FICHA TÉCNICA



Autoría H. Leivick

Notas Semblanza del dramaturgo judÃŒo H. Leivick

Referencia Armando de Maria y Campos, “H. Leivick, el gran comediógrafo judío”, en Novedades, 29 agosto 1953.




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Novedades

Columna El Teatro

H. Leivick, el gran comediógrafo judío

Armando de Maria y Campos

Se conoce y admira a H. Leivick, ante todo, en su calidad de poeta. En la creación artística de este insigne hombre de letras, desde sus poemas siberianos hasta sus baladas del periodo en que estuvo internado en el sanatorio de Deuwer, están íntimamente ligados al profundo dolor del poeta, sus sentimientos personales, como el destino de la humanidad sufriente.

El primer libro de poemas de Leivick, que apareció en el año 1919, fue reeditado varias veces, teniendo una repercusión enorme. Toda Polonia y América del Norte lo recibieron con júbilo. El mencionado libro fue incorporado al patrimonio de la literatura judía, como una de sus valiosas adquisiciones.

Pero inesperadamente para los amigos íntimos y para el público lector, surgió Leivick el comediógrafo. He aquí las obras dramáticas de Leivick: Golem (figura simbólica judía), escrita en 1919; Trapos, en el mismo año; De un modo diferente, en 1922; La bancarrota, en 1925; Hop, en 1926; Hirsch Leckert, en 1927; Cadenas, en 1930; El sueño de Golem, en 1933; El sacrificio, en 1935; El poeta encegueció, en 1936 (fue presentado en Buenos Aires cuando su autor estuvo es ésa, como delegado al congreso de los Pen Clubs); fue representada en idisch, hebreo, polaco e inglés. Muchos directores han hecho esfuerzos para ofrecer al público este poema dramático, en todos los recursos que el arte escénico posee. Muchos actores célebres, con todo el ardor de sus almas, encarnan este papel, tan difícil.

Analizando las obras de Leivick, es imposible trazar una línea divisoria entre Leivick el poeta y Leivick el dramaturgo. Hasta en sus piezas más realistas él es un poeta; poeta de un lirismo profundo.

En sus dramas ve Leivick, ante todo, el hombre, sus padecimientos y sus esfuerzos para liberarse de los conflictos psíquicos. El sentido profundo de sus obras no puede ser encontrado en la vida cotidiana. Leivick no se propone descubrir los elementos realistas en el hombre; él quiere llegar hasta los lugares más recónditos de su alma, para poder revelar sus ansias. El pensamiento de Dostoievsky: "Los sufrimientos purifican y elevan el alma humana", se convirtió en su guía ideológica. Toda su creación literaria está dedicada a revelar cómo a través de los padecimientos de su existencia, el hombre se esfuerza para lograr la plenitud.

En su juventud Leivick conoció las penurias carcelarias de Siberia. Las blancas inmensidades siberianas y el color rojo de la sangre que fueron el leit-motiv de los primeros poemas reunidos en el volumen Sobre los caminos de Siberia lo persiguen a través de toda su obra. En uno de los poemas citados, habla de sí mismo en estos términos: "En tu interior hay algo que se queja con un quejido bestial y hay algo que canta un canto divino". Este conflicto eterno en el alma del hombre, es el tema de todas las obras de Leivick. Se manifiesta no únicamente en su lírica, sino también en su dramaturgia.

Las obras dramáticas de Leivick se pueden clasificar –de acuerdo con su contenido– del siguiente modo: dramas simbolistas, como Golem y El sueño de Golem; los dramas que reflejan la vida de los judíos en Norteamérica, de carácter realista, como Bancarrota, Hop, El poeta encegueció, y los dramas revolucionarios: H. Leckert, y Cadenas.

Leivick no se deja subordinar, ni por el material, ni por la temática; por el contrario: en sus manos todo se transforma en arcilla blanca sometida a la voluntad del creador, a su ideología, su estado de ánimo y a sus conceptos artísticos.

En el drama Golem, el gran rabino de Praga, dice: "La puerta es muy baja, si queremos pasar por ella tenemos que agacharnos". Pero Golem, este bloque grande de carne humana, creado por el rabino, no quiere aceptar la opinión de su señor y eso lo conduce al desastre. El destino de Golem es simbólico: "Quien no quiere bajar la cabeza, al pasar la puerta construida para los pequeños, recibe golpes muy dolorosos".

Como es sabido, Golem ha sido creado por el rabino con una enorme hacha en la mano, y tenía como misión oponer una resistencia física al enemigo. No obstante, siendo Golem un ser sin inteligencia y sin poder de reflexión, a menudo usaba el hacha contra los suyos.

El gran rabino, aterrorizado por los actos sanguinarios de Golem, hizo de él un ser pensante. Pero éste, también ahora, traspasó los límites fijados por el creador. En resumen: sin haber resuelto el problema anterior surgió otro nuevo.

Según Leivick, sus dramas de carácter diferente, Golem, Hop y Cadenas, están perfectamente unidos, puesto que las mismas trabas no permiten al hombre realizar sus sueños de libertad y de belleza. En todo el mundo las cadenas y los párrafos son más potentes que el ser humano, y si éste se atreve a declarar una guerra contra las fuerzas tenebrosas, queda aniquilado por la seudojusticia.

Leivick muestra en sus obras a la gente sencilla que hace todo lo posible para adecuarse. Al lado de ellos, vemos a los que no quieren agachar la cabeza. Ciertamente que reciben golpes muy fuertes, pero no se descorazonan, quedan firmes y erguidos, pues su conciencia es limpia.

En cierta parte dice Leivick: "Cuando la palabra cálida penetra profundamente en el corazón del hombre, su conciencia se ilumina y lo induce a desear lo bello y lo justo".

Estos son los pensamientos del gran lírico y dramaturgo judío.