FICHA TÉCNICA



Título obra El tambor de seda

Autoría Yukio Mishima

Dirección Óscar Cossío

Elenco Stella Inda, Ángel Casarín, Enrique Reyes, Lourdes Canale / elenco de la producción

Escenografía Rodolfo Uzeta

Vestuario Serdjouhie M. de Boyadjieva / vestuario femenino; Edith Muñoz / máscaras

Espacios teatrales Teatro El Granero

Referencia Mara Reyes (seudónimo de Marcela del Río), “Diorama teatral”, en Diorama de la Cultura, supl. de Excélsior, 12 febrero 1961, p. 4.




Título obra La almohada mágica

Autoría Yukio Mishima

Dirección Óscar Cossío

Elenco Stella Inda, Ángel Casarín, Enrique Reyes, Lourdes Canale / elenco de la producción

Escenografía Rodolfo Uzeta

Vestuario Serdjouhie M. de Boyadjieva / vestuario femenino; Edith Muñoz / máscaras

Espacios teatrales Teatro El Granero

Referencia Mara Reyes (seudónimo de Marcela del Río), “Diorama teatral”, en Diorama de la Cultura, supl. de Excélsior, 12 febrero 1961, p. 4.




Título obra La bella y el poeta

Autoría Yukio Mishima

Dirección Óscar Cossío

Elenco Stella Inda, Ángel Casarín, Enrique Reyes, Lourdes Canale

Escenografía Rodolfo Uzeta

Vestuario Serdjouhie M. de Boyadjieva / vestuario femenino; Edith Muñoz / máscaras

Espacios teatrales Teatro El Granero

Referencia Mara Reyes (seudónimo de Marcela del Río), “Diorama teatral”, en Diorama de la Cultura, supl. de Excélsior, 12 febrero 1961, p. 4.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

Diorama de la Cultura, Excélsior

Columna Diorama Teatral

[Tres obras de teatro japonés]

Mara Reyes

Tres obras de teatro japonés: El tambor de seda, La almohada mágica y La bella y el poeta. Teatro del Granero. Autor, Yukio Mishima. Dirección, Óscar Cossío. Escenografía, Arq. Rodolfo Uzeta. Vestuario Femenino, Serdjouhie M. de Boyadjieva. Reparto: Stella Inda, Ángel Casarín, Enrique Reyes, Lourdes Canale, etc.

Aprovechamos la ausencia de estrenos durante la pasada semana, para referirnos a un espectáculo que no habíamos tenido oportunidad de comentar: las tres obras en un acto de teatro Noh moderno. La distinción de moderno se hace debido a que el género Noh se remonta al siglo X y fue cultivado aproximadamente durante 6 siglos. En la actualidad se conocen únicamente 241 obras completas de ese género, cuya profundidad filosófica no tiene paralelo en el mismo Japón. Se trata de un teatro en el cual la fantasía y el símbolo juegan un papel preponderante y el público al cual está destinado es un público culto, que sepa comprender el pensamiento abstracto y que esté plenamente imbuído en el conocimiento de las religiones y principios filosóficos del sintoísmo y del budismo. Los espectáculos del teatro Noh, están formados por cinco dramas, cada uno de los cuales pertenece a un distinto grupo, según su tema. Estos grupos son: el Kami-mono, que trata en general de un ser divino; el Shura-mono, –que significa obras que tratan del purgatorio– en las que se habla generalmente de hechos guerreros; el Kazura-mono, que equivale a decir “obras de mujer”, en donde la heroína es una mujer que se ve envuelta generalmente en una historia de amor; el cuarto grupo es el Yobamme-mono, con temas de celos, venganza, costumbrismo, etc. Y el quinto, el Kiri-no-mono, con temas de aparición de monstruos o seres sobrenaturales. Debido a que en el espectáculo de teatro Noh, además de los 5 dramas, se representan pequeños entremeses –del género Kiogen– entre uno y otro, lo que hace extremadamente largo el espectáculo, las obras del quinto grupo –o finales– son siempre de mucho movimiento y acción.

Así pues, las obras que hemos presenciado –escritas por un dramaturgo contemporáneo– derivan de aquellas en cuanto a los temas, aunque con evidentes variantes en cuanto a la técnica. Puede deducirse, por ejemplo, la correlación entre El tambor de seda con las obras del grupo Kazura-mono, no sólo por ser obra lírica, sino en pequeños detalles, como el de que la figura femenina está representado por un laurel, común es que en las obras del grupo Kanzura-mono la mujer represente el espíritu de un árbol. Sin embargo, otros elementos de la vida moderna, inyectados al drama, le otorgan nuevas características a la exposición de los temas.

También la escenificación tiene grandes variantes, pues por ejemplo, en la que nosotros hemos presenciado –no sabemos cómo se representarán en el Japón estas obras de teatro Noh moderno– los papeles son actuados por hombres y mujeres, y en cambio en el drama Noh, el actor hombre usa una máscara femenina cuando tiene que representar a una mujer.

El gran mérito de Óscar Cossío, a pesar de los errores que puedan encontrarse en su dirección, ha sido el dar a conocer estas obras que, por tratarse de una cultura tan distante a la nuestra, nadie piensa en llevar a escena. No puede pedirse que se nos dé un teatro Noh auténtico, pues éste requiere una especialización absoluta de todos los que integran el espectáculo: actores, directores, danzantes, músicos –pues parte fundamental del teatro Noh es la música y la danza-escenógrafos y... público. Nosotros –no hablo de personas aisladas, que puede haberlas, sino del espectador común–, en nuestra tan celebrada cultura occidental, no soportamos más de tres horas, a lo sumo cuatro, de un teatro que nos haga pensar. ¡Cómo pues soportaríamos las nueve horas de teatro Noh!

De la actual escenificación, las actuaciones sobresalientes fueron la de Ángel Casarín, en el viejo –símbolo extraordinario del amor platónico– de El tambor de seda, la de Enrique Reyes, en La almohada mágica, obra en la que el autor sustenta la teoría de que la vida, con todas sus desilusiones, fracasos o triunfos hay que vivirla en la realidad, a cada minuto, y no refugiarse en los sueños; la de Lourdes Canale, en La bella y el poeta, obra de una gran belleza y llena de poesía. A Stella Inda, la encontramos discreta, con una actuación cuidadosa, aunque un poco baja de tono.

Mención aparte merece Edith Muñoz, realizadora de las máscaras de La almohada mágica, en las que plasmó toda la tradición japonesa. Pobre encontramos la interpretación de las danzas y en general poco etérea la actuación y la dirección de La almohada mágica, que precisaba de un ritmo menos monótono y más liviano que le diera al “sueño” todo su sabor. En cambio en La bella y el poeta, sí se logró dar esa cualidad del teatro japonés que es la de hacernos aparecer real a la fantasía e irreal, la realidad.

No puede, a quienes se atreven con este tipo de teatro, exigírseles la perfección y el apego absoluto a esos cánones tan ajenos a nosotros, sin embargo Cossío, a pesar de las dificultades que este espectáculo representaba, supo apegarse a una de las características fundamentales del teatro Noh –antiguo y moderno–: la simplicidad, con lo cual consiguió de manera más que aceptable hacernos llegar el espíritu de ese teatro que es como un alimento a la imaginación.