FICHA TÉCNICA



Título obra Crimen y castigo

Notas de autoría Fiódor Mijáilovich Dostoyevsky / autor de la novela homónima

Dirección Julián Guajardo

Elenco Miguel Maciá, Luis Gimeno, José Alonso, Virginia Manzano, Clara Zurita

Escenografía Jarmila Masserova

Música Alicia Urreta

VestuarioJarmila Masserova

Grupos y compañíasCompañía Nacional de Teatro

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. Crimen y castigo en la Compañía Nacional” en El Día, 16 junio 1982, p. 24




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

? Crítica teatral de Malkah Rabell

Se alza el telón

Crimen y castigo en la Compañía Nacional

por Malkah Rabell

 

¡Quién no ha oído alguna vez en su vida hablar de Crimen y castigo ya sea en su tomo original de novela, o en sus numerosas adaptaciones al teatro, cinema o televisión! Fiódor Mijáilovich Dostoyevsky, que nunca se dedicó al teatro, tenía no obstante el drama en la sangre, y cada una de sus obras narrativos parecía contener en su desarrollo y argumento una obra teatral. Sobre todo Crimen y Castigo que ha sido considerada por la crítica universal como su novela de mayor plenitud arquitectónica, de concisión clásica, donde los elementos novelísticos sin desbordarse tienen un espontáneo desarrollo. Algunos críticos llegaron a suponer que esta desgarradora novela es el "estudio de un crimen". En realidad el crimen de Raskolnikoff es sólo un pretexto. La finalidad del autor cava mucho más hondo, persigue el conflicto entre el bien y el mal, con ese dualismo que es una de las partes constitutivas, constantes en la literatura dostoyevskiana. Y si bien Raskolnikov es un típico personaje de novela, transportado al escenario ha dado a numerosos actores de las más diversas nacionalidades la oportunidad de crear a un protagonista inolvidable. No hay nada más difícil que obtener un ambiente ruso, con su alma eslava en un escenario ajeno al original. La sensibilidad rusa tiene no pocas similitudes con la expresividad del pueblo mexicano, y José Revueltas llegó a decir que el mexicano es muy parecido al ruso. Ello no impide que ante el anuncio de la puesta en escena de Crimen y castigo por la Compañía Nacional me embargó la preocupación por los resultados. Sobre todo que su realización fue entregada o un director regiomontano, Julián Guajardo, quien, en su Monterrey natal había llevado a cabo numerosos y excelentes montajes, algunos debidos a autores rusos. Pero no es lo mismo trabajar en uno reducida escala que llegar a la capital y responsabilizarse por 26 actores de una Compañía estatal Mas, la preocupación resultó vana. Julián Guajardo triunfó en toda la línea. Obtuvo un montaje que muchos de nuestros conocidísimos directores a lo mejor no hubiesen logrado. Se trata de un montaje realizado a base de un enorme esfuerzo, con muchísima seriedad en su creación de ambiente, en el diseño de personajes en el logro de la unidad dramática. El primer elemento para la creación ambiental fue lo escenografía y el vestuario de Jarmila Masserova, que empleó troncos de madera en la construcción de los techos en diferentes áreas del escenario, como si fueran símbolos de las maderas usadas para construir una isla o una habitación pobre. A su vez la música de Alicia Urreta ayudó a la imposición de una debida atmósfera.

En cuanto a los 26 actores que intervinieron en el reparto desde el más insignificante de los papeles, hasta las primeras figuras, se movían por el escenario con la máxima disciplina. En un solo personaje, el de Mermeladov, el padre de Sonia, interpretado por Miguel Maciá, me hubiera gustado ver a otro actor, con mayor comprensión por el papel, aunque éste no tenga más que dos escenas, la segunda casi muda. En su primera intervención, cuando sostiene ese desgarrador parlamento ante Raskolnikov, para masoquísticamente hundirse en el fango, me hubiera interesado ver a Luis Gimeno, en lugar de éste interpretara un papel tan seco como el juez Petrovich.

Basada en una novela donde toda la acción, toda la crisis interior se centra en Raskolnikov, tampoco en el drama intervienen protagonistas importantes. Desde el papel de Aliana Ivanova, la vieja usurera asesinada, hasta Sonia, la sacrificada, la muchacha dedicada a la prostitución paro salvar del hombre a su familia, interpretada lo primera por Virginia Manzano y la segundo por María Clara Zurita, todos son papeles de cortos intervenciones. La única figura en torno de quien gira la obra y quien representa el sufrimiento humano en su máxima profundidad, es Raskolnikov. Y en este papel de Raskolnikov, personaje ruso hasta la médula de los huesos, por igual que lo fue Fiódor Mijáilovich Dostoyevsky, el autor menos occidentalizado de la literatura rusa; en este papel del estudiante-asesino, José Alonso, ante nuestra gran sopresa y ante nuestra inmensa alegría, fue estupendo. Los famosos monólogos interiores dostoyevskianos, José Alonso los realizó con sentido de la realidad humana, de la verosimilitud, sin caer en el melodramatismo ni en la sobreactuación. Alonso diseñó a un Raskolnikov con economía de medios, con uno sobriedad absoluta y con un arte de auténtico actor. Creo que José Alonso ya puede ser considerado como una nómina para el mejor actor del año [Frase errada en el original. N. del E.]