FICHA TÉCNICA



Eventos Premios de la Agrupación de Críticos de Teatro de México

Referencia Mara Reyes (seudónimo de Marcela del Río), “Premios de la Agrupación de Críticos de Teatro”, en Diorama de la Cultura, supl. de Excélsior, 22 enero 1961, pp. 1 y 4.




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Referencia Electrónica

Diorama de la Cultura, Excélsior

Columna Diorama Teatral

Premios de la Agrupación de Críticos de Teatro

Mara Reyes

Siempre que se trata de premiar a un artista, no falta quién esté en desacuerdo, tanto entre el público en general, como entre aquellos que tienen que decidir sobre el premio. Y así, la selección de los mejores elementos participantes en las distintas actividades teatrales durante el año 1960, se llevó a efecto entre debates sin cuento. En estas ocasiones resulta frecuente que se traten de sumar dos peras y tres naranjas y esto dificulta sobremanera la obtención de resultados equitativos y justos.

Procuraremos detallar en forma sintética, cómo se llevó a cabo dicha selección en la Agrupación de Críticos de Teatro de México.

Escenografía


De los tres candidatos al premio por la mejor escenografía: Antonio López Mancera, por Leocadia y Las alas del pez; Arnold Belkin, por Terror y miserias del Tercer Reich y Juan Soriano por Electra, la votación se dividió entre los dos primeros resultando triunfador por una evidente mayoría Arnold Belkin. Triunfo merecido el de Belkin, quien en esta forma entra por la puerta, grande al teatro en México.

Dirección


En cuanto a la dirección escénica, la terna estuvo formada por José Solé, Álvaro Custodio y Enrique Rambal; el primero de ellos por su dirección de Amadeo, Antígona y Contigo pan y cebolla; el segundo por El mágico prodigioso y La vida es sueño y el tercero por El difunto protesta y Usted puede ser un asesino.

Desgraciadamente hubo omisiones: José Luis Ibáñez, que figuró entre los candidatos para formar la terna, y Alexandro Jodorowski, cuya labor durante el año fue la más digna de ser premiada, en opinión de quien esto escribe, y que al hacer la proposición de Alexandro, como candidato a figurar en las ternas, se le denegó por un motivo de reglamento: el que Alexandro no tiene aún dos años de residencia en el país, requisito que se considera indispensable para poder figurar como candidato. Es indudable que de no ser Alexandro quien recibiera este premio, José Solé era el director más indicado, especialmente por su dirección de Amadeo. Se tiene la idea de que el teatro de Broadway o el de Paris, es siempre muy superior al nuestro, y sin embargo, puedo afirmar que la puesta en escena de Amadeo, de Ionesco (cuyo título en francés es Comments'en Débarrasser), que tuve oportunidad de ver en París con Parvine Tabal y Jean-Marie Serreau en el papel de Amadeo, no era de ninguna manera mejor que la que realizó José Solé en México. Así pues, me parece de toda justicia que haya sido José Solé quien triunfara, este año, en el cual se inició como director.

Revelación femenina


Después de discutirse acaloradamente si la actuación en una comedia musical podía considerarse válida para un premio de actuación, y de llegarse a una conclusión afirmativa, de las tres candidatas a ser consideradas como la Revelación Femenina del año: Beatriz Sheridan, por su [p. 4] trabajo en La lección de Ionesco; Erika Renner, por Antígona y Virma González, por La pelirroja, esta última, por abrumadora mayoría, salió triunfadora. Ojalá que este premio decida a Virma González a dedicarse con mayor ahínco a un trabajo teatral más frecuente, dadas sus increíbles posibilidades dentro de la comedia.

Revelación masculina


La indiscutible fue la de Héctor Ortega, quien ganó por evidente mayoría, por su trabajo en Fin de partida, especialmente, sobre José Carlos Ruiz –quien fue candidato debido a su actuación en El tío Vania– y Ángel Casarín por las obras del primer programa de Teatro Japonés. Estos dos últimos actores son de gran calidad, pero con mucha más experiencia que Héctor Ortega, recordemos, por ejemplo, la actuación de Casarín en Fuenteovejuna, hace varios años y de José Carlos Ruiz en Poesía en voz alta también de años anteriores; así pues, la auténtica revelación fue la de Héctor Ortega.

La mejor actuación femenina


Magda Donato –a la cual nunca olvidaremos en Las sillas de Ionesco– se llevó el premio, disputándole el triunfo, muy de cerca, Alicia Montoya, quien figuró en las ternas por su trabajo en Los cuervos están de luto y Virginia Manzano, por Las alas del pez. También en estas ternas hubo dos omisiones lamentables: Carmen Montejo y Berta Moss, quienes contaron con el mismo número de votos, faltándoles únicamente uno para empatar con Virginia Manzano y con Magda Donato. Personalmente expreso mi enorme satisfacción por el triunfo muy merecido de Magda.

La mejor actuación masculina


El premio ante el cual no puedo ocultar mi franco descontento, es el de la mejor actuación masculina del año. La terna estaba formada por Carlos Ancira, por todo su trabajo del año: Amadeo, Las sillas, ambas de Ionesco, y Fin de partida, de Beckett, todas ellas obras plagadas de dificultades para el actor, difíciles para la comprensión del público y que requieren un dominio absoluto de la técnica, además de una sensibilidad poco común. Miguel Manzano era el segundo de la terna, por su actuación en Horas robadas y en la cual desempeñó un papel de infinita ternura, lo que facilitaba en forma considerable la proyección del personaje. Y el tercero, era Lorenzo de Rodas, por El hombre que yo maté.

La primera votación quedó empatada entre Carlos Ancira y Miguel Manzano, debido a lo cual propuso, quien esto escribe, el premio doble, como en otras ocasiones se ha tenido que otorgar. Dicha proposición estaba fundada en aquello a lo que antes me refería, que no pueden sumarse dos peras y tres naranjas. ¡Son trabajos tan distintos el de estos dos actores que no cabía la suma, ni la resta! No obstante, después de larga discusión fue declarada inoperante la proposición y se hizo el desempate retirándose del escrutinio los votos que por escrito habían dejado asentados aquellos miembros de la agrupación que por diferentes motivos no habían podido asistir a la votación. El cómputo entonces dio a Miguel Manzano dos votos de ventaja. ¿Injusto? Yo así lo juzgo. No se puede negar a Miguel Manzano su valer como actor, pero en este caso, en este año especialmente, era Carlos Ancira el más avocado a recibir dicho premio, como lo he dicho en anteriores artículos.

Actuación infantil


El premio infantil, otorgado al niño Cesáreo Quezadas, por su actuación en Horas robadas, no suscitó conflicto, puesto que Elizabeth Dupeyrón –quien figuró en la terna lo mismo que la niña María Cristina Ortiz, por su actuación en La maestra milagrosa– no obtuvo ni un solo voto y María Cristina Ortiz sólo tuvo uno.

Grupo experimental


A este premio estaban avocados Héctor Azar, por su labor en el Teatro Estudiantil Universitario y en el Teatro de Coapa; Lola Bravo, por La cita, de Anouilh, representada por alumnos de la Escuela Teatral del INBA, y Pilar Souza, por Agamenón actuada por otro grupo de alumnos de la misma escuela. Obtuvo el premio Lola Bravo y su grupo, muy merecidamente.

Premio Juan Ruiz de Alarcón


Sobre este premio, podemos decir que en un principio cojeó, al ponerse como candidatos no a los autores, sino a las obras de ellos, y así, Emilio Carballido compitió consigo mismo, puesto que estrenó dos comedias: El relojero de Córdoba y Las estatuas de marfil, que en esa primera votación –cuando se estaban seleccionando las obras que figurarían en la terna– quedaron las dos empatadas con Los cuervos están de luto después de cuyo desempate quedaron en la terna: El relojero de Córdoba, Las alas del pez, de Fernando Sánchez Mayans, y la mencionada obra de Hugo Argüelles: Los cuervos están de luto.

En la decisión final, por mayoría, triunfó la pieza Las alas del pez. No quiero al hablar de Fernando Sánchez Mayans, sino citar el comentario que a propósito del estreno de la obra publiqué en éste mismo Diorama de la Cultura el 18 de septiembre: “La representación de Las alas del pez constituye uno de esos milagros teatrales en los que todo converge a su éxito. Esta primera obra de Sánchez Mayans es de una acentuada raíz mexicana y sin embargo de proyección universal –aspiración de todo arte– pues el tema que desarrolla es profundamente humano…” Y finalizaba el artículo diciendo que esta pieza “bien podría llevarse el premio Juan Ruiz de Alarcón de este año”.

Con todo esto puede verse mi absoluto reconocimiento a este autor que tan bien inicia su carrera de dramaturgo. Sin embargo, no puedo dejar de decir que Emilio Carballido es un escritor de primera línea que merecía por muchos conceptos dicho premio. El relojero de Córdoba es una obra cuajada, de un escritor maduro que jugó desgraciadamente con una desventaja en esta carrera de obstáculos: una deficiente dirección de escena.

Para terminar, sólo añadiremos que nos complació sobremanera la mención otorgada por unanimidad a Carmen Montejo por su labor en el teatro mexicano y la mención al Patronato de Teatro del Seguro Social, también por su labor por el teatro en México.