FICHA TÉCNICA



Título obra Pudo haber sucedido en Verona

Autoría Rafael Solana

Dirección Ignacio Sotelo

Elenco Virginia Manzano, Blanca Torres, Marcela Gómez, Silvia Karina, Roberto Rivera, Jorge Mateos, José Elías Moreno, Demián Bichir, Luis Gimeno, Miguel Maciá, Augusto Benedico

Escenografía Marcela Zorrilla

Espacios teatrales Teatro del Bosque

Referencia Rafael Solana, “Teatro. [Pudo haber sucedido en Verona de Rafael Solana, dirige Ignacio Sotelo]”, en Siempre!, 24 febrero 1982.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Crítica de Rafael Solana - Pudo haber sucedido en Verona

Siempre, 24 de febrero de 1982

 

Teatro

Rafael Solana

Pudo haber sucedido en Verona de Rafael Solana, dirige Ignacio Sotelo

Hemos visto Pudo haber sucedido en Verona (1), y hemos salido de esa representación pisando algodones, como después de un gran concierto o de una gran tarde de toros. ¡Qué actuaciones admirables, de todos, los que en ella intervienen! ¡Qué fina y profunda dirección de Nacho Sotelo!  No se trataba esta vez, que en muchas ocasiones no pasa de eso la actuación de los directores, de dar adecuadas luces y de imprimir movimientos escénicos a los personajes, que desde los tiempos de Seki Sano tienen que estarse moviendo en el escenario como tigres enjaulados o como ardillas incansables; esta vez había que dar profundidad a cada párrafo, intensidad y significación a cada silencio; la obra no se presta a una dirección vertiginosa, de entradas y salidas crometradas, como Hotel Paraíso o como La pulga en la oreja, ni a un incesante bullir, sino requiere que cada frase sea pesada y medida, colocada con tipo para que dé en un blanco, y exige del director y de los artistas comprensión de los alcances que pretendió el autor dar a cada bocadillo, que cada sentencia vaya disparada en busca de la inteligencia, de la sonrisa o del enternecimiento del espectador, no nada más de que no tropiecen entre sí los actores al agitarse como condenados en el escenario.
           
¿Por quién empezar a elogiar a los artistas, después de haber hecho honrosa mención del director, que no se ha limitado a moverlos, a darles cuerda, sino les ha insuflado un alma, con un soplo creador?
           
Comenzaremos, ladies first, por Virginia Manzano.
           
De familia ilustre, de apellido glorioso en el teatro, esta hermana de Miguel, de Roberto, de Celia y de Carmen, hija de Concha, madre de Salvador, suegra de Gina, se tiene ganado, no de ahora, un sitio de honor, en la escena mexicana; alguna vez le dijeron "La montoyita", porque hacía la Aldara cuando doña María Tereza hacía la reina Juana, y la hija cuando la Montoya hacía la Raymunda; quería decir ese diminutivo que detrás de María Tereza sólo se veía a Virginia como seguidora; y lo tenía todo para heredar aquel trono, cuando vacase; una voz espléndida, que conserva; una buena figura, que esa sí los años han modificado; y una escuela, una ciencia  y un arte de comunicar, un dominio escénico admirable. Encabezó muchas piezas; la recordamos, con Rambal, en El vals de los toreros; estrenó obras, como Frente a la muerte, de Basurto, Aguas estancadas y Jano es una muchacha, de Usigli, y autores, como el de Las islas de oro y de Estrella que se apaga, de quien puede considerarse madrina, pues ella lo dio a conocer en esas sus dos iniciales piezas, y que es el mismo a quien ahora resucita al volver a hacer un papel absolutamente estelar después de, por disciplina, varios pequeños. No nos hemos ido de espaldas porque ya nosotros la conocíamos y sabíamos lo que de ella se puede esperar; pero hemos visto abrir tamaña boca a personas jóvenes,  que no vieron sus años de gloria, y que no sabían de lo que es capaz; en Pudo haber sucedido en Verona vuelve a ser la señora Manzano lo que había sido mientras quiso; una estrella y una maestra.
           
Otra primera actriz hay en la compañía, Yolanda Mérida, la inolvidable inválida de La visita de la vieja dama (ella modificó el título, corrigió a "de la gran dama", para no envejecerse, lo que ahora se ve precisada a hacer por exigencia de su personaje). Tiene menos papel que Virginia, pero qué admirable está en su escena de gran tono, y qué justa en las demás. Pero a ella sí le recuerdan las nuevas generaciones trabajos de gran mérito, por algunos de los cuales ha sido premiada.
           
Sólo agradecimiento merece del autor de la comedia el que una actriz tan notable como doña Blanca Torres haya aceptado un papel insignificante, indigno, de ella; pero ya ha tenido, y volverá a tener, ocasión de brillar resplandecientemente (como hizo en Los buenos manejos, no hace mucho).
           
Otras damas, esta vez jovencitas, tiene la pieza, y una de ellas es justamente la hija de Blanca Torres (y de Miguel Gómez Checa), Marcela Gómez, que se presenta; y la otra, hija de Karina Duprez, a quien hay que ver en Pobres gentes, y nieta de Magda Guzmán, es Silvia Karina(2), que está fresca y encantadora. Un bello porvenir se abre delante de estas dos casi niñas.
           
Eso, por lo que hace a los papeles femeninos.
           
En materia de actores es más numeroso el reparto que por lo que respecta a actrices; y ya irán viendo ustedes que ninguno es desconocido; el papel más pequeño lo hace Roberto Rivera, Gordon de los chales, si recuerdan ustedes La hora soñada; otro breve también Carlos Bribiesca, que es un actor muy completo y que tiene una historia.
           
Otro de mayor importancia es el que fue repartido a Jorge Mateos; que si bien brilla menos que en Los policías, donde estuvo estupendo, o que en El burgués gentilhombre, en que lucía sus habilidades de espadachín, no es por culpa suya, sino por limitaciones del personaje. Entre los jovencitos, que son muchos, apenas alcanzamos a ver a José Elías Moreno, que nos dejó gratísimo recuerdo en una Fuenteovejuna; en cambio luce enormemente Demián Bichir, que da gran vida interior y enorme emoción a su personaje; Demián ya fue el año pasado doble o triplemente premiado como el mejor actor juvenil de México, y con su trabajo en esta obra nada nos extrañaría que volviera a serlo.
           
Sin igualar su trabajo, eminente, en El alcalde de Zalamea, encontramos excelente a Luis Gimeno, lleno de gracia, de buen humor y de simpatía; y a Miguel Maciá lo ponemos en alto, como notabilísimo intérprete de un papel de escucha, más mudo que hablador, y tal vez por ello más difícil; en nada desmerece de su Basilio de La vida es sueño, ni de El baile, que ha sido otra de sus mejores creaciones.
           
Pero la estrella masculina de la pieza es don Augusto Benedico, el inolvidable Pedro Crespo, que pronto recibirá el premio al mejor actor del año pasado. Vuelve a tener don Augusto, que ya tuvo muchos en esta compañía, un papel de máxima responsabilidad, y le recordamos muy recientemente otros tan brillantes como el de Los policías, el de Luces de Bohemia, el de La casa de los corazones rotos, y el de Heredarás el viento y de antaño otros como el de Una luna para el bastardo, Viaje de un largo día hacia la noche y varios en personajes del teatro clásico, o moderno poético, como Que no quemen a la dama. Tal vez ninguno de los actores que hoy honran nuestra escena habría sacado este personaje (y en uno muy parecido fracasó nada menos que Leslie Howard), como lo saca Benedico.
           
Por ver un plantel de actores formidables, una excelente dirección, una buena escenografía, de Marcela Zorrilla, vale la pena de conocer Pudo haber sucedido en Verona, cualquier que sea el mérito que se conceda a la obra.     

1. Estrenada el 10 de febrero en el Teatro del Bosque P. de m. A: Familia Solana

2. Se refiere a Magda Karina. Idem.