FICHA TÉCNICA



Título obra Separada de mi marido

Autoría Luis Fernández de Sevilla, Luis Tejedor

Dirección Salvador Novo

Elenco Tito Junco, Luis Jimeno, Meche Soler, Violette Gabriel, Antonio Cuesta, Neri Ornelas, María Elena Contia

Escenografía Antonio López Mancera

Espacios teatrales Teatro El Caballito

Referencia Armando de Maria y Campos, “Estreno de Separada de mi marido, en el teatro de El Caballito”, en Novedades, 20 julio 1957.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Crítica teatral de Armando de Maria y Campos: Separada de mi marido

Estreno de Separada de mi marido, en el teatro de El Caballito

Armando de Maria y Campos

    En avant premiére, como se dice en Francia, se estrenó el jueves 18, en el teatro de El Caballito, la comedia madrileña Separada de mi marido, de los veteranos autores Luis Fernández de Sevilla y Luis Tejedor, por la compañía de la entusiasta actriz Marilú Elízaga. De esta avant premiére, fue excluida oficialmente la brigada de la "prensa", a la que se invitará especialmente hasta el lunes próximo, cinco días después de ocurrido el estreno, lo que les permitirá a los críticos ver la obra en mejores condiciones de interpretación y a la empresa evitar el paracaidismo de heterogéneo público de los estrenos, que raras veces benefician a actores y autores. Me temí que esta función fuera con taquilla cerrada, para los 300 o eso, que forma el público popoff de ciertos espectáculos. Afortunadamente el cronista pudo asistir sin previa invitación, por su propia y responsable cuenta, como debe ser siempre que se cumple una misión periodística es infirmar al lector. Ojalá y que el ejemplo de la empresa de El Caballito cunda; será en beneficio de todos y en particular de la profesión periodística.
    Marilú Elízaga o quienes la dirigen han vuelto al teatro español frívolo, ameno, digestivo y comercial. Ya se recordará que la señora Elízaga llevó a la escena de La Capilla una obra muy graciosa e intrascendente comedia de Ruiz Iriarte. Ahora ha elegido una de Luis Fernández de Sevilla y Luis Tejedor, escrita a la medida de la actriz Tina Gascó y estrenada por ésta, en Madrid hace dos o tres años. El binomio autoral Fernández de Sevilla-Tejedor viene estrenando desde mucho antes del levantamiento de Franco y demás generales; tal vez antes o si no muy cerca del advenimiento de la república española. Esto quiere decir que se las saben todas. No pertenecen ni pertenecieron a ningún grupo o clan de humoristas. Al margen de Muñoz Seca o Jardiel Poncela, y después de "La codorniz",

escriben comedias graciosas y divertidas, ligeras, de color rosado, y han acabado por dominar el oficio carpinteril de la construcción y de la dosificación del chiste espolvoreado con naturalidad a lo largo de los diálogos.
    Esta comedia elegida por Marilú Elízaga, y que le viene como guante, se ve con interés y se escucha con agrado y sin fatiga, porque es muy divertida. El primer acto es excelente, y promete más de lo que viene después; el segundo cae un poco en el juguete cómico según los moldes que crearon Ramos Carrión o Vital Aza, Eusebio Blasco o José Estremera, con mucho barullo y abundancia de chistes, y el tercero, dividido en dos cuadros, no levanta la comedia, pero tampoco la deja caer, porque el toque sentimental y muy moral, por supuesto, la vuelve a poner a flote. Como la acción ocurre en Madrid, época actual, todo nos parece lógico. ¿El argumento? No lo entendería si no lo contáramos con los chistes que lo amenizan. Chistes españoles propios para una comedia en la que abundan situaciones cómicas; chistes que en otro idioma no van, porque su intención está en la entonación. Hay una manera española de decir el chiste español. Por fortuna no la ignoran los intérpretes de Separada de mi marido. Porque no basta que lo cómico sea acogido con regocijo, que esté bien hecho; es preciso también que sea bien dicho. Lo cómico, por lo mismo que implica una violación de lo real y verdadero, ha de ser proferido con seguridad, con aplomo. Decir un chiste con timidez, con desconfianza, es anularlo. También pierde mucho su efecto, separado del contexto en que figura; privado del ambiente de comicidad que se va formando por el desarrollo del relato o de la acción que lo justifica y consuma, y que se extiende hasta los nombres de los personajes de la obra -recuérdese en esta obra el nombre de Candinga, aplicado a un personaje simplemente

porque sí-. Las inflexiones de la voz, el timbre de ella, el gesto, la figura misma del actor, predisponen por sí mismos el efecto apetecido.
    Separada de mi marido, está muy bien interpretada. Marilú Elízaga dice y actúa su parte de Nina -la separada de su marido- con auténtica gracia madrileña. ¿No es ella hija de Madrid? Claro que mete al personaje dentro de su ser, que Nina es Marilú, pero con ello nada pierde el personaje y sale ganando el público. Decir que lució bella y elegante es caer en lugar común. Tito Junco también es Tito Junco al convertirse en Mario. Pero, ¿qué mal hay en ello? Lo cierto es que cada vez lo vemos mejor actor. Luis Jimeno se revela como excelente actor cómico. Su Jenaro (Candinga), marido tímido, tenorio clandestino, y esposo rebelde a la vez, lo coloca como actor muy útil y de gran porvenir. Meche Soler hace una esposa mandona con mucho oficio y afilado colmillo. Los debutantes Violette Gabriel y Antonio Cuesta, salieron airosos de la prueba; no desentonaron. Neri Ornelas, discreto siempre, cumplió igual que María Elena Contia en la sirvienta, personaje indispensable en el teatro español, y por esto importante, desde hace siglos. López Mancera creó como escenario una salita de estar cómoda y funcional. El director de la obra fue Salvador Novo y en todo momento se advierte su dominio y su buen gusto; sencillez en los movimientos -tan difícil de lograr- y claridad e intención en el diálogo.