FICHA TÉCNICA



Título obra La excepción y la regla

Autoría Bertolt Brecht

Notas de autoría Eduardo Mata de Alba / traducción

Dirección Eduardo Mata de Alba

Notas de dirección Enrique Lizalde / director del recital poético inicial

Elenco Luis Miranda

Música Rocío Sanz

Grupos y compañías Estudiantes de la Escuela Teatral del INBA, Sociedad de Alumnos de la Escuela Teatral del INBA

Espacios teatrales Sala Xavier Villaurrutia

Eventos XV Aniversario de la Escuela Teatral del INBA

Referencia Mara Reyes (seudónimo de Marcela del Río), “Diorama teatral. Brecht y el engendro D’Alarcón”, en Diorama de la Cultura, supl. de Excélsior, 20 agosto 1961, pp. 2 y 4.




Título obra Perdón es usted maravillosa

Autoría Georges Feydeau

Notas de autoría Raúl Zenteno / traducción

Elenco Leopoldo Ortín (Polo), Eduardo Suárez, Celia D'Alarcón, Pomponio, Oscar Pulido, Víctor Manuel Castro, Gloria Santacruz, Mary Ellen, Gustavo Arreola, Alfonso Arana, Yapur Chehuan, Sergio Elizondo, Emilio Abdala

Escenografía David Antón

Espacios teatrales Teatro D'Alarcón

Referencia Mara Reyes (seudónimo de Marcela del Río), “Diorama teatral. Brecht y el engendro D’Alarcón”, en Diorama de la Cultura, supl. de Excélsior, 20 agosto 1961, pp. 2 y 4.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO 2

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Referencia Electrónica

Diorama de la Cultura, Excélsior

Columna Diorama Teatral

Brecht y el engendro D'Alarcón

Mara Reyes

La excepción y la regla. Sala Villaurrutia. Autor, Bertolt Brecht. Traducción y dirección, Eduardo Mata de Alba. Música, Rocío Sanz. Reparto: Estudiantes de la Escuela Teatral del INBA.

La Sociedad de Alumnos de la Escuela Teatral del INBA, para conmemorar el XV aniversario de la fundación de dicha escuela llevó a escena varias obras de Villaurrutia y una obra breve La excepción y la regla de Bertolt Brecht, que cumplió, el día 14 de este mes cinco años de fallecido.

Bastante se ha hablado y más se hablará de Bertolt Brecht ya que su teatro se adivina vigente aún por mucho tiempo. La obra que ahora se presenta, fue escrita por el autor en el año de 1930, a la edad de 32 años –ya había vivido Brecht una guerra. Fue ese mismo año el de la crisis económica, que llevó al paro, en Alemania a algo más de seis millones de trabajadores. También fue el año en que Brecht elaboró su teoría del teatro.

Para entonces, Brecht ya había escrito varias de sus piezas teatrales (la primera la escribió a la edad de 20 años): Baal, Tambores en la noche, En la jungla de las ciudades, Vida de Eduardo II de Inglaterra, Hombre por hombre, La ópera de dos centavos (1928), Grandeza y decadencia en la ciudad de Mahagonny, El ladrón de Lindbergh, El que dice sí, es quien dice no, y Santa Juana de los mataderos. En la obra de Brecht la preocupación por 1o problemas sociales se deja ver en todo momento. El autor critica la moral, la justicia y otros conceptos de la clase social burguesa que se mantiene en el poder. Brecht toma la causa de los oprimidos y trata de abrirles los ojos. Su primer postulado lo apunta así:

"General, puede obtenerse muchas cosas del hombre, puede robar, puede matar. Pero tiene un defecto: puede pensar".

“Puede pensar”, he ahí la clave del teatro de Brecht, y para excitar al público a pensar, recurre a un nuevo sistema de actuación: el distanciamiento; recurre a la dialéctica, recurre a la poesía, a la épica; es decir busca todos los recursos que darán la conformación global de su teatro.

Brecht era ante todo un antidogmático, como lo demuestra su aseveración de que “quizá un día llegará a acostumbrarse el hombre a ese sentido de extrañeza de mi teatro, entonces será el momento de encontrar nueva [p. 3] ruta” y concluía que nosotros “deducimos nuestra estética, al igual que nuestra moral, de las necesidades de nuestro combate” –dialéctica pura: nada es eterno todo se transforma. Para él la estética de nuestro tiempo va ligada a la ciencia; “La ciencia por su parte dice , se opone a los objetos. Un zoólogo no se identifica con una langosta; a lo más la describe”. Es por eso que él no desea que su auditorio se identifique con los héroes de la escena, sino que cada individuo sea capaz de analizar su emoción, como adulto. En vez de adormecer al hombre, Brecht, trata de despertarlo.

Al final, decide que no le gusta ordenar, ni ser servido y pone todo su arte al servicio de sus ideas.

Y así Brecht, hombre de teatro que fundió al dramaturgo, al poeta, al director, al maestro, dedica sus energías a la modificación, al cambio de las sociedades, del hombre, y lanza un reto a la Humanidad que sintetiza en una frase de su Galileo Galilei: “el destino del hombre está en el hombre”... no en el destino. El antidogmático se dedica a demoler héroes, a demoler a una sociedad decadente, a demoler convenciones teatrales, se dedica a narrar los hechos en una forma totalmente nueva, rompiendo lo habitual, haciendo insólito lo frecuente. Goethe en su Tratado de la poesía épica y dramática

Cuando el inocente es abatido,
en torno a su cuerpo se reúnen los jueces y lo condenan.
Sobre la tumba del justo asesinado,
ha de asesinarse también su derecho.

Al presentar Brecht a un hombre que asesina a un sirviente al que ha vejado y maltratado, golpeado y humillado, cuando el sirviente va a ofrecerle agua en medio del desierto, es absuelto por el tribunal que se apoya en el argumento de que obró en defensa propia, ya que temió que aquel sirviente lo matara, pues sólo odio podía esperar de ese sirviente quien lo había maltratado tanto. Hace clara pues, la idea de que lo lógico sería que aquellos que son vejados y humillados y obligados a vivir en el hambre, mataran a aquellos que los tienen sojuzgados. Es decir, un acontecimiento diario, como es el hecho de que un trabajador soporte su miseria y su doblegamiento, Brecht nos lo presenta como algo absurdo. La regla hubiera sido que el sirviente matara, la excepción que el sirviente ofrezca agua a quien lo hace vivir en condiciones infrahumanas. Este es el punto clave de la teoría de Brecht: por medio del pensamiento influir en el espectador para que éste tome decisiones y mueva su voluntad atrofiada. Es la forma que Brecht conduce a su auditorio a una verdadera valoración de su ambiente y de los hechos con que debe enfrentarse. Porque para Brecht la existencia social es la que determina el pensamiento.

Es un avance que nuestra juventud –que se dedicará al teatro profesional el día de mañana–, se preocupe por llevar a la escena a este autor que tan importante es para la dramaturgia moderna. Desde luego la puesta en escena tiene errores –lógico–, como la lentitud, la monotonía (ajena totalmente al teatro brechtiano), la música poco adecuada de las canciones, etc… pero ya es algo que estos jóvenes estudiantes traten de salir de los formalismos.

El recital poético inicial muy bien dirigido por Enrique Lizalde y también muy acertada la elección de los poemas y parábolas, forma de narración teatral preferida por Brecht. Un actor de enormes posibilidades se hace presente: Luis Miranda. En fin un esfuerzo que a fuerza constante dará buenos frutos.

Lo primero que hace como teórico, es decirle al actor que el público no es una masa informe o uniforme, sino que entre los hombres que forman “el público” hay división de clases, así pues el actor debe tomar partido por su personaje o contra de su personaje, según sea su actitud para con una clase social, si amistosa, si hostil. ¿Cómo llegó Brecht a entregarse así a la revolución? (Revolución en contenido, en tema, en forma). Es difícil concluirlo, ya que él era hijo de un director de una pequeña fábrica de papel y fue educado para ser de los que “ordenan”, pero él mismo confiesa:

Nací de padres
acomodados. Me ataron
un cuello duro y me educaron
en el hábito de ser servido.
Y aprendí el arte de ordenar. Pero
cuando grande
comencé a mirar alrededor de mí.
La gente de mi clase no me gusto...
... y abandoné a mi clase y me uní
a la pobre gente,
… Sí, divulgo secretos. Estoy
en medio del pueblo
y explico
cómo engañan a la gente y predigo
lo que ha de ocurrir.
Pues he sido iniciado en mis planes.

establecía una sola diferencia entre el poeta épico y el poeta dramático: El primero –decía–, presenta el acontecimiento como absolutamente pasado y el segundo –o sea el poeta dramático–, lo presenta como absolutamente presente. Hace notar Paul Rilla en su ensayo sobre el Teatro épico y dramático que Brecht hace una alianza entre las dos formas de vivir el acontecimiento y dice que de una alternancia de lo épico y lo dramático, Brecht, hace un acontecimiento teatral. Nada más cierto.

En La excepción y la regla, la crítica de Brecht se endereza en contra de la justicia (burguesa), que se siente con la obligación de defender a los que están arriba:

Así como hay actividades teatrales que son loables por su esfuerzo, aun cuando su calidad diste de llegar a la perfección, hay otras de ésas no sólo deleznables, sino que merecen una enérgica reprobación, por las consecuencias tan nocivas, de distintos órdenes, que pueden acarrear.

Si la señora Celia D'Alarcón es mala actriz, y a pesar de eso le gusta el teatro, muy en su derecho de hacer el ridículo, pero sí además reúne un grupo teatral (?), siquiera digno de figurar en el Lírico o en el Blanquita, y con ese conjunto interpreta (?), una adaptación execrable de un vodevil de Georges Feydeau, cuidando muy bien de hacer cada escena como un sketch de carpa ínfima, y todo esto bajo el disfraz de hacer “teatro de comedia”, puede decirse que la señora D'Alarcón, está cometiendo un crimen de leso teatro.

No hablemos ya de la escenografía, que no nos explicamos cómo puede haberla firmado David Antón; ni de la dirección, que no existe, ni de la falta de respeto hacia el público, cuando los intermedios se hicieron durar más de media hora para llegar después al parto de los montes.