FICHA TÉCNICA



Título obra Tal día como hoy

Autoría Eugene O'Neill

Notas de autoría León Mirlas / traducción

Dirección Fernando Wagner

Elenco Enrique Aguilar, Luis Aceves Castañeda, Adriana Roel, Ana María Blanch (Anita), Miguel Ángel Ferriz, Antonio Passy, Rita Macedo, Guillermo Zahur, José Mena, Albino Castro

Escenografía Antonio López Mancera

Vestuario Antonio López Mancera

Grupos y compañías Compañía de Repertorio de Bellas Artes

Espacios teatrales Sala Chopin

Eventos Debut de la Compañía de Repertorio de Bellas Artes

Referencia Mara Reyes (seudónimo de Marcela del Río), “Diorama teatral”, en Diorama de la Cultura, supl. de Excélsior, 11 junio 1961, p. 2.




Título obra Cosas de papá y mamá

Autoría Alfonso Paso

Notas de autoría Manuel Sánchez Navarro / adaptación

Dirección Manolo Fábregas

Elenco Niní Marshall (Catita), Óscar Ortiz de Pinedo, Luz María Aguilar, Joaquín Cordero, Miguel Suárez, Lupe Pallás

Escenografía David Antón

Notas Manolo Fábregas es Manuel Sánchez Navarro

Referencia Mara Reyes (seudónimo de Marcela del Río), “Diorama teatral”, en Diorama de la Cultura, supl. de Excélsior, 11 junio 1961, p. 2.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

Diorama de la Cultura, Excélsior

Columna Diorama Teatral

[Tal día como hoy, Cosas de papá y mamá]

Mara Reyes

Tal día como hoy. Sala Chopin. Autor, Eugene O'Neill. Traducción, León Mirlas. Dirección, Fernando Wagner. Escenografía y vestuario, Antonio López Mancera. Reparto, Compañía de Repertorio de Bellas Artes: Enrique Aguilar, Luis Aceves Castañeda, Adriana Roel, Anita Blanch, Miguel Ángel Ferriz, Antonio Passy, Rita Macedo, Guillermo Zarur, José Mena y Albino Castro.

La creación de una compañía permanente de teatro por el INBA, es una magnífica noticia; después de tantos años un sueño se realiza. Un problema ha existido siempre en México –y en otros muchos países–, y es la inestabilidad económica de quienes realizan el espectáculo teatral, problema que trae aparejado un menor rendimiento en el trabajo del artista, ya que en lugar de emplear su tiempo y energía en la preparación de sus interpretaciones, debe perder ambos en la búsqueda constante del modus vivendi. Por fin el INBA, asegura a un grupo seleccionado ese diario vivir que le permitirá consagrarse única y exclusivamente a su trabajo, sin preocuparse de ese diario batallar. La formación de una compañía permanente también logra que el actor olvide una de las mayores banalidades: la de los “créditos”, ya que los papeles estelares –en toda compañía seria–, son rotatorios, pues la calidad se demuestra en la escena y con cualquier papel, y no en el orden que ocurre el nombre en el programa o en la marquesina de un teatro.

La primera obra con la que debuta la Compañía de Repertorio de Bellas Artes es Tal día como hoy, nombre adjudicado a la obra A touch of the poet, titulo mucho más sugestivo y teatral que el de la traducción. Confesamos que no hemos leído la obra original e ignoramos de tal suerte si la traducción está fielmente apegada a ella, así pues, hablaremos de dicha obra tal y como nos fue presentada en la Sala Chopin, por Fernando Wagner.

Por principio de cuentas, hay que partir de que se advierte en O’Neill tal preocupación por los caracteres, que la obra se quede en eso: personajes sólidos, fuertes, consecuentes consigo mismos, pero que carecen de una acción dramática que despierte todo el interés por aquello que ocurre sobre el escenario; especialmente nos referimos a los dos primeros actos.

Se nos presenta el derrumbe de las barricadas que un hombre se ha construido para defenderse de la sociedad. Estas defensas consisten en determinadas fantasías que tienen por objeto ocultarse a sí mismo su inseguridad ante la vida y un afán de sentirse superior al medio en que nació. En el momento en que esas fantasías le son rotas brutalmente deja de defenderse, para ser un hombre de su ambiente, vencido, y sin más gloria que la de vivir su pobreza sin vergüenza.

Hay un gran canto al amor en esta obra de O'Neill, poco frecuente en sus obras, y una gran ternura. Ese canto, nos lo presenta el autor desde dos puntos de vista diversos, el de la madre, que ha pasado por el dolor de la humillación, del rebajamiento, del rechazo, siempre con el orgullo de estar íntegramente dedicada al esposo, y el de la hija, que descubre de pronto el amor, la entrega, el éxtasis y el valor de la vida.

Es sin duda una de las obras menos negativas de O'Neill y una de las menos teatrales. Su construcción, técnicamente hablando, adolece de un sin fin de defectos. Todo es narración, es reiterativa y sin embargo, como decíamos antes, es la obra en la que sus personajes tienen mayores valores humanos.

Una de las escenas sobresalientes es aquella en la que en el tercer acto, la hija habla de su descubrimiento del mundo a través del amor, mientras la madre habla de sus inquietudes o calla, también por ellas, por el esposo al que amenaza un serio peligro. Son dos monólogos prácticamente ensamblados que nos hablan de la soledad de cada ser humano al vivir sus problemas, sus inquietudes o sus ilusiones.

Difícil debe haber resultado a Wagner la escenificación de esta obra de ritmo tan lento, y contando con un reparto bastante heterogéneo como el que participa en la obra. Tuvo aciertos indiscutibles, aunque también errores serios, como por ejemplo, la forma en que resolvió los factores ambientales, ya que no supo mantener la idea de la cantina adjunta al lugar en que se desarrollan los hechos. Este ambiente de la cantina es fundamental en la obra, para recordar constantemente al público que es de ese ambiente del que el “caballero” quiere huir, para caer irremisiblemente en él. A Wagner se le escapó esto y sólo marcó las risas (¿por qué siempre han de ser risas lo que se oye de una cantina?), cada vez que se abría la puerta de comunicación con ella.

La escenografía, convencional.

Miguel Ángel Ferriz, actor de prestancia, en momentos resulta intolerable por ese defecto de su voz. Anita Blanch, actriz de tablas, ¡de muchas tablas!, algunas escenas las resolvió a base de forma y no de emoción.

Adriana Roel, más futuro que presente, logra una magnífica actuación en el tercer acto. Rita Macedo, firme, segura, arranca, por su sinceridad, un justificado aplauso en su breve aparición. Enrique Aguilar, bien sin deslumbrar. Luis Aceves Castañeda discreto, lo mismo que el resto del reparto pero en conjunto, la puesta en escena resultó poco entusiasmadora.

Ojalá que la próxima obra corra mejor suerte. Bien se lo merece el esfuerzo de haber creado una compañía permanente.

Cosas de papá y mamá. Teatro de los Insurgentes. Autor, Alfonso Paso. Adaptación, Manuel Sánchez Navarro. Dirección, Manolo Fábregas, Reparto: Niní Marshall (Catita), Ortiz de Pinedo, Luz María Aguilar, Joaquín Cordero, Miguel Suárez y Lupe Pallás. Escenografía: David Antón.

En Cosas de papá y mamá, de Alfonso Paso, muy bien adaptada al ambiente mexicano por Manuel S. Navarro, el autor crítica a esa “juventud de provecho”, que a fuerza de preocuparse por ganar dinero, por la ciencia, el trabajo y la camaradería, se ha olvidado del amor y lo suple con úlceras, medicinas y negocios.

Así pues, no son los jóvenes quienes en este caso se enamoran, sino los padres de los jóvenes, lo que crea un conflicto entre los hijos, para al final, como buena comedia, después de hacer una fina burla de los prejuicios de los “muchachos modernos de amplio criterio” y de su falta de sensibilidad, encontrar una divertida solución.

Todas las escenas destilan comicidad. Catita, hace prodigios con su vis cómica, lo mismo que Óscar Ortiz de Pinedo, actor brillante cuando está bien dirigido. Justísima la actuación de Luz María Aguilar, Joaquín Cordero y Miguel Suárez; muy bien también Lupe Pallás.

Manolo Fábregas, con su acostumbrado derroche y profesionalismo nos brinda una producción digna de cualquier compañía comercial del mundo. Este es el tipo de comedias a las que Fábregas les saca todo su provecho, como director y como productor.En cuanto a la escenografía de David Antón, se llevó un justo aplauso al levantarse el telón.

En resumen una comedia que le divertirá.