FICHA TÉCNICA



Título obra El hombre que hacía llover

Autoría Richard Nash

Dirección Xavier Rojas

Elenco Antonio Bravo, José Alonso Cano, Fernando Luján, Beatriz Aguirre, Ángel Merino, Salvador Machado, José Gálvez

Escenografía Jorge Contreras

Espacios teatrales Teatro El Granero

Referencia Mara Reyes (seudónimo de Marcela del Río), “Diorama teatral”, en Diorama de la Cultura, supl. de Excélsior, 29 marzo 1959, p. 3.




Título obra Magia roja

Autoría Michel de Ghelderode

Dirección Gilbert Amand

Elenco Gastón Melo, Marisa Magallón, Fernán González, Claudia Millán, Óscar ChávezGilbert Amand

Escenografía Colaboración de todo el grupo

Espacios teatrales Teatro de la Capilla

Referencia Mara Reyes (seudónimo de Marcela del Río), “Diorama teatral”, en Diorama de la Cultura, supl. de Excélsior, 29 marzo 1959, p. 3.




Título obra Un caballo blanco

Autoría John Murray, Allen Boretz

Dirección René Anselmo

Elenco Manuel Valdéz (El Loco), Nono Arsu, Carlos Ancira, Alejandro Ciangherotti, Antonio Brillas, León Barroso

Escenografía Julio Prieto

Espacios teatrales Teatro de los Insurgentes

Referencia Mara Reyes (seudónimo de Marcela del Río), “Diorama teatral”, en Diorama de la Cultura, supl. de Excélsior, 29 marzo 1959, p. 3.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

Diorama de la Cultura, Excélsior

Columna Diorama Teatral

[El hombre que hacía llover, Magia roja, Un caballo blanco]

Mara Reyes

El hombre que hacía llover. Teatro del Granero. Autor, Richard Nash. Director, Xavier Rojas. Escenografía, Arq. Jorge Contreras. Reparto: (por orden de aparición) Antonio Bravo, José Alonso Cano, Fernando Luján, Beatriz Aguirre, Ángel Merino, Salvador Machado y José Gálvez.

En esta época de realidades traumatizantes ¡cuánta falta hace un poco de fe en la vida, un poco de “milagro” y de ternura! El hombre que hacía llover es una obra conmovedora que además del goce estético que nos proporciona por su calidad técnica y emotiva, nos devuelve la esperanza y la fe. ¡Con qué inteligencia está tratado el problema de la inseguridad! Casi todos los personajes la sufren, Lizzie y File no creen en sí mismos y por ello nadie cree en ellos. Starburk es distinto y sin embargo su problema es similar, él necesita pensar que es alguien y se convierte en un fabricador de sueños siempre para afirmarse a sí mismo, la diferencia entre él y los demás es que lucha contra su inseguridad y los demás no. Se trata de una obra cuajada, plena de vigor. Pero las excelencias de esta comedia se ven acentuadas por la mano mágica de Xavier Rojas, que se inicia en un nuevo estilo. No es el mismo teatro de Los desarraigados, del Viaje de un largo día hacia la noche, de El deseo o de Rencor al pasado, pero sí con el mismo alcance humano.

Beatriz Aguirre es, sin duda, sobre la que descansa la obra, y tiene que enfrentarse con un problema realmente difícil: representar “el ridículo” sin hacerlo. La creación de su Lizzie es inolvidable. Antonio Bravo da una verdadera cátedra del buen actuar. José Gálvez como nunca se le había visto: ¡qué diferencia de este Gálvez con el apayasado cómico de Divorciémonos! Este es un verdadero actor. Fernando Luján, extraordinario. Muy bien también, Ángel Merino y José Alonso Cano. Realmente quedarán por mucho tiempo sus rostros en nuestra memoria con los nombres de Lizzie, Curry, Starburk, Jimmy, File y Noé.

Magia roja. Teatro de la Capilla. Autor, Michel de Ghelderode. Director, Gilbert Amand. Escenografía, en colaboración todo el grupo. Reparto: Gastón Melo, Marisa Magallón, Fernán González, Claudia Millán, Oscar Chávez y Gilbert Amand.

El Teatro de la Capilla se ha reabierto con una excelente farsa en la que el autor satiriza los principales “pecados” que asediaban a los hombres en el medioevo: avaricia y lujuria. El ambiente está perfectamente captado. Es curioso observar cómo es precisamente un capuchino el fraile que se presta a todo el juego, como capuchinos eran siempre aquellos frailes de quien Anatole France hace burla en sus obras. En Magia roja están visibles todos los problemas que inquietaban a la época, desde los pecados mencionados, hasta la alquimia acompañada de los temores a la inquisición.

El grupo de jóvenes que se ha atrevido con esta obra tiene inquietudes muy loables, pero han cometido el error de lanzarse con una pieza superior a sus fuerzas. Por otro lado, el avaro sostiene durante casi toda la obra un monólogo que requiere un verdadero dominio del matiz, cosa que no logra Gastón Melo a pesar de su bien intencionado esfuerzo. La escenografía, sencilla y sugestiva, es un acierto. Pero aconsejaríamos al director escoger repertorio después de haber medido sus posibilidades y las de sus colaboradores; ser modesto algunas veces redunda en propio beneficio. De cualquier modo, les deseamos buen éxito.

Un caballo blanco. Teatro de los Insurgentes. Autores, John Murray y Allen Boretz. Director, René Anselmo. Escenografía, Julio Prieto. Reparto: “Loco” Valdés, Nono Arsu, Carlos Ancira, Alejandro Ciangherotti, Antonio Brillas, León Barroso, etc.

Cuando supe que Nono Arsu y Manuel Valdés “actuaban” en esta obra, me dispuse a padecer una “pachanga” como se dice en la jerga teatral (y en la no teatral). Imaginé las mil y una morcillas que lanzarían Arsu y Valdés; pero me encontré ante una “cosa” (pues no sé cómo llamarle) en la que la fundamental falla no es siquiera la presencia de actores que no lo son, sino la falta absoluta de una obra que se acercara, aunque fuera remotamente, a lo teatral. Aburrida, sin argumento, sin situaciones cómicas, sin margen de lucimiento ni de los actores, ni –lo que es el colmo– de los que no son actores. Pobreza de ingenios, pobreza de comicidad; las payasadas del “Loco” Valdés son tan sacadas de los cabellos que no alcanzan siquiera a divertir. No llegan a producir la risa, no digamos ya en plan de teatro ligero (eso es pedir mucho), sino ni siquiera como estilo de carpa. Es de lamentar que los señores Ancira, Alcaraz, Brillas, Barroso y Ciangherotti, se hayan olvidado de su categoría de actores para ir a hacer de comparsas, faltándose a sí mismos al respeto.