FICHA TÉCNICA



Título obra Yo también fui campeón

Autoría Francisco Javier Camargo

Dirección Manolo Calvo

Elenco Mario García González, Raúl Macías (El Ratón), Héctor López Portillo, Lilia Guízar, Amado Zumaya

Escenografía Lorenzo Silva

Espacios teatrales Teatro Fábregas

Notas Basado en el libro Los colosos del boxeo de Nat Fleischer, Editorial Hispaho Europea, 1954

Referencia Mara Reyes (seudónimo de Marcela del Río), “Diorama teatral”, en Diorama de la Cultura, supl. de Excélsior, 11 diciembre 1960, p. 2.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

Diorama de la Cultura, Excélsior

Columna Diorama Teatral

[Yo también fui campeón]

Mara Reyes

Yo también fui campeón. Teatro Fábregas. Autor, Francisco Javier Camargo. Dirección, Manolo Calvo. Escenografía, Lorenzo Silva. Reparto: Mario García González, Raúl Macías, Héctor López Portillo, etc., etc.

En esta pieza de F. J. Camargo, inspirada en un cuento de N. Fleischer, se nos presenta el corrompido ambiente del box. La obra despierta interés a través de las vicisitudes por las que atraviesa un campeón desde el momento en que es derrotado. Lo que resulta tirado de los cabellos, es la aparición inesperada de la joven que se enamora del ex campeón.

Ese amor súbito y reivindicador en el momento oportuno, es de esas casualidades que resultan falsas y sin justificación dentro del teatro (esto no quiere decir que en la vida no suelen ocurrir).

Manolo Calvo, logra una dirección discreta, apegándose a los lineamientos requeridos por la pieza. Sabe manejar los clímax y sólo es francamente criticable su dirección de las dos “mariposillas”, en las escenas del bar.

La escenografía se encontró con serias dificultades, pues no es nada fácil dar ambiente a un ring, un bar, un camerino, un despacho, un cuarto de hotel y una calle. Y Lorenzo Silva, con escenarios simultáneos, resolvió los problemas con propiedad.

Raúl “Ratón” Macías –naturalmente en el papel del ex campeón– logra en su primera aparición en un escenario teatral, una actuación discreta, sin alardes, sin ambición de impresionar. Puede advertirse su dicción incorrecta y su falta de oficio como actor, sin embargo, no pretende más allá de sus posibilidades y suple sus deficiencias dando sinceridad a su interpretación.

Quien sin lugar a dudas se “roba” la obra, es Mario García González, con su interpretación del “Mofles”, caracterización limpia, humana, llena de color. García González y Héctor López Portillo vienen a ser los ejes alrededor de los cuales giran todos los sucesos. Lilia Guízar pasa casi inadvertida. Muy bien, Amado Zumaya.