FICHA TÉCNICA



Título obra El presidente hereda

Autoría Guilio Cesare Viola

Notas de autoría Salvador Novo / traducción

Dirección Salvador Novo

Elenco José Luis Jiménez, Mercedes Pascual (Meche), Dolores Tinoco (Lola), Manuel Zozaya, Rosa Furman, Diana Ochoa, Mario Vega

Escenografía Antonio López Mancera

Espacios teatrales Teatro Moderno

Referencia Mara Reyes (seudónimo de Marcela del Río), “Diorama teatral”, en Diorama de la Cultura, supl. de Excélsior, 26 abril 1959, p. 2.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

Diorama de la Cultura, Excélsior

Columna Diorama Teatral

[El presidente hereda]

Mara Reyes

El presidente hereda. Teatro Moderno. Autor, Giulio Cesare Viola. Traductor y director, Salvador Novo. Escenografía, Antonio López.

La pieza se desarrolla en Italia en la época actual, en el momento en que a un presidente de lo que correspondería aquí a la suprema Corte, se le presenta la tentación de aceptar una herencia; sólo que el hacerlo representaría la claudicación de toda su vida. Él ha vivido siempre modesto y rutinario y desde luego ha deseado algo mejor, incluso en un momento confiesa que ha envidiado la vida de lujo del hermano, no obstante no puede aceptar enriquecerse mediante un sistema inescrupuloso.

El contrapunto lo llevan los hijos. Ellos también han vivido con privaciones, como cualquier familia de un funcionario honrado y de pocos recursos, pero tienen otro punto de vista para enjuiciar, para ellos esa herencia representa la solución de sus problemas, la satisfacción de sus deseos. Estas dos diferentes opiniones entran en conflicto y con ellas la concepción ética de dos generaciones. El padre, que antepone sus principios al dinero y los hijos que subordinan al dinero las consideraciones de carácter ético.

La cuestión es: ¿hasta dónde es posible llegar a una transacción entre los bienes materiales y los principios éticos? Y cada uno, el padre por un lado y los hijos por el otro, resuelven el problema por caminos distintos.

El montaje de la obra, es plausible, bien montado. Cada frase, cada silencio, apoya el texto, lo enfatiza, lo despliega. Cada una de las acciones y reacciones de los personajes es medida, justa, entrelazada a la madeja de los otros personajes hasta formar, un tejido firme y constante. José Luis Jiménez nos muestra una vez más lo que es capaz de hacer. Proyecta la turbación, la angustia, la desesperación del hombre con un gesto, con una mirada, y al final, después de su derrumbe, cuando dice a la mujer que no obstante “no he renunciado como hombre…” Jiménez demuestra lo que es ser actor y lo que es ser hombre, pues traspasa los límites del teatro.

Meche Pascual, estupenda en el papel que forma precisamente la antítesis del padre, pues ella es la que se le enfrenta, ya que el hermano está totalmente subordinado a su fuerza.

Hay que hacer una mención muy especial de Lola Tinoco, que hace una creación verdaderamente magistral de ese difícil papel en que “ya la jalan de un brazo como de otro”. Manuel Zozaya, Rosa Furman, Diana Ochoa, cada uno en su papel; de Mario Vega, puede decirse que tiene madera.

En cuanto a la escenografía, Antonio López Mancera creó perfectamente el tipo de casa que correspondería al presidente que al fin y al cabo no heredó.