FICHA TÉCNICA



Título obra Hoy invita La Güera

Autoría Federico S. Inclán

Dirección Maricela Lara

Elenco Yolanda Ciani, Luis Gimeno. Otto Sirgo

Espacios teatrales Teatro Benito Juárez

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. Hoy invita La Güera; de Federico S. Inclán” en El Día, 8 julio 1985, p. 21




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

? Crítica teatral de Malkah Rabell: Hoy invita La Güera

Se alza el telón

Hoy invita La Güera; de Federico S. Inclán

Malkah Rabell

 

El autor nacional que hace unos años dejó de existir a los 72, Federico S. Inclán, adquirió su máxima popularidad sobre todo por sus personajes femeninos -aunque no faltaron figuras masculinas de gran fuerza dramática en su abundante producción teatral-, y fueron principalmente tres mujeres con las cuales su pluma enriqueció la dramaturgia mexicana: la protagonista de Una esfinge llamada Cordelia; la actriz de La última noche con Laura; y la Güera Rodríguez de Hoy invita la Güera, ésta última estrenada en 1955. Actualmente, 30 años después del estreno, vuelve a representarse en un escenario capitalino, el de Benito Juárez.

Comedia deliciosa, que su autor llamó "anti-histórica", pertenece realmente más al área de la política que da la historia, aunque el autor siempre ha demostrado grandes conocimientos en este campo y llevó al escenario "la guerra de los pasteles", con Santa Ana entre su numeroso reparto, y a la Güera manejando la diplomacia nacional desde su recámara. Comedia inteligente -bastante alejada del tono de la farsa que algunos trataron de darle, el autor logró un retrato de su heroína rico en colorido: "personaje único, que sólo se da cada 100 años", según dice uno de los protagonistas, especie de Lady Hamilton mexicana, que no sólo brilló por su belleza, sino por su inteligencia y sus dotes de generosa anfitriona, graciosamente intrigante, que fue admirada tanto por Humboldt como por gran nombre de famosos visitantes extranjeros. Desde luego semejante personaje exige una intérprete de gran experiencia, lo que no fue el caso de la joven actriz, bastante novata, Yolanda Ciani, quien tampoco posee la ligereza chispeante de la comedia, ni el temperamento cautivador así como el físico seductor que pide a gritos el personaje de esa gran coqueta. Federico S. Inclán declaró en más de una oportunidad que su "Güera", no es la "Güera Rodríguez" que conoció la historia. Sin embargo si esta Doña Ignacia no es la fotografía fiel del personaje, podría muy bien serio, porque es una personalidad lógica y viva.

Lo mismo sucede con la mayoría de los numerosos protagonistas de la obra. Son todos lógicos, o casi, y vivos. Lástima que ese excelente actor de carácter, cómico por naturaleza, que es Luis Gimeno, exageró excesivamente a la figura de Santa Ana, hasta transformarlo en caricatura. Otro tanto puede decirse de ese no menos excelente comediante, Jorge del Campo, que en el papel del marqués, el marido de la "Güera", trató, se diría, de encontrar un tono molieresco para su papel, lo que aquí no viene al caso, ni forma unidad con el resto del reparto ni del espectáculo. El único que realmente encontró el tono justo, es ese soberbio actor, Otto Sirgo, que sin ser cómico, ni siquiera especializado en la comedia, fue el único en provocar constantes carcajadas del público, en el papel de un príncipe francés que -según dice el programa de mano- viene a cobrar los pasteles. Con la entrada de Otto Sirgo el entusiasmo del público subió al máximo.

Muchos errores de la representación se debieron a la aún inexperta en este género de comedias directora, Maricela Lara, que perdió algo de su equilibrio profesional ante tan profuso conjunto, cuyo manejo exige mano de hierro y mucha experiencia. La falta de unidad en la actuación, así como cierto caos en las escenas colectivas, quitaban no poco valor a la representación. No obstante la obra conservaba mucho de su gracia y sobre todo mucho de su inteligencia debida a un autor que nos demuestra conocer detalladamente los problemas económicos y políticos de la época que enfrenta, y nos los describe desde los intereses que el General Santa Ana tenía -o podría tener en semejante guerra si viviera en cualquier otra época- hasta los empréstitos de su Majestad Británica.