FICHA TÉCNICA



Título obra La casa de los siete balcones

Autoría Alejandro Casona

Dirección Fernando Wagner

Elenco Magda Guzmán, Miguel Arenas, Carlos Becerril, Alicia Gutiérrez, María Douglas, Fernando Mendoza, Raúl Guzmán, Luz María Nuñez, José Mora, Gloria Silva

Escenografía David Antón

Espacios teatrales Teatro Fábregas

Referencia Mara Reyes (seudónimo de Marcela del Río), “Diorama teatral”, en Diorama de la Cultura, supl. de Excélsior, 11 octubre 1959, p. 3.




Título obra Aprendiendo a ser señora

Autoría Federico S. Inclán

Dirección Nancy Cárdenas

Elenco Carmen Salinas, Berta Moss, Ángeles Aragón, Raymundo Capetillo, Javier Esponda

Espacios teatrales Teatro La Ciudadela

Referencia Mara Reyes (seudónimo de Marcela del Río), “Diorama teatral”, en Diorama de la Cultura, supl. de Excélsior, 11 octubre 1959, p. 3.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

Diorama de la Cultura, Excélsior

Columna Diorama Teatral

[La casa de los siete balcones]

Mara Reyes

La casa de los siete balcones. Teatro Fábregas. Autor, Alejandro Casona. Director, Fernando Wagner. Escenografía, David Antón. Reparto: (por orden de aparición): Magda Guzmán, Miguel Arenas, Carlos Becerril, Alicia Gutiérrez, María Douglas, Fernando Mendoza, Raúl Guzmán, Luz María Núñez, José Mora y Gloria Silva.

Alejandro Casona, uno de los escritores contemporáneos de mayor prestigio, autor de La sirena varada, La dama del alba (ambas estrenadas por Margarita Xirgu), Prohibido suicidarse en primavera, Sinfonía inacabada, etc... nos brinda con La casa de los siete balcones una de la obras literarias de mayor relieve dentro del teatro actual escrito en español.

Casona en esta obra contrapone la realidad y la fantasía con maestría admirable. Por un lado están dos personajes perfectamente vinculados con la realidad –Ramón, el amo, y Amanda– los cuales tienen sus intereses, sus pasiones, sus ambiciones y luchan denodadamente por ellas. Por otro lado, formando el contrapunto, Genoveva y Uriel –hijo de Ramón– con sus sueños, sus anhelos y frustraciones. El personaje de Genoveva, de una delicadeza extraordinaria, tiene resuelta su vida a base de “tachar” todo lo que le desagrada y hiere, en cambio Uriel, sordomudo de nacimiento, aun cuando pertenece al mundo de Genoveva, aspira a ser como los otros, normal, no distinguirse de ellos. Hay que notar que el mundo del ensueño y de la fantasía está representado por dos dementes ¿qué significa esto? Casona nos da la respuesta presentando un personaje –don Germán– que es el exponente de la rectitud, de la forma positiva de vivir; don Germán no duda, sin embargo, en hacer amenazas de muerte, porque él sabe lo que es la realidad, sabe lo que es el ensueño, pero sabe igualmente que no hay que dejarse llevar hacia un solo lado, sabe, a fin de cuentas, que para que la realidad no nos arrastre hacia la villanía o nos empuje a la locura, es preciso enfrentarla, no huirle, no “tacharla”.

Del choque entre esos dos mundos surge el conflicto que va en crescendo durante los dos primeros actos ajustado a los lineamientos de una auténtica tragedia; pero en el tercer acto Casona resuelve el problema de una manera, aunque lógicamente humana, más restringida, pues escabulle el llegar hasta las últimas consecuencias en los postulados que ha planteado. Queda por lo tanto como una obra poética de grandes alcances, pero no como la tragedia que podía haber sido. De todas formas, lo anterior, es sólo una consideración al margen, pues la obra perfila perfectamente los caracteres y los ideales de los personajes esenciales, entre los que se desarrolla todo el conflicto, logrando un absoluto equilibrio entre ellos y sus situaciones y con un lenguaje de gran valor literario.

Wagner se enfrentó en esta ocasión, una vez más, a dificultades extremas, como la de que Uriel –sordomudo– hable en sus escenas con Genoveva y con los fantasmas, y no se pierda la sensación crítica en el momento en que al enfrentarse a su padre lanza su única palabra “no”, en señal de rebeldía. Pero ninguna dificultad comparable a la que presentaban las escenas de los fantasmas, en las que el menor descuido, la menor falla, podían acarrear el total derrumbamiento de la obra.

María Douglas nos brindó escenas que fueron un auténtico deleite, como aquella en que, junto con Uriel, busca las distintas sugerencias de la palabra ombú. Otras escenas de honda fuerza dramática fueron logradas por María con la misma maestría de todas sus grandes interpretaciones. No sería posible hacer una lista de los numerosos aciertos de Fernando Mendoza, de Magda Guzmán, de Luz María Núñez y de Miguel Arenas, pues no tendríamos espacio, sólo quiero hacer énfasis, por lo imprevisto, en la justeza de la interpretación de Carlos Becerril en el papel de Uriel, papel plagado de obstáculos, todos ellos muy bien sorteados. Aun cuando los créditos de los actores en programa y publicidad son siempre convencionales, hay ocasiones en las que se cometen injusticias, como en el caso de Carlos Becerril, que merecía un crédito mucho mejor, no sólo por la importancia de su personaje, sino por la calidad que demostró en la interpretación de Uriel. Del resto del reparto destaca brillantemente Alicia Gutiérrez, quien ya merece papeles de mayor envergadura.

La escenografía sobria de David Antón, forma un marco adecuado para resaltar las condiciones de ambiente en las que se desarrolla este drama. En resumen le recomendamos que no deje de ver esta extraordinaria obra.