FICHA TÉCNICA



Eventos Premios de la Agrupación de Críticos de Teatro de México

Notas Balance anual del teatro en México en 1960 y propuesta de ternas anuales

Referencia Mara Reyes (seudónimo de Marcela del Río), “Diorama teatral. Panorama teatral en 1960”, en Diorama de la Cultura, supl. de Excélsior, 8 enero 1961, pp. 2 y 3.




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Referencia Electrónica

Diorama de la Cultura, Excélsior

Columna Diorama Teatral

Panorama teatral en 1960

Mara Reyes

Las manifestaciones artísticas de un año –en este caso las teatrales– siempre acusan una determinada línea, aun cuando no haya sido prevista organizadamente. La estadística siempre ayuda a sacar conclusiones. Así pues, veamos a ojo de pájaro qué fue lo sobresaliente de este año, para darnos una idea de cuál es la directriz que por ahora rige nuestro teatro.

Dentro del teatro profesional se marcan dos líneas: una la comercial, que procura el éxito económico por distintos caminos, y otra la de inquietudes culturales que lleva a empresarios de muy diversa índole a montar obras de calidad del repertorio mundial, aun cuando el resultado de tales representaciones no sea siempre digno de elogio.

Durante 1960 se barajaron en la escena mexicana nombres consagrados mundialmente, de entre los cuales Jean Anouilh fue el más repetido. Las obras que de este autor se montaron corrieron distintas suertes: Leocadia, patrocinada por el INBA y puesta con toda propiedad, incluso con lujo, fue un éxito no aquilatado por la crítica. Jezabel, dirigida por Aceves y brillantemente actuada por Berta Moss, dio origen a una protesta enérgica de todos aquellos que pugnan por la libertad, al ser prohibida por el Departamento de Espectáculos, hecho con el cual se puso en evidencia una vez más la ineptitud de este Departamento, ya demostrada con la prohibición de La celestina, de Fernando de Rojas. Tales violaciones a la libertad de expresión no deberían existir en un país que se dice democrático. La cita, obra del mismo autor, fue llevada a la escena por Lola Bravo, con un grupo de alumnos de la Escuela Teatral del INBA, en un brillante alarde de dirección. Y la que sí corrió con mala fortuna fue Eurídice, cuidadosamente falseada por Jebert Darién.

Ionesco, uno de los autores más discutidos, es quizá el que resultó más favorecido, puesto que las tres veces que se le llevó a escena la calidad artística de la representación estuvo a la altura de su autor.

Amadeo hizo descubrir en José Solé a un director de grandes cualidades. Con Las sillas y La lección, Alexandro Jodorowsky se situó, en este primer año de su estancia en México, en la primera fila de los directores de vanguardia. Es curioso señalar que en estas tres obras de Ionesco el actor seleccionado para la interpretación de los principales papeles masculinos haya sido Carlos Ancira, quien lo mismo en Amadeo, que en Las sillas y en La lección logró personificar de manera tan excelente los distintos personajes que se le encomendaron, [que] se hace acreedor –lo mismo que por su actuación en Fin de partida– al premio que los críticos otorgan al mejor actor del año.

A propósito de esto debemos decir que a Samuel Beckett, autor de Fin de partida, no se le había llevado a escena desde que Novo lo dio a conocer con el montaje de Esperando a Godot, hasta la llegada de Alexandro a México, quien llevó a escena, además de dicha obra, dos pantomimas de este autor: Acto sin palabras y El aguijón. Hay que señalar que con Fin de partida hizo su aparición un nuevo actor, alumno aventajado de Alexandro en el arte de la mímica (introducida este año en México por este director): Héctor Ortega, del cual su debut constituyó una auténtica revelación afirmada después con sus actuaciones posteriores en El aguijón, en Las sillas, en ¿Crimen, suicidio? y en otras pantomimas que Alexandro llevó a escena.

Shakespeare también fue llevado a “las tablas”; la primera obra que se montó en el año fue Hamlet, para vergüenza de quienes lo hicieron, y la segunda Otelo, que salvo algunos errores salió bastante bien librada, aparte de otros dos montajes dentro del terreno experimental: el del propio Hamlet y Medida por medida, pero por ahora no queremos internarnos en esta otra fase de nuestro teatro.

En 1960 fue el aniversario del natalicio de Antón Chéjov, lo que originó la puesta en escena de La gaviota, dignamente realizada, con la que se dio a conocer un nuevo director de posibilidades: Rafael López. Y ya rasguñando el final del año: El tío Vania, del que se me ocurre hacer una pregunta extrainterpretación: ¿por qué será que en la marquesina del teatro se encontraba el nombre de casi todos los integrantes del espectáculo, ¡hasta el de Erna Marta Baumann!, y no el de Chéjov al cual se estaba rindiendo homenaje?

Del montaje de una obra de Sófocles: Electra, aún recordamos el resultado tan deplorable, en cambio quedarán en nuestra mente como ejemplos de teatro limpio, bien interpretado y digno: Un tigre a las puertas, de Jean Giraudoux y Terror y miserias del III Reich, de Bertolt Brecht.

Otros autores también recibieron un buen trato: Georges Bernanos, del que se llevaron a escena sus Diálogos de las carmelitas, en el Palacio de las Bellas Artes, y excelentemente por cierto. Peter Shaffer; cuyas Variaciones para cinco dedos fueron la pauta para el lucimiento de actores como Héctor Gómez, que ya merecía tener un papel de esa fuerza, y Susana Alexander. José Luis Ibáñez demostró una vez más que es director por los cuatro costados. Herbert T. Cobey, con El viaje a la vida, en donde vimos de nuevo a María Douglas en su terreno, y las tres obras breves de Teatro Japonés puestas por un elenco responsable y serio, a pesar de ser elementos poco conocidos. El director de estas obras, Óscar Cossío, mereció poco tiempo después una felicitación por su montaje de Columbus 1916, además de haberse llevado el premio de grupo, en el VII Festival Dramático organizado por el INBA.

Dos compañías extranjeras tuvimos oportunidad de ver: el Teatro de Cámara Alemán, cuyo trabajo de equipo es increíble, dirigido por Reinhold K. Olszewski, y el Nuevo Teatro de Chile, dirigido por Víctor Jara, que trajo una obra de Alejandro Vieveking, valiosa muestra de teatro realista, humano, de enormes cualidades.

Entre las obras de teatro clásico español, como siempre, fue Álvaro Custodio el máximo intérprete de ellas, pues La dama boba, de Lope de Vega, que llevó a la escena el INBA, bajo la dirección de Clementina Otero de Barrios, no constituyó ningún éxito; en cambio El mágico prodigioso y el auto sacramental de La vida es sueño, ambos de Calderón, fueron sucesos memorables, especialmente La vida es sueño, en la que destacaron Aurora Molina y Sergio de Bustamante, quien se resarció de su fracaso en Hamlet.

Autores mexicanos


De los autores mexicanos que hicieron acto de presencia, Emilio Carballidoy Fernando Sánchez Mayans se llevaron las palmas. El primero con El relojero de Córdoba, comedia valiente y magníficamente escrita –retirada del cartel a los pocos días de su estreno y no precisamente por casualidad– y Las estatuas de marfil. El segundo, quien como Sergio de Bustamante también había corrido una no muy brillante suerte en Hamlet, pues su "adaptación" fue muy criticable, logró un triunfo definitivo con su obra Las alas del pez, con la que recibió Sánchez Mayans el galardón otorgado por la Unión Nacional de Autores en el Festival de Teatro Mexicano, organizado en el mes de septiembre. Otros autores también se rehicieron de pasadas tristezas, como Luis G. Basurto con El escándalo de la verdad.

El mes de teatro mexicano nos dio la oportunidad de ver una gran cantidad de obras, muchas de ellas reposiciones, como Los desarraigados, Una ciudad para vivir, Contigo pan y cebolla, Nocturno a Rosario, por supuesto Cada quien su vida [p. 3] y A su imagen y semejanza, comedia con la que Rafael Solana recibió el premio a la mejor reposición, habiendo estrenado también este autor La casa de la Santísima, adaptación de su novela del mismo nombre, y Espada en mano.

Otros nombres de autores mexicanos sonaron: Luisa Josefina Hernández, con La paz ficticia, Luz María Servín con Juego a papá y mamá y Federico S. Inclán, cuya primera obra en el año fue Cada noche muere Julieta, de buena factura, valiente, aun cuando abusa al servirse de largas tiradas de Romeo y Julieta de Shakespeare; sin embargo, las cualidades de esta obra lo pusieron a salvo, cosa que no sucedió con sus dos siguientes obras: Deborah, en la que Carmen Montejo luchó denodadamente por salvar esa pieza absurda y demostró su gran calidad de actriz, y Cuartelazo, presentada dentro de la temporada de Lunes Populares de Teatro, obra ingenua a la que falta consistencia. No fue un buen año para Inclán. ¿Será que le fue perjudicial recibir el Premio Juan Ruiz de Alarcón el año pasado?

Pocos autores mexicanos nuevos aparecieron: Hugo Argüelles, con su obra Los cuervos están de luto, comedia de sabor macabro, Fernando Sánchez Mayans, del cual ya hablamos, Maruxa Vilalta, con una adaptación de su novela Los desorientados, poética y de buena intención, pero falta de acción y en la que la técnica dramática brilla por su ausencia y... nada más. Hubo otros intentos bastantes fallidos de dos autores: Marissa Garrido y Rosa Margot Ochoa y el desastre del año: La dama de las camelias, de Dolores Puche.

Teatro comercial


En cuanto a las obras de este tipo de teatro, la que indudablemente se llevó las palmas fue Horas robadas, obra tierna en la que destacó la actuación de Cesáreo Quezadas y de Miguel Manzano. Realizada también por Liza Alonso, El dulce pájaro de la juventud, de Tennessee Williams, probó el interés de esta empresa por llevar a la escena teatro de calidad, aun cuando el resultado no haya sido todo lo óptimo deseable.

Manolo Fábregas obtuvo un triunfo con La maestra milagrosa en la que la niña Elizabeth Dupeyrón le “robó cámara” a Aurora Bautista; no así con otras obras como Maribel y la extraña familia.

El teatro Arlequín se mantuvo todo el año con La vedette y el Cardenal, una comedia divertida y nada más, salvo el mes de septiembre en que alternó dicha comedia con A su imagen y semejanza, debido al Festival de Teatro Mexicano.

Se formó una nueva compañía: la de Enrique Alonso y Lorenzo de Rodas, montando, Cinco minutos antes, Los desorientados y El hombre que yo maté, un conflicto de conciencia de un hombre que mata en la guerra a un enemigo, que al fin y al cabo, también es un hombre.

Banquells y Ortiz de Pinedo han encontrado ya su filón, con un teatro de comedia sin ningún valor teatral, pero que divierte al público grueso.

Ramba1, en cambio, siendo su objetivo también el de hacer que el público goce, ha puesto obras llevadas a la escena más seriamente, con buena producción, dirección y actuación. El difunto protesta es el triunfo más definitivo en este tipo de obras.

En cuanto a comedias musicales, hubo fracasos y triunfos. La pelirroja fue un éxito, especialmente para Virma González, quien demostró tener una "vis cómica" poco común. Brigadoon no corrió la misma suerte a pesar de su fastuosa producción, resultó pesada y sin gracia. Siga mi ejemplo –en la que vimos por última vez a la Chula Prieto– fue un acierto; en cambio, el primer intento de una comedia musical mexicana: Rentas congeladas, de Sergio Magaña, fue un estruendoso fracaso.

Teatros que se estrenaron


Se estrenaron tres teatros de comedia: el Xola y Tepeyac, del Instituto Mexicano del Seguro Social, que este año inició una encomiable labor teatral al llevar a escena: Marco Polo, de O'Neill; Un tigre a las puertas, de Giraudoux; Otelo, de Shakespeare; El tío Vania, de Chéjov; Una ciudad para vivir, de Retes, y Contigo pan y cebolla, de M. E. de Gorostiza. Además se estrenó el Teatro Once de Julio, con la comedia Crimen pluscuamperfecto, más que imperfecta, por no decir infumable.

Teatro experimental


Hablar del teatro experimental sería tan largo como hablar del profesional. Sólo mencionaremos la labor de algunos grupos como el de la Escuela Teatral del INBA que estuvo presente en la Feria del Libro, haciendo llegar el teatro al público a precios realmente populares, con diversas obras bajo la dirección de Dagoberto Guillaumín unas, y de Lola Bravo otras. Lola Bravo una vez más se mostró como una excelente directora, lo mismo en esta breve temporada, como en su actividad al frente del Teatro Infantil del Teatro del Bosque, en donde dio a conocer diez obras de autores mexicanos para niños, entre los que se encuentra Carballido, Magaña, Ibargüengoitia, Olga Harmony y Enrique González.

Otro grupo experimental de gran relieve es, sin duda, el del Teatro Estudiantil de la Universidad que dirige Héctor Azar y que presentó obras como Julieta o la clave de los sueños, de Neveux; Anacleto Morones, de Juan Rulfo; La máquina de sumar, muy bien dirigida por Eduardo García Maynes. También en el Teatro de la UNAM se presentó Ensalada de pollos de Cuéllar y Diálogos del pensador, de Fernández de Lizardi, con el grupo de Teatro de Coapa, también bajo la dirección de Azar, y el grupo del Centro Deportivo Israelita, en el mismo teatro, presentó El mundo de Scholem Aleijem, de Arnold Perl, bajo la dirección de Seki Sano, quien en este año no presentó ninguna obra dentro del teatro profesional.

El grupo de la Facultad de Arquitectura de la Universidad, a principios de año nos brindó una magnífica puesta en escena de Despertar de primavera, dirigida por Juan José Gurrola, sobre los conflictos internos del adolescente. Otro grupo que desarrolló una prometedora actividad fue el del Instituto Nacional de la Juventud Mexicana.

Y por supuesto un evento de gran importancia lo constituyó el VII Festival Dramático organizado anualmente por el INBA en el que resultaron premiadas dos obras: El juicio, de Alfredo Pacheco B., y Columbus 1916, de José María Camps.

Los grupos experimentales en general están realizando una labor importantísima dentro del teatro nacional, puesto que son los que abren brechas, rompen moldes y encuentran nuevos caminos. Sin embargo no todo en este aspecto fue dechado de virtudes; la puesta en escena de Reflejos en casa de los pretensos de And Lona, fue el naufragio más ruidoso de cuantos puedan existir.

Panorama general del teatro mexicano


Esta ojeada por nuestras actividades teatrales nos confirma, en lo que se refiere al teatro mexicano que existe en nuestros autores una preocupación por los problemas humanos y sociales, ya que en su mayoría revelan una inquietud por afrontar nuestros problemas. Esperemos que este año esas inquietudes se afirmen y cada autor profundice más en sus raíces, para que el fruto quede mejor sazonado y nuestro teatro se engrandezca.

Proposiciones para las ternas anuales


Autor: Emilio Carballido y Fernando Sánchez Mayans.

Director: Alexandro Jodorowsky.

Actriz: Magda Donato, Carmen Montejo y Berta Moss.

Actor: Carlos Ancira.

Revelación femenina: Virma González, Beatriz Sheridan y Susana Alexander.

Revelación masculina: Héctor Ortega.

Escenografía: Antonio López Mancera y Lorenzo Silva. Este último por Yo también fui campeón, dada su subordinación a las necesidades teatrales [sic].

Grupo experimental: Teatro Estudiantil de la Universidad, bajo la dirección de Héctor Azar. Grupo de la Escuela Teatral del INBA, bajo la dirección de Lola Bravo.