FICHA TÉCNICA



Título obra No me olvides en diciembre

Autoría Alan Anycrown

Dirección José Luis Ibáñez

Elenco Adriana Roel, Ricardo Cortez, Luis Coutourier, Mercedes Pascual

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. No me olvides en diciembre con excelentes actores” en El Día, 25 enero 1988, p. 19




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

? Crítica teatral de Malkah Rabell: No me olvides en diciembre

Se alza el telón

No me olvides en diciembre, con excelentes actores

Malkah Rabell

 

¿Qué es locura? ¿Qué diferencia hay entre tal estado mental y la fantasía, la imaginación que inventa imágenes y da vida a visiones? Tal es la interrogante que plantea la obra del autor inglés Alan Anycrown que se presenta en el teatro "Independencia": No me olvides en diciembre. Susana es la esposa de un vicario, a quien odia, lo que es muy comprensivo de parte de una mujer aún joven, ávida de amor y de vida apasionada, y que ha de vivir en el estrecho círculo de las amistades de su marido y de la hermana de éste una mujer perfectamente estúpida a quien su hermano protege y defiende dándole un lugar privilegiado en su casa, y hasta prefiriéndola a su esposa.

Susana, la esposa vive de sueños, en los cuales aparece una hija inexistente y un marido joven y entusiasta, terriblemente enamorado, sueños a tal punto reales que termina por aceptarlos como realidades. Y desde luego un amigo médico la toma por loca. La anécdota no es muy rica en materia argumental. En torno de esos sueños-realidad, gira toda la historia. Hay momentos, hay escenas cuando los personajes transmiten poesía, y hay otras escenas cuando simplemente aburren. Como en el último episodio de la obra, cuando hay una enloquecedora carrera entre realidad y fantasía, entre visiones que sólo pueden ser objeto de una mente enferma y la realidad que unos espíritus positivos consideran lo único válido. Las últimas escenas de ese No me olvides en diciembre son tan estrepitosas, llevados por la dirección a un ritmo enloquecedor que tratan de convencernos de la demencia de uno de los personajes, locura de la cual ya estamos todos convencidos. Escenas que duran más de media hora, o 45 minutos y cansan terriblemente: llueve, hay sol, el escenario queda encerrado por una cortina de fondo que a cada escena se levanta para mostrar un espacio infinito, tal como seguramente aparece en la mente del personaje trastornado. Y con gritos, saltos, carreras, maromas, caídas y trastornos colectivos, se termina la obra que podría ser simpática y hasta poética, si se le cortara una media hora de historia y de histeria.

Los protagonistas que más destacan son tres: la esposa, Susana, interpretada por Adriana Roel; la hermana, débil mental, actuada por Mercedes Pascual, y el doctor, papel que tiene a su cargo, Ricardo Cortez, actor que hace bastante tiempo que no aparece en los escenarios defeños. Los tres son excelentes y parecen hacerse competencia a quien mejor impondrá una nota inolvidable a su personaje. Creo que Mercedes Pascual, como la tonta Mirta, parece robar y quedar con la mejor parte, aunque su papel es mucho menos que el de Adriana Roel más dramático y rico en matices, más cambiante. A Mercedes Pascual estamos acostumbrados a verla en personajes más serios, más bien como heroína. Pero francamente en su papel cómico se roba todos los corazones. Aunque tanto Adriana Roel como Ricardo Cortez son espléndidos, ambos ya dramáticos, ya cómicos. A este trío hay que agregar a Luis Coutourier en el papel del marido, el pastor cuyo carácter pasivo termina por sacar de quicio a su romántica y soñadora esposa.

En cuanto a la dirección de José Luis Ibáñez, divide la obra en dos planos, en dos áreas: la trepidante que nos señala el mundo del ensueño, de la fantasía, de la visión anímica y la otra, la realista, con ritmo más lento, más sereno y tranquilo, que presenta la vida verdadera que abarca el mundo del marido, quien vive en la gris realidad que tanto aburre y desquicia a su esposa. Un hombre y una mujer que nada tienen en común. Y la mujer se escapa en el ensueño para vivir otra vida, la del amor físico y moral, la de la maternidad feliz, la de la pasión y de la entrega, de la comprensión para los demás y para sí misma. Si José Luis Ibáñez hubiese admitido retocar el final y hacerlo más corto, esta comedía mágica tendría probabilidades de triunfar.

El título es simpático, pero no veo que tenga mucho que ver con la acción, o mejor dicho con la falta de acción de la comedia.