FICHA TÉCNICA



Título obra La mujer transparente

Autoría Margarita Urueta

Dirección Alejandro Jodorowsky

Elenco Carlos Ancira, Beatriz Sheridan, Salvador Zea, Héctor Ortega, Elda Peralta, Ricardo Fuentes, Isabel Durán (Chabela)

Notas de elenco Farnesio de Bernal, Sara Pardo y Maya Ramos / ejecución de coreografía

Escenografía Manuel Felguérez

Coreografía Farnesio de Bernal

Vestuario Lilia Carrillo

Espacios teatrales Teatro Esfera

Referencia Mara Reyes (seudónimo de Marcela del Río), “Diorama teatral”, en Diorama de la Cultura, supl. de Excélsior, 16 abril 1961, p. 2.




Título obra Moctezuma II

Autoría Sergio Magaña

Dirección Álvaro Custodio

Elenco Ignacio López Tarso, Daniel Villagrán, Graciela Orozco, Enique Aguilar, Graciela Orozco, Amado Zumaya, Bruno Rey

Coreografía Conjuntos autóctonos

Música Conjuntos autóctonos

Espacios teatrales Al pie de la Pirámide del Sol, Teotihuacán

Notas Daniel Villagrán puede ser Daniel Villarán

Referencia Mara Reyes (seudónimo de Marcela del Río), “Diorama teatral”, en Diorama de la Cultura, supl. de Excélsior, 16 abril 1961, p. 2.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

Diorama de la Cultura, Excélsior

Columna Diorama Teatral

[La mujer transparente, Moctezuma II]

Mara Reyes

La mujer transparente. Teatro Esfera. Autora, Margarita Urueta. Dirección, Alexandro. Escenografía, Manuel Felguérez. Vestuario, Lilia Carrillo. Coreografía, Farnesio de Bernal. Reparto: Ancira, Beatriz Sheridan, Salvador Zea, Héctor Ortega, Elda Peralta, Ricardo Fuentes e Chabela Durán

Después de la clausura de La sonata de los espectros había pocas esperanzas de ver el próximo espectáculo anunciado por Alexandro. Para fortuna nuestra, por tratarse de una obra mexicana y de una comedia “inofensiva” fueron levantados los sellos el mismo día del estreno de La mujer transparente, de Margarita Urueta.

La comedia es de un acento tan diverso a la última obra de esta autora puesta en escena –Duda infinita– que parece escrita por otra mano. Hay en La mujer transparente agilidad, gracia, belleza poética, fantasía y ternura. La comedia transcurre sin espacio y sin tiempo. Es sólo un sueño, un sueño en el que los personajes se realizan por medio del amor, los ideales o la simple y a la vez compleja necesidad de ser.

La dirección de Alexandro, imaginativa como todo lo suyo, está realizada en esta ocasión en un tono de fina farsa y en ella acude a todas las posibilidades teatrales: música, pantomima, danza, canto, poesía, logrando con todos estos elementos una magnífica síntesis. No hay una sola nota discordante. Escenas como la del juego de ajedrez o el nacimiento del Ujier (nace de un trono), los diversos matices que otorga al cartero y por fin el único tono dramático de la comedia: el despertar del rey, después que ha sido muerto en el sueño y vuelve a despojarse de toda su real indumentaria para volver a ser un hombre, como todos, afirman una vez más en Alexandro ese talento extraordinario para resolver toda escenificación teatral.

Después de varias obras en las que hemos visto a Carlos Ancira aparecer en escena transfigurado en terribles personajes, lo vemos en el rey de La mujer transparente totalmente devuelto a su condición normal, sin monstruosidades, sino por el contrario con un actuar fresco como para recordar a los espectadores su forma natural. Es increíble en Ancira esa capacidad suya para actuar con la misma gran calidad todos los papeles que le son asignados, por diferentes que éstos sean. Y lo mismo puede decirse de Beatriz Sheridan, quien demuestra, después de haber visto sus actuaciones en La lección y en La sonata de los espectros, y ahora en su papel de reina –personajes todos tan disímbolos– demuestra, decíamos, poseer extraordinarias dotes histriónicas.

Salvador Zea se revela en esta ocasión como un actor de grandes posibilidades. Las dificultades de un papel que está en continua transformación, las ha salvado más que brillantemente.

Héctor Ortega, magnífico. Ha logrado en su caracterización del Ujier, la más homogénea conjugación entre actuación y pantomima; no se puede limitar dónde termina una y en dónde comienza la otra.

Muy bien Elda Peralta, se saborea su gracia. Ricardo Fuentes supera muchos de sus antiguos vicios, le advertimos fresco en su actuación. Chabela Durán también saca su papel con toda limpieza.

En cuanto a la coreografía de Farnesio de Bernal y a la ejecución de ella por Sara Pardo, Maya Ramos y el propio Farnesio, sólo tenemos que decir que es no sólo ingeniosa, sino llena de una belleza plástica insuperable.

Es inconcebible cómo la misma escenografía que servía para La sonata de los espectros, lúgubre y sórdida, pueda, poniéndola al revés y con sólo algunos cambios, transformarse en el marco vivo y alegre de esta comedia. Felguérez se apunta con este un nuevo triunfo, lo mismo que Lilia Carrillo por el diseño del vestuario.

Moctezuma II. Al pie de la Pirámide del Sol, en Teotihuacán. Autor, Sergio Magaña. Dirección, Álvaro Custodio. Música, y bailables por conjuntos autóctonos. Reparto: Ignacio López Tarso, Daniel Villagrán, Graciela Orozco, Enrique Aguilar, etcétera.

La reposición de Moctezuma II, de Sergio Magaña, no es una reposición común y corriente. Al servirle de marco la Pirámide del Sol de Teotihuacán, la obra quedó situada en su ambiente, y se pudo apreciar toda su grandiosidad, su fuerza emotiva y la profundidad de su tragedia.

El Moctezuma que nos presenta Magaña es un hombre que se rebela en contra de la condición sanguinaria y de las supersticiones de su época y de su pueblo, como si estuviera más influido por la concepción de vida de los toltecas que de los hombres de su raza. Nunca es un cobarde, aunque así sea juzgado por su pueblo, sino un hombre que está fuera de su tiempo y según la propia obra de Magaña, todo aquel que nace fuera de su tiempo es destruido. Esa concepción de la vida de Moctezuma, crea en los señores que lo rodean inconformidad y rebeldía, lo que hace que pacten con Cortés cuando éste llega a conquistarlos. Y Moctezuma, al verse sin armas para luchar, al encontrarse sin apoyo, al ser abandonado por todos, no puede hacer otra cosa que decir: Yo soy el señor, yo soy, pues, quien debe pactar con Cortés en nombre de todos los demás jefes.

En ese momento culmina la tragedia En ese instante sabemos que toda esa cultura será destruida y desaparecerá. No se trata de la destrucción de un hombre o de varios hombres, como en todas las tragedias griegas, sino de la destrucción de todo un pueblo y de toda una cultura. Es todo el pueblo quien a sabiendas de su destrucción se entrega por su propia mano al verdugo. En esto radica la tragedia. Y todo esto se nos dice, ahí, delante de la Pirámide del Sol, arriba de ella, abajo de ella, en ella. En el máximo monumento de aquellas culturas, de aquellos pueblos que escogieron su muerte. Y la tragedia nos hace entonces estremecer de dolor. Nos hiere y nos conmueve hasta el punto de gritar en nuestro interior. ¿Por qué tenía que suceder así?

No hay duda que Custodio ha logrado hacer lo que nadie: “acarrear” a su público de un lugar a otro de México. Y de todos sus acarreos, es en esta ocasión en la que ha logrado una mayor majestad. Es la primera vez que se atreve Custodio con una obra mexicana que además trata de los “mexicanos”(o meshicas) y puede decirse que su éxito ha sido completo. Custodio maneja los espacios con elegancia. La composición de sus escenas es tan plástica que podría decirse que son verdaderos cuadros de un gran pintor llevados a la vida. La forma en que maneja sus luces y todos los elementos naturales que le dan los sitios que elige para sus representaciones no hay quién los aproveche mejor. Las danzas autóctonas no podían ser de mejor calidad, en fin, se nos agotan las palabras para analizar todos los grandes aciertos de este espectáculo verdaderamente incomparable.