FICHA TÉCNICA



Título obra Los buenos manejos

Autoría Jorge Ibargüengoitia

Dirección Marta Luna

Elenco Mónica Serna, Blanca Torres , Luis Gimeno, Miguel Córcega, Ángel Casarín, Rubén Velarde, Heriberto del Castillo

Escenografía Antonio López Mancera

Música Alicia Urreta

VestuarioAntonio López Mancera

Grupos y compañíasCompañía Nacional de Teatro

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. Reestreno de Los buenos manejos por la C.N.T.” en El Día, 20 junio 1983, p. 22.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

? Crítica teatral de Malkah Rabell: Los buenos manejos

Se alza el telón

Reestreno de Los buenos manejos, por la C.N.T.

por Malkah Rabell

 

A menudo ver por segunda vez una representación confirma una buena o una mala opinión. El reestreno, después de dos años de ausencia del escenario, de esta farsa -o sátira, como la califica Luis Gimeno, de Jorge Ibargüengoitia, que con la música y la letra para las canciones de Alicia Urreta, se transformó en comedia musical mexicano, sólo se provocó un enigma: ¿cómo lo pude aguantar la primera vez? Aunque en la presente oportunidad la disciplina escénica se impuso con mayor firmeza, y la música de los play-backs resultaba más sincronizada con las actitudes de los actores en el escenario, la obra y todo el espectáculo no dejaban de ser aburridos. ¡Ay, esos play-backs, esos play-backs! con su música desatada, con sus cantos que llegan de muy lejos con un ruido infernal, y nunca sabemos quién es el actor que canta en un determinado momento. Y hemos de buscar entre los intérpretes quien mueve los labios, y a menudo nadie los mueve, porque los actores ya salieron de la escena, en tanto el play-back sigue aullando.

Fuera de la música y del texto de las canciones, es difícil de analizar la obra. El guión casi no existe y tanto la directora como la compositora, Marta Luna y Alicia Urreta, en cierto modo han logrado un espectáculo de la nada. El texto casi no existe. Se puede decir que el texto reside en la letra de las canciones. Y éstas nos presentan una aldea mexicana en el siglo XVIII, donde llegan tres mujeres profesionales del amor, y trastornan toda la vida normal del pueblucho, donde reina con toda la prepotencia, completamente a su antojo, el gobernador. Este rodeado de sus alguaciles y de alguna "gente de razón", se ayudan mutuamente a vaciar las arcas del municipio. El parecido de esos Buenos manejos con ciertos manejos contemporáneos deberían divertir al público, como lo han divertido hace dos años o tres, en la época de su estreno. Mas, caso extraño, ¡el auditorio se divertía muy poco! Las semejanzas con la actualidad resultaban excesivamente pálidas, excesivamente "decentes" para provocar la risa. O bien la gente se halla demasiado cansada de todo, para reírse de semejanzas.

La idea de las tres "hadas" de vida fácil, que llegan a un pueblo malgobernado, y provocan toda clase de incidentes, es indudablemente graciosa. Pero el trío de intérpretes que forman ese grupo protagónico, los papeles quedan -según mi opinión-, mal distribuidos. Mónica Serna, Blanca Torres y una joven actriz que reemplaza a Mercedes Pascual, parecen designadas un poco al azar para sus respectivos personajes. Mónica Serna tiene un aíre demasiado juvenil para adaptarse al papel de madre de una de sus "colegas". Su disfraz de señora adinerada que trae al pueblo a una hija casadera, corresponde a todas luces a Blanca Torres. El reemplazo de Meche Pascual por una joven sin suficiente oficio, también molesta. Así que ese trío no cumple con su cometido.

En general, en todo el reparto no hay personajes centrales. Todo el mundo tiene intervenciones colectivas, en un juego de masas, que reside en cantar y bailar, bailar y cantar todo el tiempo. Y si alguien del conjunto sabe cantar, es Luis Gimeno, cuya voz es inconfundible, y quien pese a su anatomía bastante pesada, hacía gala de una llamativa ligereza tanto para desplazarse como para dar pasos de baile. Como rasgo colectivo, se notaba una tendencia a darle un tono caricaturesco tanto a la obra como a los personajes. Rasgo que dos buenos actores como Miguel Córcega en el papel del jefe de alguaciles, Candado, y Ángel Casarín como Fray Horóscopo, exageraron hasta la saciedad. Sobre todo Miguel Córcega le daba demasiada importancia a una parte del cuerpo que corresponde discretamente ignorar. Dos actores que nunca encontré en otros espectáculos, me resultaron simpáticos, Rubén Velarde y Heriberto del Castillo. Pienso que este último sabe cantar, aunque quien sabe. Con tanta grabación y tanto altoparlante, hace falta brujería para orientarse.

Para dirigir esta obra musical con tantos actores dramáticos para quienes el canto y el baile es algo bastante ajeno, la tarea de Marta Luna no fue precisamente fácil. Y no obstante, la joven e imaginativa directora logró imponer una plasticidad, una alegría y un ritmo desatado que adquirieron su máximo valor en las escenas colectivas, en los coros, donde actores y comparsas aunados bailaban y cantaban y parecían darle a !a representación su auténtica vida.

También papel importante desde el punto de vista estético tuvo el bello vestuario muy fiel a su época y la escenografía muy funcional, ambos de Antonio López Mancera.