FICHA TÉCNICA



Título obra Diálogos de las carmelitas

Autoría Georges Bernanos

Notas de autoría Francisco Fe Álvarez / traducción

Dirección José de Jesús Aceves

Elenco Berta Moss, Marilú Elízaga, Luz María Aguilar, Hortensia Santoveña, Carmen Molina, Socorro Avelar, Felipe Santander

Escenografía Antonio López Mancera

Espacios teatrales Teatro del Palacio de Bellas Artes

Referencia Mara Reyes (seudónimo de Marcela del Río), “Diorama teatral. Bernanos sabe”, en Diorama de la Cultura, supl. de Excélsior, 22 mayo 1960, p. 2.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

Diorama de la Cultura, Excélsior

Columna Diorama Teatral

Bernanos sabe

Mara Reyes

Diálogos de las carmelitas. Palacio de Bellas Artes. Autor, Georges Bernanos. Versión española de Francisco Fe Álvarez. Dirección, José de J. Aceves. Escenografía, Antonio López Mancera. Reparto: Berta Moss, Marilú Elízaga, Luz María Aguilar, Hortensia Santoveña, Carmen Molina, etc.

Pocas obras tienen la hondura y penetración humana, por no decir teológica, de estos diálogos que han merecido el ser llevados al teatro, al cine y a la ópera. En esta obra, Bernanos, muestra como el Mal puede manifestarse bajo la apariencia del Bien y viceversa. Para ello se vale de un contrapunto que juega durante todo el movimiento de la obra. El hecho histórico en el que se basa el autor de esta tragedia, viene a ser el factor menos importante. Lo valioso es el trazo de los personajes. Por un lado está Blanca de la Force, quien tras de su Miedo, sinónimo del Mal, se encuentra la lealtad que la empuja, después de una cruenta lucha interior, al cadalso; vence al fin el Bien. Y haciendo el contrapunto, Sor María, la Subabadesa, aparente poseedora del Bien, quien después de presionar a todas sus hermanas del Carmelo, para que pronuncien el voto del martirio, cae en el pecado del “orgullo”, disfrazado con la supuesta humildad y amor al sacrificio. Sor María es quien determina la tragedia de sus hermanas y queda, por un azar histórico, que viene a ser como el designio de Dios, única superviviente de aquel grupo de infelices mujeres a las que ella empujó hacia la muerte. Demuestra así el autor cómo el Mal puede ocultarse bajo la apariencia del Bien.

La versión española de Francisco Fe Álvarez, de muy buena factura, está escrita en un magnífico lenguaje. Un detalle se escapa sin embargo. En toda la obra las religiosas se autonombran “sirvientas de Dios”, siendo que en realidad el nombre que se les asigna es el de “siervas de Dios”.

José de Jesús Aceves se anota un triunfo definitivo en su carrera. La dirección presentaba serias dificultades, principiando por el número increíble de cuadros que seccionan el hilo de la obra y a los que había que dar unidad. Su dirección más o menos “académica” ayudó en cierta forma al estilo de la obra.

Antonio López Mancera logró una escenografía que no podrá olvidarse en mucho tiempo. Plástica y funcional. Sencilla y ambientada.

Cuando a propósito de su actuación en Leocadia, dije que Berta Moss me parecía una actriz de enormes recursos, no imaginé que muy pronto Berta aparecería ante nosotros como una actriz dramática tan profunda. ¡Qué dominio de la técnica y de la emoción! Es indudable que será merecedora de quedar incluida en las ternas de este año.

Luz María Aguilar, buena actriz, pero con escasa voz. Marilú Elízaga en una actuación decorosa y no falta de aciertos, lo mismo que Hortensia Santoveña. Bien, Carmen Molina y Socorro Avelar; en cuanto a Felipe Santander, no tiene idea de lo que es representar a un marqués. En fin, un espectáculo digno de verse, aunque sólo fuera por la creación que de su corto papel hace Berta Moss.