FICHA TÉCNICA



Título obra No me manden flores

Notas de título Send me no flowers (título en el idioma original)

Autoría Norman Barasch y Carrol Moore

Notas de autoría Mauricio Garcés y Rafal Banquells / traducción y adaptación

Elenco Emilio Brillas, Adrian Welter, Mauricio Garcés, Carlos Agosti, Luis Gimeno

Escenografía David Antón

Espacios teatrales Teatro de Los Insurgentes

Referencia Armando de Maria y Campos, “No me manden flores, comedia intrascendente, en el teatro de Los Insurgentes”, en Novedades, 23 enero 1963.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Crítica teatral de Armando de Maria y Campos: No me manden flores

No me manden flores, comedia intrascendente, en el teatro de Los Insurgentes

Armando de Maria y Campos

    Un misterioso traductor y adaptador acaba de entrar en circulación en nuestro medio teatral, y no decimos que afortunadamente porque faltaríamos a la verdad. Este adaptador con pujos de traductor no es un hombre, sino dos: Mauricio y Rafael (Mau-Ra), cuyos correspondientes apellidos son Garcés y Banquells. El misterio está descubierto. Mauricio Garcés y Rafael Banquells se metieron de hoz y coz en una comedia que al parecer se titula Send me no flowers, e hicieron de ella lo que se puede hacer usando de la hoz -para titular- y de la coz para rematar la obra. La comedia No me manden flores, está totalmente re-matada.
    De lo que dejaron Garcés y Banquells, para que aquél, actor, mantuviera el interés del público con un tipo atractivo y gracioso y éste, empresario, para asegurar la taquilla, apenas si quedó una comedia de astracán que si la vieran y escucharan en castellano Norman Barasch y Carrol Moore, sus autores, tal vez no la reconocerían como suya. Sin embargo, con la intervención del propio Garcés, que no ha dejado de ser un galán de inusitada popularidad en la televisión; de Emilio Brillas, que atenido a su vena cómica ni siquiera se toma el trabajo de dejar de ser él mismo, caracterizándose en forma mínima

para que cada uno de sus personajes no resulte Emilio Brillas; de Adriana Welter, bella y graciosa, pero visiblemente enmohecida como actriz, queda una farsa que los paladares gruesos soportan y más si están habituados a los anuncios de la televisión, de los que Mau-Ra sembraron el diálogo inocentón de la comedia norteamericana sin más propósito que el de esperar que la cosecha fuera la carcajada mitad regocijo, mitad contenida indignación. El tema es simple. Un marido joven aprensivo, que por un quid pro quo telefónico cree que va a morir en dos semanas, trata de dejar casada a su inminente viuda, tonta de remate. Intervienen otros personajes para trenzar algunos incidentes; pasan tres actos; ríe un público de buena voluntad y al final se impone un modesto balance: Emilio Brillas; Garcés, que aún no alcanza la categoría de actor de teatro, riendo los chistes de la comedia ¡el colmo!; Adriana Welter que pasa como estrella que parpadea antes de apagarse y Carlos Agosti y Luis Gimeno dejándose ver como actores de oficio. La escenografía de David Antón es más arte de arquitecto que creación para establecer con propiedad y ponderación el sitio en que se vive una ficción teatral.