FICHA TÉCNICA



Título obra Rinocerontes

Autoría Eugène Ionesco

Notas de autoría Antonio Passy / traducción

Dirección Antonio Passy

Elenco Gabriela Bey, Magda Donato, Raúl Quijada, Antonio Bravo, Guillermo Zarur, Manola Saavedra, Claudia Millán, Felipe Cueto, Ricardo Adalid, Xavier Massé, Manuel Zozaya, Alonso Castaño, Ana María Blanch (Anita), Antonio Passy

Escenografía Antonio López Mancera

Notas de Música Carlos Jiménez Mabarak y Francisco Villalpando / efectos musicales

Grupos y compañías Compañía de Repertorio de Bellas Artes

Espacios teatrales Sala Chopin

Referencia Mara Reyes (seudónimo de Marcela del Río), “Diorama teatral. Rinocerontes, ”, en Diorama de la Cultura, supl. de Excélsior, 13 agosto 1961, p. 2.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

Diorama de la Cultura, Excélsior

Columna Diorama Teatral

Rinocerontes

Mara Reyes

Rinocerontes. Sala Chopin. Autor, Eugène Ionesco. Traducción, dirección y actuación de Antonio Passy. Escenografía, Antonio López Mancera. Efectos musicales, Carlos Jiménez Mabarak e ingeniero Francisco Villalpando. Reparto: Gabriela Bey, Magda Donato, Raúl Quijada, Antonio Bravo, Guillermo Zarur, Manola Saavedra, Claudia Millán, Felipe Cueto, Ricardo Adalid, Xavier Massé, Manuel Zozaya, Alonso Castaño y Anita Blanch.

Que a la tormenta la antecede la calma es bien sabido. Después de un mes de inactividad sólo interrumpida por uno que otro acontecer en nuestros escenarios, se estrena Cuatro y Ernesto, de Alfonso Paso, se repone La discreta enamorada de Lope de Vega, se hace un Festival Dramático para celebrar el XV aniversario de la Escuela de Arte Teatral del INBA durante el cual se llevan a escena; El ausente, En qué piensas y Juego peligroso, de Xavier Villaurrutia, además de una obra de Bertolt Brecht: La excepción y la regla. La Compañía de Repertorio de Bellas Artes, para finalizar la semana, estrena la obra de Eugène Ionesco Rinocerontes.

Como el espacio no nos permite extendernos, nos limitaremos a hablar de esta última obra, reservándonos para la próxima semana el referirnos a otras de las obras estrenadas, especialmente de Bertolt Brecht, quien cumple el 14 de agosto, cinco años de su fallecimiento.

En el programa que publica el INBA, de la obra Rinocerontes, aparece una nota escrita por el propio autor en la que afirma que él sólo quiso “hacer la crítica de los totalitarismos”, especialmente del nazismo y llega inclusive a decir que le sorprende el éxito de esta obra en otros países –obra a la que unos atacan de localista, afirma Ionesco, y otros de caer en la vaguedad– y, acaba por preguntarse si no habrá “puesto el dedo en una llega ardiente del mundo actual”.

Esta pregunta podría responderse sin lugar a dudas afirmativamente. Y es que Ionesco, aparte de reprobar ese pensamiento “intelectualizado” que sólo recita slogans y que apoya la histeria colectiva con fundamentos filosóficos, hace toda una crítica al formalismo en la vida, a los lugares comunes, a la forma convencional de vivir que lleva al hombre a la animalidad. Es por eso que en la escena contrapuntística del primer acto, mientras en una mesa se hacen silogismos y juegos de lógica a propósito de los animales, todas las respuestas coinciden palabra por palabra, con los consejos que Jean da a Berenguer, sobre la forma correcta de vivir.

También muestra Ionesco con maestría las diferentes posiciones que adopta cada individuo frente a los acontecimientos, ya sean insólitos o triviales y cotidianos. Cuando la gente de la calle ve pasar a los dos primeros rinocerontes, un individuo ve las apariencias, es decir, se preocupa de si tenían un cuerno o dos, otro hace una deducción geográfica: ¿de qué región serán dichos rinocerontes? Otros espectadores ven los aspectos periféricos: ¿cómo permiten las autoridades que anden rinocerontes por la calle? La vieja se duele que le haya matado el rinoceronte a su gato, otro personaje se resiste a creer que sea verdad lo que ha visto, pero nadie ve el hecho concreto, ¿por qué ha sucedido tal acontecimiento?

Ionesco, a través de su personaje Berenguer –único hombre que no se trasmuta en rinoceronte, es decir que no se deja llevar por las “corrientes” de moda– hace una defensa de la individualidad ser uno mismo, de no dejarse arrastrar. Y si se sirve de Berenguer, en lugar de escoger a un sabio, o a un artista, o a un santo es para evitar el símbolo y caer él mismo en aquello que critica: la despersonalización. Por eso Berenguer es un pobre diablo, al que no le importa ni ser intelectual, ni un trabajador ejemplar; es un hombre común y corriente, capaz de sentir ira, arrepentimiento, ternura, que llega tarde a su oficina y hace trampa para que no le sancionen; es un hombre al que no le importa andar sin corbata y beberse unas copas si ello le viene en gana; es un hombre que en un momento dado, debido a las recriminaciones del amigo decide “reivindicarse”, pero que al primer suceso insólito se olvida de su “voluntad”, de seguir el consejo y en lugar de irse a “cultivar” al museo, se va a beber una copa. Es decir, es capaz de ser él mismo, hombre y nada más, y vivir su propia vida. Es por eso que no tiene vocación para contagiarse de la rinocerontitis.

Claro está que Ionesco nos muestra cómo cuando se es sí mismo, el hombre se encuentra solo, pero él prefiere estar solo que claudicar.

En cuanto a la puesta en escena, se debe deslindar el trabajo de Antonio Passy, director y Antonio Passy, actor. Como actor, logró en el último acto impresionar, como si tuviera una especial capacidad de monologar. Dio fuerza a su personaje y plasmó la angustia, el desprecio, la soledad y en fin todas las emociones que en aquel momento embargan a Berenguer.

Como director, consideramos que imprimió a la obra dos estilos diferentes. Tal como pudimos apreciar, Passy considera que Ionesco pide en los primeros actos un tono cómico para girar después a la tragedia. Desde luego, todo punto de vista es respetable, pero yo estoy por otro tipo de matiz en los primeros actos. No puedo concebir los tres primeros actos de la obra como una comedia simple, sin trascendencia, como trata de presentárnosla Passy, sino como una tragicomedia, si es que podemos emplear los términos ya consabidos. No puede ser motivo de risa despreocupada la coincidencia de respuestas al hablarse de los gatos y de la vida del hombre, en todo caso, si asoma la sonrisa en el espectador, deberá ser una sonrisa amarga.

Hay personajes, como Bolard, que en la obra son de una gran fuerza y que sin embargo, fueron convertidos por la dirección en una caricatura, y ésta hace perder la correcta dimensión.

Aun cuando la idea de hacer la simbolización de los bramidos de los rinocerontes con efectos musicales, es muy buena, sin embargo advertimos que les faltó fuerza a esos efectos. La masa de los rinocerontes debía estar siempre presente y no lo sentimos así, muy frecuentemente nos olvidamos que los hombres se iban convirtiendo en rinocerontes segundo a segundo, allá en las casas, en las calles.

Si toda la obra hubiera tenido como base de su unidad la dirección que Passy puso en práctica en el último cuadro, indudablemente habríamos encontrado la representación menos alejada del sentir ionesquiano.

Referirse a cada uno de los actores llevaría demasiado espacio, así que sólo se puede anotar que sobresalen: Passy (buen traductor y buen actor), Magda Donato, Xavier Massé, Anita Blanch. A Raúl Quijada le encontramos demasiado gritón –seguramente por indicación del director, pues en general toda la obra está demasiado gritada, demasiado precipitada. A Manola Saavedra, muy a la española y poco emotiva. A Alonso Castaño, sobreactuado. Discretos, Manuel Zozaya, Antonio Bravo, etc… (En general el estilo de actuación, nos pareció poco moderno para el teatro de Ionesco).

En cuanto a la escenografía, mi primera impresión me llevó a preguntarme: ¿Cómo será esta obra con una escenografía sugerente, no realista, que dé mayor vuelto a la increíble imaginación del autor?

No obstante los errores –en resumen difiero únicamente en el punto de vista de la interpretación– esta obra es el primer escalón que asciende, definitivo, la Compañía de Repertorio de Bellas Artes.