FICHA TÉCNICA



Título obra La muñeca muerta

Autoría Horacio Ruiz de la Fuente

Dirección Enrique Rambal

Elenco Enrique Rambal

Escenografía Julio Prieto

Espacios teatrales Teatro del Músico

Referencia Mara Reyes (seudónimo de Marcela del Río), “Diorama teatral”, en Diorama de la Cultura, supl. de Excélsior, 5 julio 1959, p. 3.




Título obra El error de estar vivo

Autoría Aldo de Benedetti

Notas de autoría Amadeo Recanatti / traducción

Dirección Enrique Rambal

Elenco Wolf Ruvinski, Manola Saavedra, Narciso Busquets

Escenografía Julio Prieto

Espacios teatrales Sala Chopin

Referencia Mara Reyes (seudónimo de Marcela del Río), “Diorama teatral”, en Diorama de la Cultura, supl. de Excélsior, 5 julio 1959, p. 3.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

Diorama de la Cultura, Excélsior

Columna Diorama Teatral

[La muñeca muerta, El error de estar vivo]

Mara Reyes

La muñeca muerta. Teatro del Músico. Autor, Horacio Ruiz de la Fuente. Dirección y actuación única, Enrique Rambal. Escenografía, Julio Prieto.

Desde principios de 1957, Enrique Rambal anunció para este año un nuevo monólogo del mismo autor de Bandera negra y No me esperes mañana.

En La muñeca muerta, Ruiz de la Fuente vuelve a acusar su preocupación por la muerte y expone toda la rebeldía que causa la impotencia frente a su fatalidad a lo aparentemente inexplicable de su ocurrencia y sobre todo a su condición definitiva. A esta idea mezcla el sentimiento de culpa, por haber dicho a Laura que no la quería, sobre lo cual edifica toda la obra.

El monólogo consta de dos actos. El primero describe la personalidad de un individuo, escultor, rebelde frente a las normas y los prejuicios, seguro de sí mismo y un tanto amargado y su relación con Laura, en la que han intervenido una serie de circunstancias que han perturbado su nexo amoroso. Este acto, a pesar de tener planteamientos y actitudes exageradas por momentos, literariamente está mucho mejor logrado que el segundo acto, en el cual aparece ya el problema de la culpa en todo su apogeo. Si el autor hubiera suprimido la gran cantidad de elementos melodramáticos y de recursos de mal gusto, como el paseo con la muñeca y muchos otros, la obra entera habría ganado con ello.

Es tan diferente el movimiento, el tono, el ritmo y la fuerza en los dos actos, que tal parece que son dos diversos monólogos, unidos sólo porque el primero plantea los elementos subjetivos que desencadenarán la culpabilidad de Julio en el segundo.

Julio, es un sujeto que se debate entre una serie de contradicciones y una profunda angustia originada por la culpa y la necesidad imprescindible de ser perdonado, pero el autor al terminar la obra, como final feliz, lo salva de su culpa, a través de otorgarle una forma de perdón; para lo cual se vale de un truco escénico demasiado burdo.

La escenografía de Julio Prieto, puede considerarse como una muy buena realización.

El error de estar vivo. Sala Chopin. Autor, Aldo de Benedetti. Traducción, Amadeo Recanatti. Dirección, Enrique Rambal. Escenografía, Julio Prieto.

Un hombre muerto sin estarlo prefiere hacerse pasar por tal, debido a las ventajas que esto le puede ocasionar; he ahí de donde se desprenden las consecuencias que dan forma a esta comedia. El desarrollo es ingenioso y un gran acierto del autor es haberle dado el carácter de relato, pues de este modo se justifica de antemano cualquier distorsión en el trazo de los personajes y situaciones, ya que lo relatado nunca se puede ser exactamente igual a lo vivido.

En cuanto a la dirección se nota una inclinación a exagerar las situaciones con el evidente interés de ganar en comicidad, sacrificando a ella los rasgos de carácter de los personajes y más aún: la intención del autor; como por ejemplo aquella escena en que se esconden alternativamente María y Adrián tras los pilares de la casa para que Vidal no les descubra, y la conversación entre Vidal y María, en la que aquél la persigue a lo largo del sofá traicionando su verdadera personalidad; estas escenas, repetimos, crean una burda comicidad inadecuada para el fino trazo de la obra.

Ruvinskis en su obrero torpe para desenvolverse, inculto, que adora las marchas militares y no comprende los gustos refinados de su esposa, está excelente.

En cambio la actuación de Manola Saavedra es dispareja, logra algunos momentos buenos, pero “una golondrina no hace verano.” Narciso Busquets realiza un buen trabajo. Y el resto del reparto, bien; y aunque algunos de ellos en el primer acto caen en algunas exageraciones, no les culparnos, pues el error es de dirección.

A pesar de las fallas mencionadas, la obra está bien puesta y es digna de verse, entretenida e ingeniosa.