FICHA TÉCNICA



Título obra Morena clara

Autoría tAntonio Quinero y Pascual Guillén

Elenco Lorenzo de Rodas, Nicolás Rodríguez, Pilar Sen, Alicia Montoya, Arturo Cobo, Mimí Cabrera, Ethel Carrillo, Miguel Maciá, Enrique Reyes, Héctor Suárez, Amparo Riveleles

Espacios teatrales Teatro de Los Insurgentes

Referencia Armando de Maria y Campos, “Morena clara de Antonio Quintero y Pascual Guillén, en el teatro de Los Insurgentes”, en Novedades, 8 agosto 1962.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Crítica teatral de Armando de Maria y Campos: Morena clara

Morena clara de Antonio Quintero y Pascual Guillén, en el teatro de Los Insurgentes

Armando de Maria y Campos

    ¿Será preciso entrar en son, como dicen los gitanos cuando cantan o bailan, para hablar de la reposición a más de un cuarto de siglo de distancia de una comedia pintoresca y típica que alcanzó singular éxito en la época en que fue llevada a los escenarios de España y de Hispanoamérica? Creo que no hace falta repetir la sobada y convencional sentencia de que recordar es vivir, pero nos devuelven una vida que las emociones se ha llevado el tiempo que calaron en nuestra emoción, y que al recordarlas sentimos vivirlas. La verdad es que la reposición de Morena clara, comedia-sainate de Antonio Quintero y Pascual Guillén, que fue en su momento un suceso teatral, porque estaba de moda llevara los escenarios de España la copla andaluza, los personajes de la gitanería y la herencia de un andalucismo que se desvaneció cuando dejaron la vida los sevillanos Serafín y Joaquín Álvarez Quintero, maestros en llevar al teatro acuarelas costumbristas de la vida de Andalucía, nos traen a la memoria más que emoción anécdotas volanderas.
    En vísperas de la llegada de su República, los públicos españoles simulaban no presentir la tragedia inminente entreteniéndose con un teatro dislocado como el de Pedro Muñoz Seca o de costumbres andaluzas como el de Quintero y Guillén, que escribían mano a mano, como durante años lo hicieron los Álvarez Quintero. La anécdota de Morena clara -morena clara es la gitana cruzada, "hija de un señorito muy principal cuyo nombre nunca se menciona" y de una gitana cualquiera- es tan simple como un clavel, una caña de manzanilla o varias docenas de coplas y frases de azucarado sentimentalismo sevillano. Todo es convencional en la anécdota, pero la carpintería de la obra es una pequeña obra maestra de autores que sabían construir comedias o sainetes para halagar a su público español y a los españoles de Hispanoamérica. Fue escrita para una actriz mediocre, bien protegida por opulento empresario, llamada Carmen Díaz, que interpretaba la protagonista con garbo y gracia andaluz. En México la estrenó, en lo mejor de su espléndida juventud, Anita Blanch, actriz discreta

entonces, de origen valenciano, pero que le puso sal y pimienta andaluzas a la Trinidad, gitanilla cruzada, y como la obra gustó a la colonia española residente en México, por aquellos años muy numerosa y excelente protectora del teatro peninsular, el cromo de Quintero y Guillén se representó más de doscientas veces, suceso insólito entonces. Y aunque después esta pieza fue presentada por otras actrices, la verdad es que nunca interesó más allá que un cartel antiguo de alguna feria andaluz, porque teatralmente no tiene más importancia que lo que para un juerguista representa una caña de manzanilla.
    Ahora, en temporada que se anuncia como "del recuerdo", se ha montado en el gran escenario del teatro de los Insurgentes, mejor presentada que antes por los adelantos técnicos con que cuenta ese coliseo y muy bien interpretada por la excelente actriz Amparo Rivelles, de la que podemos decir quienes pertenecemos al mundo teatral, que hasta ahora venimos a conocerla en todo su valor y en su indiscutible valer. Interpreta con soltura y dignidad artística a la gitanilla cruzada que lleva un poco de alegría y arregla los asuntos íntimos de una familia andaluza, típica y burguesa.
    Lorenzo de Rodas, en el galán, pone a prueba su oficio y sale airoso, como corresponde al buen actor que es. La mayoría del reparto está integrada por actrices y actores profesionales, con Nicolás Rodríguez y Pilar Sen a la cabeza, Alicia Montoya y Arturo Cobo, que desproporciona un poco el personaje del gitanillo tramposo, por imprimirle con exceso pintoresquismo. Intervienen, además, con discreción, Mimí Cabrera, Ethel Carrillo, Miguel Maciá, Enrique Reyes y Héctor Suárez. La escena está presentada y vestida con propiedad, siempre en busca de la evocación de una Andalucía que creo ha desaparecido para siempre. El público de la noche del estreno -verdadero estreno para las nuevas generaciones de espectadores- pasó un rato agradable y ovacionó en justicia a Amparo Rivelles, actriz de abolengo, aparte de excelente comedianta.