FICHA TÉCNICA



Título obra Casandra

Autoría María Luisa Algarra

Elenco Tara Parra, Virginia Gutiérrez, Lucille Donnay, Guillermina Peñaloza, Rosa Méndez, Farnesio de Bernal, Luis Jimeno, Julio Taboada, Carmen Sagredo

Grupos y compañíasGrupo Teatro Contemporáneo

Notas de grupos y compañías María Luisa Algarra / directora

Espacios teatrales Sala Molière

Eventos Debut del grupo Teatro Contemporáneo

Referencia Armando de Maria y Campos, “Grupos experimentales. Estreno de Casandra de María Luisa Algarra, en la sala Molière”, en Novedades, 11 febrero 1953.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Crítica teatral de Armando de Maria y Campos: Casandra

Grupos experimentales. Estreno de Casandra de María Luisa Algarra, en la sala Molière

Armando de Maria y Campos

    Dentro de un sobre del Instituto Nacional de Bellas Artes -Departamento de Información- nos llegó la noticia: Hoy jueves (6 de febrero), a las 8.45 p.m., en la sala Molière, de Nazas 43, será el debut del grupo Teatro Contemporáneo, con la obra Casandra de María Luisa Algarra... Como las primeras funciones serán realizadas con el afán de dar a conocer las modernas producciones del teatro mexicano, labor que se ha echado a cuestas este grupo que encabeza María Luisa Algarra, solamente hay que solicitar la invitación correspondiente a La Casa de Francia, Nazas 43, para tener acceso a estas representaciones que marcarán un camino más en favor de nuestro teatro. Hoy jueves y mañana viernes, la función será a las 8.45 p.m. María Luisa Algarra es la autora de aquella conocida comedia que se estrenó hace algún tiempo: Primavera inútil, y que tantos comentarios despertara entre el medio artístico y en general, por lo revolucionario y atrevido de su tema. Como aquella, Casandra revolucionará conceptos del teatro moderno, etcétera.
    El cronista se apresuró a solicitar "la invitación correspondiente" por teléfono. No logró comunicación. Se presentó a la aventura, a la hora indicada, y se encontró con la sala Molière concurridísima. Todo el México de los estrenos de teatro experimental, y mucha gente de la radio, lo que se explica, porque María Luisa Algarra escribe series para el micrófono sin descanso, dos o tres diariamente, que si bien le sueltan la pluma para dominar el diálogo, le han de quitar muchas horas, absorbida en este estéril trabajo, con el que se gana la vida. Sus series radiofónicas son buenas en general, menos malas que la mayoría, y yo que por razones de trabajo de otra índole, debo leerlas frecuentemente, tengo de María Luisa Algarra la mejor impresión como "sketchista" radiofónica. Creía que la radio la había apartado de todo trabajo serio para el teatro. Ahora veo que no, afortunadamente.
    

     Casandra, pieza en tres actos, es una gallarda muestra de teatro realista. Toma el nombre de la hija de Príamo, rey de Troya, que recibió de Apolo, dios de los oráculos, el don de profetizar. Como en la mitología, hay en esta pieza moderna, comedia con alcance de melodrama, un personaje, Juana, chica de dieciséis o diecisiete años, en la que habita un ser sobrenatural -¡Casandra!- que hace sus predicciones, lo mismo sobre sucesos cómicos y pueriles que trágicos y transcendentales, sin que nadie le haga caso. La acción de la pieza transcurre, según se advierte en el programa, "en cualquier ciudad industrial de cualquier país, antes de estallar cualquier revolución obrera. El tercer acto, en plena revolución". Pero desde las primeras escenas nos damos cuenta de que está inspirada, tal vez por muy vista, en la revolución española, que no fue una revolución propiamente. El origen inspirador de la pieza de María Luisa Algarra es lo de menos. Lo que debe contar en primer término es la anécdota, que está muy bien expuesta en el primer acto, que en el segundo se pierde un poco para atender sucesos pintorescos y accidentales, y que en el tercero se desborda en melodrama convencional, con un final que no sólo predice Casandra-Juana, sino que todos prevemos. Hay en la pieza de María Luisa Algarra dos comedias distintas que se confunden y mezclan, echándose a perder una y otra. La situación cómica de Casandra-Juana, que tiene antecedentes conocidos -El de Adela en lo cómico, La guerra de Troya no sucederá en lo trágico-, prediciendo sucesos de la vida común y corriente en la familia de nuevos ricos, y el melodrama de aquella misma familia, integrada por idiotas burgueses, que no ven nada de lo que pasa a su alrededor. La señora Algarra no se decide en definitiva por ninguna, y el magnífico primer acto cómico de exposición se disuelve en el segundo francamente realista, melodramático, confuso, y se desbarranca en el

tercero, que carece del aliento trágico de aquellos momentos de hondo dramatismo característicos en un país en plena revolución obrera. Termina la pieza con una escena -confiada a aficionados netos- del peor gusto.
     Bien construida en general la pieza, dialogada con soltura, su desarrollo no carece de "suspense". Al final, los amigos y discípulos de la señora Algarra la hicieron salir a recibir entusiasta ovación.
     La interpretación adoleció de falta de ensayos; pocos actores se sabían su papel y, en general, ignoraban por dónde andaban. Se destacó la señorita Tara Parra, la más segura de todos, muy dentro de su personaje, vivaz, inteligente, simpatiquísima. Muy empeñosa y responsable, Virginia Gutiérrez, igual que Lucille Donay, Guillermina Peñaloza y Rosa Méndez. De ellos, Farnesio Bernal y Luis Gimeno, empeñosos, justos. Julio Taboada, aunque matizando con talento, siendo él mismo más que el personaje "Jaime Cirera". Carmen Sagredo, insegura, nerviosísima, sin memoria, por poco echa a rodar todo y a todos.
     Es una lástima que este experimento teatral no haya pasado de dos representaciones.