FICHA TÉCNICA



Título obra El tuerto es rey

Autoría Carlos Fuentes

Dirección Jorge Esma

Elenco Mercedes Pascual, Salvador Pineda

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. El tuerto es rey, sin rey ni tuerto” en El Día, 8 noviembre 1982, p. 24




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

? Crítica teatral de Malkah Rabell: El tuerto es rey

Se alza el telón

El tuerto es rey, sin rey ni tuerto

por Malkah Rabell

 

En la época de sus mayores triunfos, Beckett odiaba toda explicación simbólica alegórica en torno de sus obras. Que las amen o las desprecien; que las lean dejen de leer; que las vean o dejen de ver, pero que   se dediquen o buscarles interpretaciones por lo general ajenas al pensamiento del autor. Tal era, o por lo menos parecía ser, el deseo del escritor inglés, Premio Nobel. No obstante resultaba de lo más fácil encontrar aclaraciones a las piezas beckettianas. Las alegorías, los símbolos, surgían casi por sí mismos, hasta demasiado fácilmente. Con la obra de Carlos Fuentes: El tuerto es rey, probablemente una de las últimas del reinado del "Teatro del Absurdo", sucede lo contrario. El dramaturgo novelista da personalmente las explicaciones en el programa de mano:

El tuerto es rey se despliega en varios niveles: psicológico, teológico, social, político y literario... Donata y Duque son hijos del Señor, por lo que todo podría verse en el nivel religioso, como una nueva versión de la caída; pero aquí el Señor es también culpable del pecado".

Así que el Señor, que aparece al final: Godot, God, Rey o Señor Padre Nuestro, es interpretado por el mismo actor que Duque, debido a que creamos a nuestros dioses a la imagen y semejanza nuestra, tan sólo con algunas virtudes superiores. Así que este Rey-Dios-Señor y Padre Nuestro, en lugar ele ser ciego es tuerto. La puesta en escena ni siquiera nos dio la posibilidad de darnos cuenta que los dos protagonistas, ambos ciegos, creen cada uno en la videncia del otro, Lo que en el texto publicado hace ya unos diez años, se notaba y se comprendía casi de inmediato. Por lo menos suponíamos que la mujer ciega, Donata, creía en la videncia de su guardián, quien, como ciertos perros lleva el nombre de Duque.

Pues bien, ¿cuál es el misterio que yace debajo del lema   visible? ¿Cuál es la alegoría? Inútilmente nos devanarnos los sesos buscando una interpretación más allá de lo visible, más allá del realismo objetivo. ¡Nada encontramos! El, hombre-público, el hombre-espectador o lector, ama lo que comprende, y nada le resulta tan desagradable que permanecer tres horas sin comprender lo que sucede en el escenario. Es cierto que cuando leí hace unos años El tuerto es rey, la pieza me disgustó sobremanera, No sólo me molestó su incomprensión, sino que me fastidió el final, con su grupo de guerrilleros que entran a escena y se ponen a amenazar al público con sus ametralladoras. Estos guerrilleros eran ajenos a la acción y a la temática de la obra, y sólo se explicaban por la moda europea de considerar a Latinoamérica como el Continente de las guerrillas. No sé si debido a un inexplicable estado de ánimo, o a cualquier otra razón, me gustó mucho más la obra en el escenario que en el libro, Sobre todo me mantuvo inmóvil y atenta el primer acto, en tanto me pareció infinitamente más débil e incomprensivo el segundo, con los dos protagonistas ciegos paseándose por la sala entre el público con antorchas en la mano. ¿Para qué necesita un ciego una tea? ¿Para ver mejor? ¿Y cómo hace un ciego para andar entre el público, subiendo y bajando escaleras?

En realidad, me pregunto si lo único que me atrajo en esta puesta en escena de Jorge Esma (director que ya hace como diez años no hemos tenido la oportunidad de ver en un escenario capitalino) fue tan sólo la actuación de los dos actores: Mercedes Pascual, estupenda, y Salvador Pineda, muy correcto, Dos personajes para los cuales resultaba infinitamente difícil encontrar un tono determinado, ya que el autor les exige, tal como lo dice en el programa de mano; que tengan cien rostros y cien voces distintos, ya que: "El personaje femenino sufre varias metamorfosis: Donata-mujer de mundo; Donata-Bovary; Donata-Carlota; Donata-Electra; Donata-niña; Donata-prisionera; Donata-Eva... etc." "Metamorfosis a las que corresponden otras tantas del personaje masculino: Dique-esclavo; Duque-Santo; Duque-hermano; Duque-Bufón, etc..." En esta obra tan barroca, con su aún más barroca escenografía, la dirección se hace muy difícil, y no más fácil me parece la actuación. No dejamos de Quedarnos perplejos. Pero después de la lectura del programa de mano, en lugar de comprender mejor, nuestra perplejidad crece y crece. Y si esta crítica se me hace confusa, es porque la representación lo es aún más.