FICHA TÉCNICA



Título obra Después nada

Autoría Carlos Ancira

Dirección Carlos Enrique Taboada

Elenco Carlos Ancira, Virginia Gutiérrez

Espacios teatrales Teatro La Capilla

Referencia Armando de Maria y Campos, “Estreno de dos comedias mexicanas y reaparición en México de Roberto Soto”, en Novedades, 14 septiembre 1955.




Título obra El Plan de Iguala

Notas de título La Edad Media (título original)

Autoría Rafael Solana

Dirección Cipriano Rivas Cherif

Elenco Roberto Soto, Pilar Sen, Enrique Díaz Indiano, Emilia Carranza, Eduardo MacGregor

Grupos y compañíasEmpresa Altas Comedias

Notas de grupos y compañías Aquiles Elorduy / empresario

Espacios teatrales Teatro Sullivan

Referencia Armando de Maria y Campos, “Estreno de dos comedias mexicanas y reaparición en México de Roberto Soto”, en Novedades, 14 septiembre 1955.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Crítica teatral de Armando de Maria y Campos: Después nada; El Plan de Iguala

Estreno de dos comedias mexicanas y reaparición en México de Roberto Soto

Armando de Maria y Campos

    La semana teatral ha estado cargada de novedades. Un verdadero chubasco de espectáculos nuevos amenazó dejar sin respiro a los cronistas profesionales. Después de una sequía de obras nuevas o de espectáculos distintos de una semana, de pronto comienza a llover tupido. El miércoles hubo estreno en La Capilla, de Coyoacán, de la comedia Después nada de Carlos Ancira. Y el jueves registramos nada menos que tres estrenos en otros tantos teatros. En el Sullivan, El Plan de Iguala de Rafael Solana; Jaque al rey, comedia de origen europeo, en El Caballito, y en el nuevo Ideal presentación de una compañía de revistas con el espectáculo -que se anuncia costó medio millón de pesos- Noticiero musical 1955, sin que se sepa antes a qué arreglos musicales hechos por un señor Francisco Argote se refiere la propaganda, ni si el espectáculo cuenta con un libreto por modesto que sea; fiado todo él a la juventud y la belleza de Ana Berta Lepe y Ana Luisa Peluffo, dos vedettes primerizas.
     De Después nada poco hay que decir, porque se trata de una comedia mexicana no sólo juzgada a su tiempo, sino hasta premiada como la mejor en el concurso de grupos experimentales con obras de autores mexicanos desarrollado en el Palacio de Bellas Artes, bajo la organización del INBA, en 1954. Después nada resultó ser la mejor entre lo mejor entre la docena y media de piezas presentadas a aquel concurso. Aisladamente es nada más que una comedia estimable, de principiante, y con los naturales defectos y titubeos de toda pieza primeriza. Abunda en monólogos, repite escenas y no acaba de apoderarse del interés del público desde que el espectador, apenas iniciada la anécdota, sabe cómo va a concluir todo. La sorpresa está en que el actor, viejo actor, arrinconado por los talentos y el ímpetu juvenil de su hijo también comediante, prefiere matarse a rumiar el fracaso de su técnica anticuada y reconocer los méritos de su vástago.
     Presentó y representó la comedia del joven autor Ancira, actor también como se sabe, un modesto grupo de compañeros de farándula entre los que figuran el director y actor Julio Taboada, con la circunstancia de que también fue premiado en 1954, como el mejor actor entre los que se presentaron en aquel concurso. El laureado actor estuvo esta vez más seguro que cuando representó este personaje por primera vez, y más empeñoso si cabe que entonces. De los actores que representaron la obra en el citado concurso, compareció únicamente la bella y discreta actriz Virginia Gutiérrez.
    

 

     Cumplió a satisfacción, aunque debemos reconocer que su juventud, a pesar de la caracterización, no dio el tipo en la edad que éste requería. Dos jóvenes actores cubrieron los personajes de Jaime Borja y Rita -en la obra Hamlet y Ofelia- y también cumplieron con empeño y discreción. Los otros actores están aún inmaduros, pero en general no desentonaron. La dirección, a cargo del nuevo y joven director Carlos Enrique Taboada, no se pierde de vista. A ratos parece demasiado lenta, pero tal vez se deba a la poca acción de la comedia, que, particularmente en el segundo acto, es monótona por la repetición de algunas escenas. La presentación es modesta y apropiada.
     Al día siguiente, a la misma hora, ocurrió el suceso que acaparó la atención de los cronistas el jueves último. La reaparición del viejo y querido actor Roberto Soto, quien retirado desde hace cuatro años en Mexicali, trabajando en un rancho, vuelve a México para decirle adiós oficial y definitivo a su carrera de actor. Aprovechó la invitación de venir a interpretar el protagonista de una nueva comedia del fecundo autor Rafael Solana, titulada El Plan de Iguala. Fue cariñosamente recibido, y a muchos nos recordó sus mejores épocas, cuando sostenía con su poliédrica personalidad de auténtico cómico, largas y variadas temporadas revisteriles ya en el Principal, ya en el Colón, o en el Arbeu, o hasta en el María Guerrero, y en el Lírico, principalmente. Accidentalmente cambia de género al presentarse con esta comedia, pero en verdad él no ha cambiado nada. Es el mismo de sus mejores años en el Lírico, y es natural que no podría cambiar de la noche a la mañana que ha durado cuatro años de retraimiento escénico. La verdad es que no hay personaje en el tipo que a creer lo que se dice será el último que interprete en su larga carrera de cuarenta años de teatro.
     Y no hay personaje porque, sencillamente, no hay obra. Mejor dicho, es muy poca esta obra de Solana para Soto, para Pardavé o para cualquier otro gran actor de verdad. Desde luego Soto lo hizo en su género, es decir, como actor de género chico, y en ese aspecto lo hizo bien y en ocasiones hasta logró hacer reír, y al final, que lo aplaudieran.
     Decía que es poca obra la comedia cómica de Solana. El mismo lo reconoce así cuando se ha visto obligado a declarar: "No creo que sea una gran obra, pero me bastará con que resulte una obra entretenida. Creo que el teatro mexicano necesita un autor cómico y hay muy pocos.

   Por eso he escogido yo este género..." Pero, ahora resulta que el empresario de esta temporada, el también autor don Aquiles Elorduy, metió mano en esta comedia. Lo sabemos por el propio Solana. Elorduy opinó que la comedia debería presentarse absolutamente blanca, y Solana "acató las correcciones que fueron hechas a su obra, pensando que por muy mala tendría que ser una faena si se desluciera solamente por un desarme; si la comedia tiene gracia y chispa -dice Solana- se reirá la gente a pesar de la encalada que le dio don Aquiles; si no la tiene, de todos modos no habría gustado aunque se quedara exactamente tal como salió de las manos de su padre".
     El Plan de Iguala, que antes se llamaba La Edad Media, y que nada tiene que ver, por supuesto, con el que dio a México independencia política, está escrita con desenfado, pero como abunda en larguísimos parlamentos, sus diálogos se desarrollan con el pie forzado de una gracia muy rebuscada y su acción no es viva, ni apasionante, el cabrilleo de gracia de sus chistes naufraga en un argumento tan convencional y anticuado, que acaba por descorazonar al espectador. La interpretación, aparte de la novedad que representa la reaparición de Soto, es muy estimable en general. Como no hay personajes, todo queda bocetado en caricatura... Lo mejor de la interpretación está a cargo de Pilar Sen, que hace una paralítica y a veces representa el sentido común en la comedia, y cumple desahogadamente, lo mismo que Díaz Indiano. La linda damita Emilia Carranza se muestra muy adelantada, y cumple también airosamente el galán Eduardo MacGregor. La dirección de Cipriano Rivas Cherif está muy decorosa. Por cierto, preferimos a don Cipriano como director que como actor.