FICHA TÉCNICA



Título obra Juguetes olvidados

Notas de Título Toys in the Attic (título en el idioma original)

Autoría Lillian Hellman

Notas de autoría José Luis Ibáñez / traducción

Dirección José Solé

Notas de dirección Greg Kayne / dirección técnica

Elenco Berta Moss, María Idalia, Aldo Monti, Ana María Blanch (Anita Blanch), Eva Calvo, José Antonio Herrera, Aldo Monti

Espacios teatrales Teatro Sullivan

Productores Robert W. Lerner y Alonso

Referencia Mara Reyes (seudónimo de Marcela del Río), “Diorama teatral”, en Diorama de la Cultura, supl. de Excélsior, 15 enero 1961, p. 4.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

Diorama de la Cultura, Excélsior

Columna Diorama Teatral

[Juguetes olvidados]

Mara Reyes

Juguetes olvidados. Teatro Sullivan. Autora, Lillian Hellman. Traducción, José Luis Ibáñez. Dirección, José Solé. Dirección Técnica, Greg Kayne. Reparto: Berta Moss, María Idalia, Aldo Monti, Anita Blanch, etc.

Se inicia la temporada de 1961 con una producción de Lerner y Alonso, quienes se han destacado por la propiedad con que presentan sus producciones. En esta ocasión se trata de una obra de Lillian Helman: Juguetes olvidados, Toysin the Attic, lo que realmente equivale a Juguetes en el desván.

En esta pieza, la autora, plantea un problema de incesto. El cómo una mujer enamorada de su hermano –Julio–, hace cuánto está en su mano por evitar que él triunfe, con objeto de que dependa de ella y de este modo continuar otorgándole su protección.

Los personajes de la obra adolecen de inconsistencia. La hermana que se supone mayor –Ana–, lo mismo que la madre de la esposa de Julio y el propio Julio están bien trazados, poseen una personalidad y responden de acuerdo con ella, en cambio la hermana Caty se le escapa a la autora de las manos, se le escabulle entre toda la maraña con que trató de rodearla. Y así, por ejemplo, vemos que cuando Ana le recrimina por su amor nada fraternal, Caty no llega a esclarecer ni ante sí misma, ni ante la hermana, ni ante el público, si ese amor la satisfacía o si renegaba de él, si hasta ese momento había sido inconsciente o si lo sentía a sabiendas de su existencia.

El personaje de la esposa de Julio –Lily– tiene una inconsistencia que lo hace absurdo. Se necesita realmente que hubiera sido una retrasada mental –cosa que no se apunta en ningún momento–, para llegar al momento de la llamada telefónica del tercer acto, llamada con la que se “vende” el desenlace de la obra. En general todas sus reacciones están mal planteadas.

La obra se sostiene con bastante solidez hasta el segundo acto, pero el tercero se viene abajo con sonado estrépito. ¡Lástima!

Se puede decir que José Luis Ibáñez realizó una buena traducción, pero de José Solé no podemos decir que haya salido avante con su dirección. Nos dio en la madre de Lily a una señora cursi en lugar de a una dama excéntrica; nos dio truculencia en vez de sobriedad.

Sería por las dificultades que ocasionan los personajes cuando no están bien delineados o por la débil dirección, el hecho es que las actuaciones tanto de Berta Moss, como de María Idalia y Anita Blanch no fueron todo lo satisfactorias que nos han parecido en otras ocasiones. Eva Calvo, fuera de papel, estuvo francamente mal. Y deplorable José Antonio Herrera. Y Aldo Monti ya va pareciéndose demasiado en todos sus papeles, a pesar de la sinceridad de su actuación.

En resumen: todo se quedó en buenas intenciones.