FICHA TÉCNICA



Notas Con motivo de una cena-homenaje el autor cita el discurso de Alfredo GÛmez de la Vega, actor, traductor y director de La muerte de un viajante

Referencia Armando de Maria y Campos, “Alfredo Gómez de la Vega habla del espejismo de nuestro teatro experimental”, en Novedades, 18 septiembre 1953.




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Columna El Teatro

Alfredo Gómez de la Vega habla del espejismo de nuestro teatro experimental

Armando de Maria y Campos

La circunstancia de la realización escénica de La muerte de un viajante de Arthur Miller, por Alfredo Gómez de la Vega como protagonista, traductor y director, fue el motivo para que un grupo de amigos suyos, todos ellos amantes del teatro responsable, al que la mayoría ha consagrado los mejores años de su vida, le ofreciera recientemente una cena íntima, en uno de los más afamados centros nocturnos de la ciudad, que constituyó un suceso, por lo que en ella se dijo y proyectó. La cena fue presidida por don Ángel Ceniceros, Secretario de Educación Pública

El eminente compatriota Gómez de la Vega, al dar las gracias por el homenaje de amistad y entendimiento que le ofrecíamos, produjo un notable y certero discurso, que al concluir de pronunciarlo le arrebaté de las manos para traerlo a esta columna. Dice así, en su parte esencial: "Quiero tan sólo decir unas cuantas palabras para expresar a ustedes mi sincero y hondo reconocimiento por este agasajo, que por su sencillez, me conmueve profundamente.

"La circunstancia de haber luchado siempre, en todas mis temporadas teatrales en México, por abrir un camino a los jóvenes, muchos de los cuales se iniciaron y formaron bajo mi dirección y hoy son ya –actrices y actores– nombres de consideración en nuestra escena, que están en la memoria de todos, creo que me autoriza, sin riesgo de que mi actitud parezca sospechosa, para expresar mi escepticismo ante lo que hoy parece estar de moda considerar como un renacimiento del teatro entre nosotros.

"Una vertiginosa multiplicación de pequeños y aun minúsculos teatros, casi tan milagrosa como la de los panes y los peces de que hablan los evangelios, en la que, casi a diario, se improvisan actores, y lo que es aún más increíble, directores, ha dado lugar a ese espejismo. A tal grado, y en forma tan inquietante, que casi desde mi regreso de Europa, sin poderlo remediar, danzan en mi cabeza, como en un implacable ritornello, aquellas palabras de Goethe, densas de contenido, que expresan de modo admirable, su profundo respeto por el teatro.

"Quisiera que el escenario fuese tan estrecho como la cuerda de un equilibrista, para que ningún torpe se atreviera a pisarlo..."

"No, en arte no es el número, la cantidad, lo que cuenta. Lo que cuenta es la calidad, y no sólo por lo que se refiere a intérpretes y directores, sino en lo que concierne a obras y autores: que más hace por un teatro que empieza, una buena comedia, que veinte mediocres.

"El arte es una larga paciencia, y el teatro es un arte esencialmente colectivo, en el que el secreto de la superación estriba fundamentalmente en la disciplina, en el acoplamiento, en la homogeneidad, que sólo pueden obtenerse a través del estudio humilde, paciente y perseverante de un grupo, bajo una verdadera dirección.

"Nada hay más peligroso en arte, que proceder a saltos, considerando el escenario como un trampolín para obtener el éxito fácil e inmediato.

"De allí mi profunda convicción, sostenida desde que regresé por primera vez a la patria y a través de veinticinco años de lucha en nuestros escenarios, de que lo urgente y lo esencial para México, en vez de dispersar el esfuerzo, el tiempo y el dinero, en una serie de tímidas y pequeñas tentativas aisladas, es crear un Teatro Nacional de Comedia, es decir, un teatro dramático permanente y autónomo, subvencionado por el Estado, en el que, sin preocupaciones de orden económico, un grupo de actrices y actores, bajo una verdadera dirección, pueda llevar al cabo durante varios años, una labor paciente, devota e ininterrumpida de superación, hasta llegar a constituir una compañía ejemplar, que no con palabras, ni teorías, sino con la elocuente autoridad de sus realizaciones, pueda orientar la vida teatral del país. Este ha sido el punto de partida de todos los grandes países, en los que al teatro ha alcanzado verdadero esplendor.

"Quizás, o mejor dicho, casi seguramente, esta ilusión que he acariciado, como artista y como mexicano, a lo largo de toda una vida, no llegue a realizarse nunca. Cuando se ha traspasado ampliamente la inquietante frontera de los cincuenta años, no puede uno menos que pensar que la mayor parte de la ruta está recorrida, y lo que queda por recorrer, para llegar al término, no puede ser ya mucho. Pero me complace vivamente hacer referencia a ella, una vez más, en esta ocasión, en presencia del licenciado Ceniceros, nuestro Secretario de Educación Pública, que hoy nos honra con su presencia y a quien me siento ligado por un vivo sentimiento de gratitud, tanto por el bondadoso interés que ha demostrado en mi labor artística, como por la asistencia noble y generosa que me prestó, en unión del querido Andrés Iduarte, para llevar a feliz término mi última temporada teatral.

"En cuanto al doctor Andrés Iduarte, hoy precisamente, más que nunca, queremos verlo continuar, al frente de la dirección del Instituto Nacional de Bellas Artes, una labor larga y fructífera, a la altura de sus méritos indiscutibles.

"Y para terminar: aunque yo no realice esa ilusión de mi vida, es más, aunque yo no viva lo suficiente para verla realizada por otros, quiero, al expresar a todos y cada uno de ustedes, del fondo de mi corazón, mi profundo reconocimiento por este agasajo, que mis últimas palabras sean para pedirles, que conmigo y sin mí, hagamos, fuertemente unidos, del teatro dramático autónomo, de un Teatro Nacional de Comedia para nuestro México, una meta... y una bandera, al servicio de la cual pongamos nuestros mejores y más fervientes entusiasmos".