FICHA TÉCNICA



Título obra Cuarteto deshonesto

Autoría Fernando Sánchez Mayans

Dirección Miko Viya

Elenco Marilú Elízaga, Rafael del Río, Carlos López Moctezuma, Magda Guzmán

Escenografía Antonio López Mancera

Espacios teatrales Teatro Fábregas

Referencia Mara Reyes (seudónimo de Marcela del Río), “Diorama teatral. Mucha deshonestidad”, en Diorama de la Cultura, supl. de Excélsior, 8 octubre 1961, p. 2.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

Diorama de la Cultura, Excélsior

Columna Diorama Teatral

Mara Reyes

Mucha deshonestidad

Cuarteto deshonesto. Teatro Fábregas. Autor, Fernando Sánchez Mayans. Dirección, Miko Viya. Escenografía, Antonio López Mancera. Reparto: (por orden de aparición), Marilú Elízaga, Rafael del Río, Carlos López Moctezuma y Magda Guzmán.

Desde esta misma columna, el año pasado, cuando se estrenó la primera obra de Fernando Sánchez Mayans Las alas del pez, dijo que podría ser la merecedora del Premio Juan Ruiz de Alarcón, lo cual sucedió. No obstante hoy, sintiéndolo mucho, pues siempre quisiéramos que quien bien ha empezado, bien continúe, es preciso hablar de su segunda obra: Cuarteto deshonesto, como del primer fracaso de su carrera de dramaturgo.

¡El fracaso es un riesgo del oficio!

Se supone que Fernando Sánchez Mayans, por la forma en que está planteada la obra, nos quiso decir algo con ella, pero debo confesar que no sé a ciencia cierta qué es lo que él quiso decir: ¿Que hay madres que aman a sus hijos en forma poco moral? o ¿que hay hombres fracasados y débiles que no saben ser verdaderamente hombres? o ¿que hay hijos que se prestan a realizar una vendetta–así a la italiana, contra su propio padre? o ¿que hay mujeres que se entregan a un hombre para obtener una posición y dinero, sin sentir amor de ninguna especie? o bien, ¿que la juventud acaba por romper las sucias amarras y las raíces podridas y liberales? Repito: no sé lo que Sánchez Mayans quiso decir.

En cuanto a construcción dramática, la obra se viene abajo desde el principio; el telón del primer acto es el más poco teatral de cuantos pueden concebirse. Los tres actos transcurren entre confesiones, explicaciones y largos discursos, realizados siempre en forma reiterativa y en tono melodramático.

La anécdota, aunque tirada de los cabellos, quizá podría haberse explotado mejor, siempre y cuando Sánchez Mayans hubiera dado otro tratamiento a su obra, quitándole ese sabor truculento y folletinesco. Pero tal como está escrita, es digna de figurar mejor entre el montón de argumentos escogidos por nuestro malhadado cine nacional, que entre las obras serias de nuestro teatro. ¿Qué pasó con Sánchez Mayans? Todavía me lo pregunto. ¿Por qué olvida su forma de escribir un diálogo realista y sincero de su anterior obra, para caer en ésta en uno discursivo, falso y efectista?

Para estar a tono con los desconciertos de la obra, parece que el director, Miko Viya –quien después de su éxito en ¿Conoce usted la Vía Láctea? obtiene con esta obra, igual que el autor, su primer fracaso–, decidió resaltar las situaciones absurdas, los errores, la inconsistencia de los personajes, llegando en momentos a hacer más ridículas las situaciones.

Será que cuando la semilla es mala, la planta sale torcida, porque inclusive actores que conocíamos como buenos, para muestra Magda Guzmán, están ahora falsos totalmente. Marilú Elízaga hace quizá el papel más desairado de su carrera –además de no saberse sus parlamentos. Carlos López Moctezuma se defiende con su monotonía y Rafael Del Río –que hace su presentación en el teatro profesional, después de haber hecho teatro infantil–, demuestra tener madera buena para ser tallada por un buen director.

Quien verdaderamente se llevó las palmas, fue el creador de la iluminación –sea el director o Antonio López Mancera, escenógrafo–, pues nadie sabe jamás por qué baja o sube de intensidad la luz. Y lo que acabó de dar el remate a tan magnífico conjunto, fue la música de fondo muy propia para hacer derramar abundantes lágrimas a un público de melodrama.