FICHA TÉCNICA



Título obra Rómulo Magno

Autoría Friedrich Dürrenmatt

Dirección Ignacio Retes

Elenco Augusto Benedico, Héctor Andremar, José Carlos Ruiz,, Enrique Lizalde, Patricia Morán,Virginia Gutiérrez, Virginia. Bruno Rey

Escenografía Julio Prieto

VestuarioJulio Prieto

Espacios teatrales Teatro Hidalgo

Referencia Rafael Solana, “Teatro. [Rómulo Magno de Federico Dürrenmatt, dirige Ignacio Retes]”, en Siempre!, 7 julio 1965.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Crítica de Rafael Solana - Rómulo Magno

Siempre, 7 de julio de1965

 

Teatro

Rafael Solana

Rómulo Magno de Federico Dürrenmatt, dirige Ignacio Retes

Acontecimiento excepcional en la vida teatral de nuestra metrópoli debemos considerar el estreno público de una obra del aliento, de la perfección, de la admirable grandeza de Rómulo Magno, de Federico Dürrenmatt, que subió a la escena del Hidalgo la semana pasada. Decimos estreno público  porque ya hubo uno o dos privados, que no trascendieron; por ejemplo, el que hizo Ignacio Medina con alumnos de la preparatoria número cuatro, y que se representó en el teatro del Ródano; pero de  eso se enteraron pocas personas.
          
 La obra, que conocíamos por lectura, nos parecía soberbia, si bien muy difícil de montar. Ahora hemos visto, con la mayor satisfacción, que el excelente director Ignacio Retes  pudo superar casi todas las dificultades, y que nos ofrece una versión que, además de ser un soberbio espectáculo teatral (en lo que puso su importantísima parte Julio Prieto) permite oír y seguir el estupendo texto, que merece ser conocido de todos los amantes del teatro y del arte en general.
           
Tenemos a Dürrenmatt por uno de los más grandes escritores teatrales de nuestro siglo, y, por hoy, el mayor de los vivientes, en su idioma; otras obras suyas ya nos fueron presentadas, y llamaron la atención, pensamos que no lo hará menos ésta, y alguna otra que siga tampoco, pues todavía nos quedan por ver en México piezas suyas tan grandes como Un ángel llega a Babilonia, o tan interesantes como El matrimonio del señor Mississippi. Y las que todavía le queden por escribir.
           
La obra, estupenda, que nadie debe dejar de conocer, fue perfectamente entendida por Retes, aunque haya que lamentar que no de todos los actores de su extenso reparto pudo obtener el tono adecuado para la representación de esta sátira fina, aguda, ingeniosa, que no falta quien pretenda convertir en farsa algo burda, apachangándola innecesariamente. Por fortuna el actor principal Augusto Benedico, sí supo encontrar el tono justo, y las escenas que él hace suben enormemente. El acto mejor logrado, y que resulta una verdadera delicia, es el tercero, en que casi se queda solo Benedico, y eso vamos ganando. Calificaremos de eminente la actuación de este notable actor en esta obra. Ya ha estado enorme en otras ocasiones; pero ahora brilla a una altura admirable. Penetra en todos los sentidos de su hondo papel, dice las cosas con grandeza, cargándolas de todas las resonancias y todas las reticencias que el autor puso en ellas. Está grandioso y perfecto.
           
De nadie más puede decirse lo mismo; pero hay que elogiar, sin embargo, algunas otras actuaciones; bien, sin llegar a la altura, está Héctor Andremar, un poco bajo para un papel de la grandeza del suyo; feliz, y con bien logrados efectos para el público, Ruiz, como el deportista  somnoliento. Esplendido de figura y vigoroso, enérgico, con el necesario pathos, Lizalde, en la mejor actuación de su carrera. Cumple Patricia Morán, muy guapa, en un papel sin relieve ni problemas, lamentamos que haya sido repartido a la muy joven y muy linda Virginia Gutiérrez, de pesadas pestañas, un papel de matrona que habría tenido mayor madurez en una mujer más rotunda y robusta, una Juno, que pueda inspirar a su marido la idea de que haber pasado a su lado 20 años ha sido “espeluznante”; nada de eso sugiere, ni remotamente, Virginia. Bruno Rey saca adelante su caricatura; pero exageran o se equivocan (a nuestro juicio) otros actores, que por temor de buscar risas se olvidan de dar majestad a sus personajes, algunos de los cuales debieran ser, en la concepción del autor, solemnísimos.
           
Son muy buenos la escenografía(1) y el vestuario (en el que pueden reconocerse residuos de alguna pasada grandeza) y están muy bien dadas las luces.
           
Quisiéramos que nadie dejara de ver esta obra estupenda, altísima joya del teatro de nuestro siglo, y que brinda al actor Augusto Benedico la ocasión de consumar una actuación inolvidable.

 

1. De Julio Prieto. Armando de Maria y Campos. Op.Cit. Crónica del 26 de junio de 1965