FICHA TÉCNICA



Título obra Y quisieron ser toreros

Autoría Jaime Rojas Palacios

Dirección Germán Robles

Elenco Germán Robles, Guillermo Zetina, Fernando Luján, Mario Chávez, Jaime Jiménez Pons, Guillermina Téllez Girón, Antonio Corona, Justo Solís, Mario Vega, Sergio Jurado

Espacios teatrales Teatro Arcos Caracol

Referencia Mara Reyes (seudónimo de Marcela del Río), “Diorama teatral”, en Diorama de la Cultura, supl. de Excélsior, 12 marzo 1961, p. 2.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

Diorama de la Cultura, Excélsior

Columna Diorama Teatral

[Y quisieron ser toreros]

Mara Reyes

Y quisieron ser toreros. Teatro Arcos Caracol. Autor, Jaime Rojas Palacios. Escenografía, (?). Dirección, Germán Robles. Reparto: Germán Robles, Guillermo Zetina, Fernando Luján, Mario Chávez, Jaime Jiménez Pons, Guillermina Téllez Girón, etcétera.

Con la obra Y quisieron ser toreros, Jaime Rojas Palacios trata de denunciar la podredumbre de un ambiente. En la obra salen a la vista todas las intrigas, lacras y frustraciones que rodean a la “fiesta brava”.

En cuanto a sus valores dramáticos, la obra carece de ellos. No existen situaciones dramáticas, no crea interés en el público –teatralmente hablando, pues no dudamos que a la gente que gusta de los toros le interese, pero no por sus cualidades teatrales, sino por el ambiente en que se sitúa la obra– no desarrolla adecuadamente el conflicto; los problemas de los distintos personajes están tratados demasiado superficialmente, aun cuando los “tipos” estén bien captados. El diálogo es con frecuencia pobre y cae en ocasiones en la cursilería.

La cualidad indiscutible es la acertadísima descripción ambiental, la presentación de los distintos tipos característicos: novilleros, cronistas, ganaderos, etcétera. El personaje más desdibujado es el de Gilda; y el “matador” Gonzalo Barrales, al cual se ve pasar del triunfo al fracaso y de nuevo a un renacer de la esperanza, viene a ser el personaje mejor tratado como tal, pasando de los linderos del “tipo” a los del hombre.

Bien ambientadas las escenografías del primer acto: el corral y la hacienda, no así la del segundo y tercer actos.

La dirección de Germán Robles –según tenemos entendido es la primera vez que dirige, al menos teatro profesional– no pudo realmente apreciarse debido a que casi todos los actores, incluido él mismo y excluyendo a los novilleros– no se sabían su papel. Hubo lagunas, tartamudeos, camelos y sobre todo falta de ritmo. Hubo escenas logradas y otras francamente deplorables. Ignoramos si es por culpa del actor o del director que el ganadero fue actuado por Antonio Corona en forma totalmente alejada del personaje. Y la Gilda –personificada por Guillermina Téllez Girón– resultó un completo fiasco. En primera se suponía que era una bailarina española, guapa y llena de salero y en ningún momento se pudo apreciar ninguna de esas características.

Guillermo Zetina, buen actor como siempre, representó con pulcritud a ese cronista taurino sin escrúpulos, que se identifica inmediatamente con seres de carne y hueso, a pesar de la aclaración de que “todos los personajes son producto de la imaginación y cualquier semejanza con persona viva o fallecida, será pura coincidencia”.

Fernando Luján vuelve a demostrar que es un buen actor. Muy bien los novilleros: Mario Chávez, Jaime Jiménez Pons, Justo Solís y Mario Vega. De Sergio Jurado, cuando se aprenda de memoria sus parlamentos se podrá opinar sobre su actuación. En cuanto a Germán Robles ya se ha visto, desde la primera obra con la que destacó: Bordando luces, que tiene todo lo que su personaje requiere: figura, prestancia, voz y sensibilidad, pero no debe descuidar su trabajo de actor por el de director.