FICHA TÉCNICA



Título obra Como tú me deseas

Autoría Luigi Pirandello

Dirección Dimitrios Sarrás

Elenco Mercedes Pascual, Rafael Llamas, Miguel Palmer, Javier Marc, Antonio Bravo, Eva Calvo, Luis de Léon, July Furlong, Samara de Córdova, Graciela González

Escenografía David Antón

Productores Mercedes Pascual

Referencia Rafael Solana, “Teatro. [Como tú me deseas de Luigi Pirandello, dirige Dimitrios Sarrás]”, en Siempre!, 25 octubre 1972.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Crítica de Rafael Solana - Como tú me deseas

Siempre, 25 de octubre de 1972

 

Teatro

Rafael Solana

Como tú me deseas de Luigi Pirandello, dirige Dimitrios Sarrás

Cuando Meche Pascual nos hizo conocer su proyecto de montar Como tú me deseas, de Pirandello, se nos despertó cierto escepticismo. ¿Es Pirandello para el público actual? Nos preguntamos. El teatro, evidentemente, lejos de hacerse cada día más inteligente o más sutil, se ha hecho más burdo, más tosco y más grosero. Una generación adecuada en un teatro rudo, ¿será capaz de seguir los delgados razonamientos de Pirandello? Hace cinco años, con motivo del centenario del nacimiento de este autor, Héctor Azar organizó una temporada de recordación suya, en que reconocimos, o descubrimos varias de sus piezas, y no nos pareció que el público se apasionase por ellas.
          
Lo de Meche Pascual ha resultado algo completamente distinto. Aquella vez se nos presentaron las obras casi desnudas, dichas, más que interpretadas, por jóvenes actores aficionados, que unas veces las entendieron y otras no, ni mucho menos las hicieron entender a los espectadores. Ahora la señora Pascual ofrece un espectáculo excepcional, en que la pieza es explicada por un grupo de actores magníficos, bajo una dirección estupenda, en el cuadro de una escenografía perfecta, a un público, la primera noche por lo menos, culto, preparado. El triunfo, en estas condiciones, ha sido colosal. Enorme éxito de autor, de actriz, de director, de escenógrafo,
del cuadro completo. ¿Irá a repetirse esa victoria en las noches subsecuentes?
          
La comedia Como tú me deseas, tal vez una de las más bellas de Pirandello (de las diez o doce más bellas) ha sido aligerada suavemente. El director Dimitrios Sarrás ha suprimido cuatro personajes, ninguno de ellos esencial (un portero, una enfermera, un cuarto joven de un grupo que se redujo a tres, y Bárbara, la hermana de Bruno) y ha conservado ya no como papel central, sino casi como monólogo coreado, el de la Desconocida, que hace Meche; llega un momento en que todos los demás personajes en escena (nueve) callan obstinadamente y escuchan a la primera actriz cantar su gran aria del tercer acto, que es admirable. Por cierto, no contrató Sarrás para hacer estos papeles de estatuas a artistas de segundo o tercer orden, sino a unos excelentes; puesto que hasta para escuchar, en escena, hay que ser buen actor, a riesgo de que se rompa el encanto, y no funcione la magia del arte.
          
Ya hablaremos de estos artistas muy buenos que ocupan un lugar en el escenario, sin casi despegar los labios; ahora diremos algo de Mercedes Pascual, que nos ha dado una sorpresa extraordinaria. La recordamos de hace años, veinte tal vez, cuando hizo, siendo una chiquilla, La cocina de los ángeles, en el Caracol; sin que se altere su físico en forma alguna apreciable, ha ido madurando como actriz; la vimos hacer una bella diosa en La orestiada, y otra tan hermosa como fatídica, en Medusa, hace cuatro años, en la olimpiada cultural; pero nunca habíamos podido sospechar que hubiese en ella una primera actriz de la talla necesaria para hacer Como tú me deseas; Pirandello pertenece a la época de los grandes papeles para las grandes actrices, a la de D´Annunzio, Benavente, Niccodemi, Sardou, actrices como la Bernhardt, la Duse, la Xirgu, la Montoya, eran necesarias para estas obras atléticas. Pues bien, para gran pasmo nuestro, la Pascual  se ha remontado, en esa pieza, en que la encontramos eminente, hasta esas cimas; es verdad que en la primera noche la traicionaron los nervios, y cometió ocho erratas de dicción, y  la voz se le desentonó, por la emoción, y se le adelgazó en algunos momentos; pero esas son insignificancias que han de desaparecer de inmediato con la práctica. Lo importante es que ha entendido el papel, que no ha recitado mecánicamente el texto, sino lo ha incorporado, lo ha sacado de dentro de sí; habla, no con las cuerdas vocales, sino con la cabeza y con el corazón, y todo lo que dice lo siente, hasta un poco por demás, si hemos de pensar en la paradoja del comediante.    
          
Joven, bella, elegante, impecablemente vestida en los tres actos, con una voz muy nítida, muy bien manejada cuando la emoción no la altera, grácil de movimientos (su papel es el de una bailarina), en esta obra brilla Meche Pascual sobre todo por su inteligencia; hay actrices famosas, muy bellas y muy bien pagadas, en quienes falta ese brillo de la inteligencia en los ojos, y ese entendimiento de los personajes, sobre todo cuando son tan complicados como éste pirandelliano; Meche, que dice verdaderos discursos, sobre todo en el tercer acto, los hace comprensibles para el público, se sabe explicar acentuando las frases donde se debe, subrayando la intención de cada sentencia.
          
Pero no atribuyamos a ella sola este talento. Si observamos que todos los artistas del reparto incurren en este acierto, hemos de deducir que recibieron la luz de su director. Dimitrios Sarrás, que justamente por esta virtud sobresaliente se ha distinguido ya en muchos otros casos (uno reciente, Todo en el jardín, en este mismo teatro). De fuera nos han venido algunos directores excelentes que nos enseñaron, unos, a mover masas, otros a gritar a los actores, otros a producir inusitados movimientos o posturas extrañas, a sentarse en el suelo o a hablarles a las paredes. Sarrás no cae en estos excesos, sino cree, como nosotros creemos, que lo principal es hacer oír y entender el texto de la obra, aunque los actores se queden quietos como un monumento (eso ocurre en esta obra en el acto final) o posen como para un retrato; mientras sea posible oírlo todo, y comprenderlo todo, el director habrá acertado, aunque no pare de cabeza a los artistas ni los haga saltar en una red por encima de los espectadores.
          
Sarrás conjuntó un grupo muy valioso de artistas, a pesar de que, fuera del de la Desconocida, hay pocos papeles de relieve en la obra. Rafael Llamas está perfecto, medido, en su villano, que pudo haber sido hecho más burdamente; Miguel Palmer, como nunca, claro, penetrante, exacto, en un papel distinto de los romanticones en que ha brillado en la televisión. El talentoso y lúcido Xavier Marc apenas tiene que hacer otra cosa que oír, pero eso también es difícil, y lo hace muy bien. Antonio Bravo está exquisito en su caballeroso, noble y blando tío. Y de Eva Calvo diremos que ni la vimos nunca mejor, ni creímos, sin que esto vaya a ofenderla, que un día la veríamos tan precisa y tan intensa en un papel, pues el de la tía Lena que aquí borda es la perfección misma. Hay papeles más chicos para Luis de Léon, que dice bien sus pocas frases, y para July Furlong y Samara de Córdova, que son actrices muy superiores a los pequeños personajes que recibieron. Graciela González, que sólo tiene que decir varias veces la misma palabra, no rompe el encanto, sino se ajusta como una pieza más a la dirección acertadísima.
          
Y ya sólo un renglón más para David Antón, cuyo decorado para el primer acto es magnífico, y bueno el de los otros dos. David es un hombre de cultura que sabe hacer distinguir las fechas, los lugares y los ambientes con detalles adecuados; él también contribuye al éxito enorme de Como tú me deseas, y debió de salir a agradecer las ovaciones al final de la representación, la noche del estreno.