FICHA TÉCNICA



Notas Con motivo del llamado auge teatral, el autor cita y comenta la nota editorial SarampiÛn teatral, publicado en ⁄ltimas Noticias de ExcÈlsior en 1953

Referencia Armando de Maria y Campos, Verdad y mentira de nuestro cacareado auge teatral, en Novedades, 18 julio 1953.




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Novedades

Columna El Teatro

Verdad y mentira de nuestro cacareado auge teatral

Armando de Maria y Campos

Nada ms difcil que conservar el equilibrio con un pie en una poca y el otro, naturalmente, en la otra. Este es mi caso en lo que se refiere a mis actividades como cronista de teatro. Creo conocer a fondo el pasado inmediato a los aos que empec a tener conciencia de lo que vea representar en los teatros, maromear en los circos, torear en las plazas de toros. De lo que ya vi, y sent con conciencia propia, guardo imborrables recuerdos, y conservo documentacin nada mentirosa de lo mucho que sobre el particular he escrito. Mis recuerdos se proyectan claros y precisos. He visto nacer varios movimientos teatrales, desaparecer y aparecer modas y modos. No todo lo pasado es para m lo mejor, ni tampoco creo que lo actual, por provenir de los jvenes, supere en todo a lo de ayer. Pero como he visto muchos auges y muchas crisis de nuestro teatro, no creo que el auge que se dice tiene ahora nuestro teatro sea excepcional, o que su crisis sea ms grave que otras que ha logrado superar.

Ahora hay mucho ruido, pero son pocas las nueces... Por nueces se debe entender lo mismo teatros, que actores o que autores.. No hablo de compaas, o de elencos, porque no los hay. Ahora slo se forman "grupos". Lo que s es totalmente diferente de poca a poca, es el pblico que lleva a las 100 representaciones a una obra ms o menos buena, en otras pocas no era fcil sostener una temporada ms de diez o doce representaciones. En esto est la diferencia de todo, la explicacin y el resultado actual.

Temo, a veces aparecer como un viejo prematuro que aora el pasado. No soy, sin embargo, tan joven como para encandilarme fcilmente. En esta duda, en esta situacin ambigua, la mayora de las veces me abstengo. Pero si alguien me da la nota, sigo el tono.

En reciente edicin del diario meridiano Ultimas Noticias, apareci en su seccin editorial, un certero y ponderado comentario que quiero traer a esta columna, y lamento profundamente no saber quin lo escribi para hacerle justicia mencionando su nombre. Se titula Sarampin Teatral, y enfoca, revela y fija admirablemente el estado actual de nuestro teatro y explica con diamantina claridad por qu el auge de nuestro teatro no es tal auge, y, lo que es ms elogiable, seala el remedio para el mal que est agravando la crisis porque atraviesa en la ciudad de Mxico.

Dice as: "Ha habido necios que interpretan la profusin de teatros de todos los tamaos y categoras como un luminoso indicio de resurgimiento artstico en ese ramo que antao tuvo gran presencia, que fue fuente de cultura y expresin de ingenios y que, en lo que va corriendo de este siglo ha venido resbalando por la triste pendiente de una irrefrenable decadencia. No hay tal sntoma de recuperacin. Por el contrario, precisamente esa erupcin alocada, cretina y abominable viene a demostrar que el gnero teatral est rodando al abismo.

"Aplaudiramos sin reservas y nos ufanaramos con el mejor de nuestros entusiasmos si todo ese alud de ensayistas, de `piecesitas' que se estrenan todos los das, de tablados que se levantan a diestro y siniestro, de autores que surgen de aqu y de all como por obra de magia, de aficionados que se lanzan al `tinglado de la farsa' consagrando a l juventud y energas, tuviese contenido artstico y calidad. Pero, hay cada mamarracho! Es ms: excepcin hecha de uno que otro acierto, no hemos podido encontrar sino un vaciadero de inmundicia. Unas veces, porque se cree que el teatro 'moderno' tiene que ser realista, otras, porque se ha aceptado como una verdad indiscutible que si el teatro no es 'atrevido' no despierta inters. Lo cierto es que, basndose en los xitos de unas pocas obras, en verdad realistas y atrevidas, no hay estreno que no quiera aventajarlas hasta llegar a lo positivamente procaz.

"Naturalmente que el pblico que se respeta no asiste a semejante espectculo. Por eso aunque se anuncie en las carteleras que es la centsima o milsima representacin, no hay que creer que esto significa aceptacin, sino empeo en el trabajar a teatro vaco. Felizmente todava hay buen gusto y an quedan residuos de vergenza y decoro.

"El Departamento del Distrito Federal, con general beneplcito, ha emprendido una enrgica y saludable campaa contra prostbulos, galanteos callejeros y cabaretuchos, porque ha entendido que es deber suyo proteger a la sociedad contra las corrientes de inmundicia. Por qu permite el desenfreno teatral, inmensamente peor que todo lo que ha combatido con denuedo? Las escenas de algunas obrillas que estn exhibindose son asquerosas, sencillamente repugnantes. Qu puede haber de arte en horrendas desviaciones morales, en perversiones sexuales apenas concebibles, en descaros que en cualquier antro causara escndalo? Debe ejercerse una estricta vigilancia sobre este particular. Ya est bien de que cualquier grupo de irresponsables, a guisa de cmicos y autores, quieran cobrar boleto de entrada por manifestar intimidades obscenas. Por esos caminos no slo no resucita el arte teatral sino se hunde, y se hunde no en el desuso que guarda vestigios prestigiosos, sino en el fango atroz de lo corrompido y deleznable. Las autoridades deben darse cuenta de la clase de obras que estn exhibindose y vern que no puede seguirse tolerando esta inundacin de cieno".

Con la reproduccin de este editorial contesto a quienes me leen en esta columna y me han preguntado por qu an no escribo crnicas de A puerta cerrada, o de Vivir para ti.