FICHA TÉCNICA



Título obra Proceso a los inocentes

Autoría Carlos Terrón

Notas de autoría Carlos Arienti / traducción

Dirección Salvador Novo

Elenco Virginia Gutiérrez, María Teresa Rivas, Carlos Agosti, Agustín Sauret, José Luis López

Escenografía Antonio López Mancera

Espacios teatrales Teatro La Capilla

Referencia Armando de Maria y Campos, “Dos estrenos y dos contestaciones”, en Novedades, 12 noviembre 1955.




Título obra La compradora

Autoría Steve Passeur

Notas de autoría Celestino Gorostiza / traducción

Dirección Xavier Rojas

Elenco Emperatriz Carvajal, Francisco Muller, Patricia de Morelos, Norma Lazareno, Germán Robles, José Mora, Oscar Peña, Margarita Herman, Carlos Andreu

Escenografía Jovellanos

Espacios teatrales Teatro El Caracol

Referencia Armando de Maria y Campos, “Dos estrenos y dos contestaciones”, en Novedades, 12 noviembre 1955.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Crítica teatral de Armando de Maria y Campos: Proceso a los inocentes; La compradora

Dos estrenos y dos contestaciones

Armando de Maria y Campos

    El teatro de La Capilla, de Coyoacán, reanudó su temporada oficial, con el estreno de Proceso a los inocentes, drama de Carlos Terrón, traducción de Carlos Arienti, que subió a escena la noche del 22 de octubre próximo pasado con la dirección de Salvador Novo y escenarios de Antonio López Mancera.
     El animador sin par por su entusiasmo que es Salvador Novo eligió esta obra como un ejemplo del teatro italiano de la posguerra. Para quienes no ignoran la caudalosa producción literaria que en novelas, teatro y cuentos ha inspirado la sociedad italiana producto de la conflagración bélica de la que fue, al final de cuentas, víctima, Proceso a los inocentes es una pieza típica, novedosa aparentemente, pero en realidad tan vieja como la tragedia griega, en la que halla antecedentes indudables. Este suceso tremendo que tanto escandaliza al público contemporáneo es, apenas, un leve huracán al lado de la tempestad de pasiones que hace vibrar hasta las raíces los árboles frondosos de las más intensas tragedias griegas. Todo lo que ocurre entre madre e hijos, o entre aventureros del amor en la obra de Carlos Terrón, a quien en Italia llaman autor de la crueldad, es lógico y hasta natural dentro de una sociedad que se desintegra después de una convulsión espantosa o que se integra con elementos que han podido sobrevivir al derrumbe. Es indudable que Terrón presenta, plantea y trata de resolver, y no resuelve al fin, porque hay sucesos que no tienen remedio, un caso atrevido y hasta repulsivo. Pero como ése, abundan en los repertorios clásicos, románticos o modernos. Es verdad que sus personajes sostienen diálogos candentes que queman y levantan ámpula, pero también lo es que cuanto dicen, con el único defecto de abusar del discurso, está cargado de dolor y lo que es más triste y conmovedor, de verdad. Que nadie se asuste, porque las cosas más espantosas suceden y, naturalmente se narran, en los mejores dramas griegos y, más cerca de nosotros, en tantos y tantos de Shakespeare...
     En cuanto a la forma en que Terrón presenta el suceso de este grupo de inocentes tan culpables, no es perfecta ni mucho menos. Muy teatral, con aire evidente de melodrama el primer acto; los dos restantes se hablan en vez de que ocurran más cosas o sucesos de los previstos. Con todo, es una obra tan típica como tópica, y siempre interesante. La
    

interpretación es, en términos generales, excelente. Sobria, severa y hasta un poco agresiva como corresponde al tema y a la antipatía natural que provocan los personajes, todos protagonistas, hasta el criado celestino y misterioso están dignos. La mejor interpretación me parece a mí que es la de Virginia Gutiérrez, pero no menos estimable es la de María Teresa Rivas en el odioso personaje de la madre ardiente y viciosa. No acaba de gustarme el nuevo galán hispano Carlos Agosti, y espero impaciente su próxima actuación para entender mejor su calidad de actor. Agustín Sauret, que fue excelente alumno de la Academia Dramática del INBA, vuelve ahora y con un personaje difícil, y se le nota desentrenado. José Luis López en el criado enterado y casi erudito, cumple a satisfacción. La dirección de Novo dominando en toda la obra las difíciles situaciones que plantea la comedia principalmente por sus largos parlamentos, y la escena, ideada y resuelta por Antonio López Mancera, con la responsabilidad que es característica del teatro de La Capilla.
     El otro estreno que registra esta crónica lo es sólo si se tiene en cuenta que está dedicado a la nueva generación de espectadores que ha visto nacer el auge teatral que gozamos. La compradora, comedia en tres actos de Steve Passeur, según traducción de Celestino Gorostiza, que ha renovado el cartel del teatro El Caracol, fue representada hace poco más de tres lustros por la eminente actriz mexicana María Tereza Montoya. Fue durante una temporada con obras audaces, que ahora estamos considerando como morbosas. Se trata de una comedia convencional de un actor que sabe construir teatro. Todo en ella es falso, como las casas de cartón, pero está tan bien construida la trama, que a ratos arrastra el ánimo como si estuviéramos contemplando un suceso de verdad. Bien hecha, como ahora recuerdo que se la vimos a María Tereza y su compañía, resulta apasionante o, por lo menos, así lo creímos hace quince años. Ahora interesa nada más y a ratos conmueve, y sería más efectiva si los personajes centrales -Isabel, la compradora y Gilberto, el marido comprado- estuvieran más en tipo y provocaran con mayor eficacia los contrastes en presencia física y en profundidad de pasiones. Como la hemos visto, muy estimablemente interpretada por cierto, La compradora se queda en una pieza dramática

-el drama corre íntimo y no se atreve a mostrarse en las escenas- que agarra la atención del espectador, no obstante la artificiosidad de su construcción, y que al final no defrauda, particularmente por la escena última, cargada de sorpresa y de verdad, que le halló el director Aceves.
     La interpretación de conjunto está a cargo de Emperatriz Carvajal, Francisco Muller, Patricia de Morelos, Norma Lazareno, Germán Robles, José Mora, Oscar Peña, Margarita Herman y Carlos Andreu. Merece un entusiasta elogio el decorador Jovellanos por su magnífica escenografía, a todo foro y del mejor gusto.

    El señor Álvaro Muñoz Custodio envió a esta redacción una larga carta con el pretexto de aclarar algunos aspectos de la crónica que dediqué al estreno de Un adulterio exquisito, del joven autor Jorge Ibargüengoitia,* pero en ella volcó desahogos personales. Me limité a juzgarlo como director, no de los mejores por cierto, y a eso se reducirán mis relaciones con él en lo futuro.
     El licenciado Adolfo Fernández Bustamente, jefe de la Oficina de Espectáculos del Departamento del Distrito Federal, envió, también, otra carta; aclarando que su oficina no había hecho un previo resello en el ejemplar de la pieza Conflicto entre mujeres de Carmen Montejo, que provocara reciente escándalo por causas conocidas. Respondo asegurando que el actor y administrador de la sala Chopin, Enrique Indiano, me mostró la noche del estreno un ejemplar con sellos, que me dijo correspondía al Departamento de Espectáculos, sin que escapara hoja alguna, declarándome que un inspector pretendía imponerles multa porque las actrices, o alguna de ellas, no se habían atenido al ejemplar sellado y autorizado. Eso es todo.**

* Se refiere a la crónica publicada el 1 de noviembre de 1955.

** La crónica referida es la del 4 de noviembre de 1955, pero tal parece que en ésta del día 12 el autor confunde el título de la obra, que sería Pas de quatre o Mujeres calumniadas; o quizá la confusión fue del citado Adolfo Fernández Bustamante.