FICHA TÉCNICA



Título obra Escándalo nocturno

Autoría Marc Gilbert Sauvajon

Dirección Salvador Novo

Elenco Marilú Elízaga, Francisco Jambrina, Xavier Massé, Neri Ornelas, Mario Delmar, Rosa María Moreno, Ada Carrasco, Virginia Gutiérrez, Estela Matute

Escenografía Julio Prieto

Espacios teatrales Teatro El Caballito

Referencia Armando de Maria y Campos, “Inauguración de la temporada 1956 con Escándalo nocturno, por Marilú Elízaga”, en Novedades, 24 enero 1956.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Crítica teatral de Armando de Maria y Campos: Escándalo nocturno

Inauguración de la temporada 1956 con Escándalo nocturno, por Marilú Elízaga

Armando de Maria y Campos

     La ciudad de México mantiene sus teatros abiertos durante todo el año. No todos, por supuesto. Particularmente los consagrados al género frívolo de revistas sin argumento o más propiamente de variedades, trabajan durante todo el año. No existe en México, como fue costumbre antaño, y lo que es en varias ciudades de Europa, el año cómico, que hasta antes o un poco después de la Revolución de 1910 se iniciaba el sábado de Gloria para concluir el miércoles de ceniza del año siguiente. En Europa la temporada teatral comprende los mejores meses, siempre de acuerdo con la benignidad de los climas respectivos.
    Entre nosotros se da el caso de teatros que no cierran sus puertas ni un solo día del año, y cuando permanecen cerrados en cualquier mes o por varios, se debe a crisis teatrales o a preparación de temporada.
    Todavía a principios de diciembre próximo pasado funcionaban en la ciudad de México una docena de teatros -de bolsillo, por supuesto- disfrutábamos de un auge con pocos procedentes. Al iniciarse el año 1956 únicamente mantenían sus puertas y taquillas abiertas tres teatros -el Caracol, el Moderno y el Bon Soir-, y primero con un juguete cómico estrenado valientemente durante la temible temporada de "posadas", y los otros dos atizando el fuego al relativo éxito de público de estrenos anteriores, los dos "no aptos para menores ni para señoritas". Durante la primera quincena de enero, público y actores en vacaciones, tal vez contra su voluntad. Particularmente los actores. El público, gastado o huyendo de las tremendas bajas de la temperatura, parecía no acordarse de los espectáculos teatrales. Y a propósito del público, ¿qué es el público y dónde se lo encuentra? -interrogaba, con lágrimas en los ojos, Mariano José de Larra, hace ciento veintiún años-. ¿Qué es lo público y dónde se encuentra en cada forma de sociedad? -podríamos preguntar ahora, con mayor perplejidad que Fígaro. Porque el público, el gran público, el verdadero, el que permite a los empresarios considerar que el teatro es un buen negocio y proporciona a los actores la satisfacción de actuar con el calor que supone un lunetario bien concurrido, no lo encontramos en ninguna parte, salvo las noches de estrenos, beneficios o "últimos días de temporada".
     Porque los empresarios simples, y los compuestos, que son los que también actúan como actores, no saben qué es el público y

dónde se le encuentra. Cada temporada teatral es una aventura. Peligrosa aventura si no se acierta con la obra que guste a todos los espectadores exigentes que no pagan y los más conformes que se asoman a las taquillas.
     Doña Marilú Elízaga, actriz por afición y por méritos, propietaria del teatro El Caballito y empresaria de las temporadas en que actúa, eligió para presentarse nuevamente en escena una comedia que estima le viene a la medida de su talento y de su ambición artística. De otra manera no la habría elegido. Cree, además, que le interesará al público y tanta confianza deposita en ella que aparte de encargarse de su traducción, llamó para que la acompañaran en la interpretación a muy estimables elementos de los llamados "valores nuevos", a un excelente actor veterano y a un acucioso, solvente y responsable director. Con estos elementos se ha abierto la temporada teatral de 1956 en el teatro El Caballito. (19 de enero).
     La obra elegida y traducida por doña Marilú Elízaga es la titulada en español Escándalo nocturno, original de Marc Gilbert Sauvajon, conocido en México por habilísimas adaptaciones al teatro, entre otras 13 a la mesa, para citar la comedia que consagró a Marilú como actriz madura y de exquisito temperamento. Escándalo nocturno es una extraña comedia hábilmente construida con trozos de género policíaco, melodrama y humor; tiene además una escena digna del original ingenio de Pedro Muñoz Seca: la del disco grabado con la voz del recién asesinado que es la principal motivación de la comedia; su diálogo está esmaltado de ingenio, y aunque de principio a fin es convencional, por no decir que inverosímil, entretiene, porque metido el espectador en el mundo de lo absurdo acaba por encontrar lógico cuanto en ella ocurre. Como pieza de teatro en sí, es una de tantas, pero no defrauda a nadie porque contiene los elementos o recursos teatrales que siempre han gustado. La habilidad de Sauvajon está en cómo mantiene el interés del público llevándolo, como un péndulo, de la situacuón cómica, casi hilarante, al melodrama de buen gusto y hasta al pasaje sentimental. Para mi gusto las escenas de verdadero autor son aquellas en que dialogan María Varescot (Marilú Elízaga) y el inspector Bertier (Francisco Jambrina). La presencia de Jambrina al lado de Marilú Elízaga hace subir de modo palpable e instantáneo la calidad no sólo del espectáculo.

     Escándalo nocturno está dividida en dos largos actos, que deben desarrollarse en dos distintos escenarios. Para mayor comodidad de público y de actores, la acción se desarrolló en un solo escenario, muy bellamente presentado y construido por Antonio López Mancera. La acción muy complicada se facilita porque el escenario viene a ser una isla rodeada de puertas por todas partes que permite el fácil y aun lógico movimiento de entradas y salidas de los actores. Con su pericia, habilidad maestra y buen gusto, dirigió y movió Salvador Novo Escándalo nocturno; con acuciosidad de relojero suizo. Todo, acción, suspenso, actores y de éstos los ademanes, los gestos, el más insignificante movimiento, en fin, funciona como un preciso mecanismo de relojería. Este exceso de precisión, de acuciosidad en todo cuanto ocurre la noche fatal en que fue asesinado Varescot, jefe de una familia extraña y absurda, no perjudica, en general, el conjunto de la interpretación. Algunos actores nos parecieron demasiado fríos por exceso de memorización del texto y de los movimientos (la noche del estreno, naturalmente). La excepción es Jambrina, que desde que aparece y dialoga con Marilú Elízaga y se convierte en eje y solución de la comedia, está en actor que sin dejar de obedecer al director, actúa con naturalidad, conciencia propia y esa difícil facilidad que da el pisar firme y seguro el escenario.
     Marilú Elízaga como María Varescot habla y actúa con desenvoltura y talento. Realiza un personaje distinto a los que le han permitido escalar un puesto cumbreño sin más antecedentes que su inteligencia, su afición y su estudio. En las escenas al lado de Jambrina, aquéllas en las que cruza un leve aire sentimental y aun dramático, revela que se halla en pleno ascenso. Se presentó actuando en español el excelente actor francés Xavier Massé, muy en tipo, haciendo gala de clara dicción, y desenvolviéndose con singular dominio. El resto del reparto -Neri Ornelas, Mario Delmar, Rosa María Moreno, Ada Carrasco, Virginia Gutiérrez, Estela Matute (la voz de Manolo Nogales)- actúo como brillantes piezas de ajedrez dóciles a la mano -y al ingenio- del excelente director que desde hace años es Salvador Novo.