FICHA TÉCNICA



Título obra Hotel Paradiso

Notas de título L'Hotel du Libro Echange / título en el idioma original

Autoría Georges Feydeau

Dirección Lorenzo de Rodas

Elenco Luis Gimeno, Óscar Servín, Yolanda Mérida, Demián Bichir

Escenografía David Antón

VestuarioDavid Antón

Grupos y compañíasCompañía Nacional de Teatro

Espacios teatrales Teatro del Bosque

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. Hotel Paradiso: La risa de Georges Feydeau” en El Día, 12 diciembre 1984, p. 22




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

? Crítica teatral de Malkah Rabell: Hotel Paradiso

Se alza el telón

Hotel Paradiso: la risa de Georges Feydeau

por Malkah Rabell

 

Sin duda, en la época de la tercera República Francesa, cuando la burguesía gala llegó al poder, Georges Feydeau resultaba un comediógrafo audaz. La clase burguesa que desde varios siglos dominaba ya económicamente el país, ni bajo los reyes, ni bajo el imperio, ni siquiera bajo el reinado del Rey Burgués, Felipe de Orleans, se permitía una moral digna de la aristocracia. Para la nobleza la vida disipada era cosa normal. El burgués en cambio iba a la iglesia, permanecía fiel a su esposa y familia, y aunque tuviera dinero llevaba una vida austera. Pero una vez llegado al poder podía empezar a imitar a sus antiguos amos: ir al cabaret, o perderse en algún hotel con la esposa de su mejor amigo, o con alguna bailarina.

Lo que llegó a ser tema común de muchos comediógrafos de la época, nota que probablemente inició Feydeau: la mirada que reflejaba, a veces retorcidamente, la realidad de un nuevo capitalismo en la Casa del Gobierno. El título original: L'Hotel du Libro Echange -que la Compañía Nacional de Teatro del INBA transformó en Hotel Paradiso (que no sé a qué idioma corresponde)- no deja de tener un significado enigmático: ¿el libre intercambio de qué? ¿de amor o de comercio? Porque por más que en ese "Hotel Paradiso" se encuentran parejas enamoradas, es un gran negocio para su dueño.

En nuestra época de tantas libertades morales, el autor de La Dame de chez Maxim y de Occupe-tol d'Amelie resulta mucho menos divertido, y sobre todo mucho menos audaz. En la última década, he visto en el D.F. tres obras de Feydeau: La puco a l'orellie, con la interpretación de Julissa y Héctor Suárez; Los infieles, que se ofrece actualmente en el teatro Venustiano Carranza, con Enrique Alvarez Félix, Gina Romand y sobre todo Riquelme, y el estreno en el teatro de El Bosque, por la Compañía Nacional de Hotel Paradiso con un amplio reparto. Y ninguna de las tres representaciones ha tenido un excesivo éxito entre el público mayoritario.

Hotel Paradiso, comedia, o vaudeville como muchos críticos la consideran nos representa las aventuras nocturnas de dos familias, cuyos miembros hasta con su personal de servicio, se encuentran sorpresivamente en un hotel de mala fama, donde jamás se han imaginado poder chocar con la presencia de conocidos. Semejante situación da lugar a los más extravagantes enredos a puertas que se abren y cierran violentamente, a sorpresas inesperadas y hasta sorpresas inesperadas y hasta a la presencia de fantasmas. A veces hay ingenuidades, corno el gesto de ese policía de la III República, tan decente que devuelve los 20 mil francos que uno de los personajes encontrados en el hotel cuando éste fue allanado por la fuerza policial, ie dió para que no divulgara su identidad. En cambio las comedias de Feydeau carecen de vulgaridad o de groserías, ni tampoco se les puede encontrar con frecuencia un lenguaje soez.

Desde luego, para hacer reír, sus obras necesitan no sólo actores de comedia, sino cómicos, como lo es Luis Gimeno en el papel de Boni face en Hotel Paradiso. O como lo fue Héctor Suárez en La pulga en la oreja; o Riquelme en Los infieles. Fue Luís Gimeno que hacía reir con más ganas que el mismo autor. También hacía reír otro actor del reparto en el teatro de El Bosque, Óscar Servín, cuya especialidad es la comedia, y aún más el vaudeville. En cambio, una actriz tan excelente como Yolanda Mérida no es cómica, y aunque ha hecho todo lo posible para olvidarse de su extraordinario temperamento dramático, no dejaba de ser la estupenda actriz de siempre pero sin consentir la risa del auditorio. En cambio, un muy joven actor, en un papel bastante reducido, Demián Bichir, que ya hemos visto en papelee dramáticos más importantes, resultó gozar de una especial comicidad en el personaje de un estudiantito de filosofía seducido por la "doncella" al servicio de la familia.

La dirección de Lorenzo de Rodas, la primera que realiza para la Compañía Nacional del INBA, logró mantener en orden y disciplina todas las escenas de enredos, locas carreras y sorpresas. Lo que no es poca cosa en ese género de locuras desatadas. En cuanto a la escenografía y vestuario de David Antón, que siempre ha tenido una gracia especial para la Belle Epoque, fue muy fiel al Art Nouveau en su escenografía, pero tal vez demasiado preocupado por un vestuario de una determinada moda ya muy conocida entre nosotros. Creo que en la vestimenta ha sido más original en Los infieles.

Aunque espectáculo divertido y correcto en sus elementos artísticos -por más que no pocos hacían caras largas- no deja de sorprender en una Compañía Nacional por su género que hoy considera de los "bulevares" y del teatro comercial. Más, sin duda el vaudeville tiene derecho a la vida, y Feydeau, sin llegar a ser el padre del género, como lo creen algunos, no obstante es un clásico del mismo.