FICHA TÉCNICA



Título obra Tan cerca del cielo

Autoría Wilberto Cantón

Dirección Virgilio Mariel

Elenco Gloria Marín, Carlos Bribiesca, Héctor Gómez, Magda Donato

Escenografía David Antón

Vestuario David Antón

Espacios teatrales Teatro Fábregas

Referencia Mara Reyes (seudónimo de Marcela del Río), “Diorama teatral”, en Diorama de la Cultura, supl. de Excélsior, 9 julio 1961, p. 3.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

Diorama de la Cultura, Excélsior

Columna Diorama Teatral

[Tan cerca del cielo]

Mara Reyes

Tan cerca del cielo. Teatro Fábregas. Autor, Wilberto Cantón. Dirección, Virgilio Mariel. Escenografía y vestuario, David Antón. Reparto, Gloria Marín, Carlos Bribiesca, Héctor Gómez etc…

¿Justificar a Carlota? ¿Ensanchar la leyenda? ¿Hacer un anecdotario? Ignoramos cuál es el verdadero objetivo que tuvo Wilberto Cantón al escribir esta obra. Resultado: Abuso de anécdotas, pobreza de diálogo y sostenimiento de una tesis antihistórica, ya que en dicha obra el autor sugiere la idea de que Carlota no era realmente la ambiciosa que se cree, sino que sólo quiso conseguir un reino porque Maximiliano lo necesitaba, es decir, como un sacrificio al que la impulsaba su amor. Pero sería lo de menos que la interpretación que de los hechos hace Cantón fuera o no histórica, cada autor tiene derecho a escoger, al escribir, entre la leyenda y la historia, entre la verdad y la ficción o a revolver unos elementos con otros; al teatro nunca se le ha exigido autenticidad histórica, sino arte.

Desgraciadamente en lo que se refiere al aspecto puramente artístico y a la técnica dramática, la obra de Cantón nos pareció que no llena los requisitos más elementales de una obra de arte. El lenguaje es ingenuo, y lleno de frases efectistas (como aquella de que Carlota es la única mujer que ha dormido en el Vaticano, cosa totalmente falsa). Si escogemos al azar algunas escenas, encontramos que el ambiente es igualmente falso. Un consejo de ministros como el que Cantón presenta, demuestra un absoluto desconocimiento de cómo eran esos consejos. También se ignora el protocolo de la corte e incluso es risible la forma de presentar la corte que rodea a Carlota y a Maximiliano en México. Habría que recordar a Virgilio Mariel que como director, en vez de corregir ciertos errores de la obra en estos aspectos, los acentuó a tal extremo que parecía que presenciábamos un baile de quince años actual, con las acostumbradas damas vestidas de tul.

Por sobre todo eso, en la obra muchos personajes sobran. Tal parece que Benito Juárez aparece única y exclusivamente para pronunciar su frase famosa acerca del respeto al derecho ajeno, pues no tiene ninguna otra finalidad dentro de la trama.

En lo que se refiere a la dirección, ya habíamos apuntado algún aspecto, pero los errores de Mariel van mucho más allá de un desconocimiento del ambiente, evidencian también un estilo anticuado de dirección, aquél en el que se creía que todos los personajes debían hablar al público y no tener interrelación entre sí, amén de otros muy notables errores que se dejan ver en las mediocres actuaciones de los intérpretes. ¡Cómo es posible que un Héctor Gómez, una Magda Donato (Premio 1960 a la mejor actuación femenina) y especialmente un Carlos Bribiesca, aparezcan tan desmedrados! Y aunque Gloria Marín estuvo muy correcta en actitud y demostró una entrega total a su trabajo, no dudamos, por ejemplo, que a manos de otro director hubiera corregido su hablar cantado (lógico en una persona que nunca ha actuado en teatro) y tal vez no se le hubiera permitido que sus vestidos fueran recubiertos con plástico en la parte inferior, cosa que no sólo distrae al público sino que resulta antiestética y mezquina.

En esta ocasión, David Antón –a quien en otras ocasiones hemos brindado cálidos aplausos–, no nos convenció con su escenografía –que no era ni sugerente, ni realista– mucho menos con el vestuario que diseñó. Todos los trajes se veían de pacotilla, de mal gusto, y muchos inapropiados. Unos cuantos personajes aparecieron vestidos en forma correcta.

No obstante, creemos que por ser una obra demasiado accesible, demasiado llena de concesiones, satisfará al público que gusta de las leyendas. En cuanto a su fracaso artístico, achacamos gran culpa a Virgilio Mariel, que en lugar de limar las asperezas de la obra las acentuó en forma extrema.