas, danzas habaneras, camelinas y galopas". Existía un orden para bailar estas danzas: "Wals, cuadrillas, acótish (textual en el programa que se reproduce), danza, mazurca, contradanza, polka y danza". En ocasiones –año 1872– el programa de estos bailes de máscaras era ilustrado con una viñeta que representaba el "acótish" –domingo 11 y martes 13 de febrero–, y se mencionaba el título y su autor: Concha, María, del "Sr. Camacho". Por aquellos años –1865– mi padre, el maestro Antonio de Maria y Campos, mandó imprimir a París –Rue du pont de Lodi; Ribernau, editor propietario– sus chotís Richard para piano forte y The Cricket.

En los bailes familiares se ejecutaban sin orden alguno respecto a la sucesión de las piezas de música bailable, pero en los "bailes de carnet" el programa se desarrollaba con método: 1. Vals; 2. Chotís; 3. Polca; 4. Danza; 5. Danzón. Las cuadrillas de honor llamadas Lanceros y Tagarotas, abrían los bailes de etiqueta y se practicaban después de la serie, cuando alguien las pedía.

Con el auge de género chico en España, a fines del siglo XIX, cuyas mejores obras conocía el público de México semanas después de su estreno en Madrid, y con el de las variedades después, el chotís español, madrileño, chulón y castizo, se impuso y desplazó al de origen escocés. El primero de casta madrileño que aprendimos a cantar los mexicanos fue el de Chueca,

La caza del oso. En seguida se popularizó el de la zarzuela de Cuadros disolventes, también de Chueca, el titulado Con una falda de percal planchá, fue en México un delirio, y también el de La Gran Vía, El Elíseo, que empieza: "Yo soy un baile de modistas y de horteras..." Después de éstos, el de la zarzuela El terrible Pérez : "Le voy a cortar un pantalón..." Las estrellas de varietés –o de variedades– de allá y de acá llevaron a medio México a cantar: "Ay, Cipriano, Cipriano, Cipriano, no bajes más la mano, no seas desajerao; ay Nemesio, ay Nemesio, hazme un retrato al magnesio..." o La Lola, uno de los más bellos, arquetipo del género: "La Lola, dicen que no duerme sola, han visto un mozalbete que la ronda por la noche, y no ven donde se mete, ¡la Lola..!" Después La Inés : "La Inés, la Inés, la Inés, que ha sido panta, pantalonera; la Inés, la Inés dejó su oficio y canta de cupletera, pero si no se luce con los cuplés, a ver sin pantalones qué hace la Inés..." y el "Estanislao, Estanislao, tus ojos submarinos me han torpedeao, que m'has dao, que el corazón m'has puesto congestionao"; o El bastonero de Covarrubias : "Yo soy Boni el bastonero del baile de Covarrubias, y por mí se vuelven locas las morenas y las rubias ¡de Covarrubias!, pues tengo un mirar que no sé por qué se quedan helás u séase frappés". Y ¡claro! el famoso Pichi de la revista Las Leandras de Alonso, el último de arrolladora popularidad entre nosotros.

No se interrumpe la historia, ya muy madrileña, también mexicana, del schottis escocés, que ayer se sirvió del organillo –el conmovedor cilindro mexicano– y ahora de la radio para difundirse y llegar a lo íntimo del alma popular. Como el muy famoso de Agustín Lara, puente musical por el que van nuestros corazones de México a Madrid:

Madrid, Madrid, Madrid,
en México se piensa mucho en ti...
y vas a ver lo que es canela fina
y armar la tremolina
cuando llegues a Madrid. ¡Que sí!