FICHA TÉCNICA



Título obra Teseo

Autoría Emilio Carballido

Dirección Salvador Novo

Elenco Alberto Sayán, Antonio Gama, Mercedes Pascual, Marta Verduzco

Escenografía Julio Prieto

Espacios teatrales Teatro Xola

Referencia Armando de Maria y Campos, “Teseo de Carballido, en el teatro Xola”, en Novedades, 24 octubre 1962.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Crítica teatral de Armando de Maria y Campos: Teseo

Teseo de Carballido, en el teatro Xola

Armando de Maria y Campos

    El cronista se encuentra, como el ciudadano del mundo, entre dos mundos, pero no a elegir, sino para participar en ambos. El del teatro comercial, y el otro que hacen el IMSS, el INBA y la Universidad. El IMSS que persigue la difusión del teatro moderno de alta calidad encargó dos obras en un acto a sendos ilustres autores mexicanos, con tema clásico griego una, con histórico legendario mexicano la otra.
   Emilio Carballido, laureado en México y fuera de él, recreó la leyenda ateniense de Teseo hijo de Egeo, rey de Atenas, y, hombre de partido, porque es ciudadano de un mundo definido, le inyectó a su Teseo un mensaje político contemporáneo. Todos los tiranos son monstruosos "minotauros"; todos los políticos triunfantes pueden ser vehículos para la transferencia de las tiranías. Imaginación, ternura y poesía puso en su Teseo -un acto condensado en cuatro escenas macizas- Emilio Carballido, y sin apartarse de la leyenda, logró como tantos autores clásicos una pieza con intensidad original y vibración personal. Conviene para el lector profano, recordar brevemente la leyenda ateniense. Teseo fue hijo de Egeo y de Etra, hija del rey de Trezene. Antes que naciera su padre escondió una espada y unas sandalias bajo una enorme piedra, y le dijo a Etra que si daba a luz un hijo capaz de levantar la piedra y hacerse de los regalos, que lo mandara secretamente a Atenas. Creció Teseo y pudo levantar la roca fácilmente, y con la espada y las sandalias se encaminó a Atenas. Poco después de encontrarse en dicha ciudad, Medea, que se había desposado con Egeo se dio cuenta del origen de Teseo y trató de envenenarlo. Al desenvainar Teseo la espada, Egeo lo reconoció y lo proclamó su hijo y sucesor.

   Anualmente Atenas pagaba un tributo de siete jóvenes y siete doncellas al rey Minos, de Creta, que se entregaban al Minotauro, monstruo mitad toro mitad hombre que vivía en el Laberinto, un edificio de torcidos corredores y desordenados pasillos. Teseo ofreció embarcarse con las víctimas y exterminar al Minotauro. El barco zarpó con velamen negro que Teseo prometió cambiar por blanco si salía victorioso.
    Al ver a Teseo, la hija de Minos, Ariadna, se enamoró de él. Le regaló una madeja de hilo que debería de emplear para escapar del laberinto. Teseo dio muerte al hombre toro y logró regresar por los sinuosos pasillos siguiendo el hilo y volvió a Atenas -en la pieza de Carballido con Ariadna y Fedra-, pero olvidó arriar las velas y cambiarlas por blancas. Egeo, creyendo que su hijo había muerto, se arrojó al mar que luego se llamó mar Egeo.
    Carballido no podía ceñirse a la leyenda. Su gran calidad de comediógrafo, su potencialidad poética creadora, lo condujeron a crear una hermosa pieza, bien construida y dialogada con fantasía, imprimiéndole contemporaneidad indiscutible y oportuna. Tierna e irónica se desliza por el interés del público como barco al que ayuda viento propicio.
   El IMSS presentó, casi un milagro teatral, a un actor cuajado en la persona y en el talento del primerizo Alberto Sayán, que cumplió ampliamente, secundado por Antonio Gama, Meche Pascual y Marta Verduzco. La dirección de Salvador Novo, fresca y transparente como una brisa marina. La escenografía de Julio Prieto, digna por su sencillez y poesía de la leyenda ateniense.
    Mañana estaremos con la pieza de tema legendario de Novo, Cuauhtémoc.